Hombres de Negro

“Viajé a lo Fantástico y encontré la respuesta”, declaró Albert Bender, director del International Flying Saucer Bureau, organización amateur dedicada a los OVNIS, del estado norteamericano de Connecticut. “Sé qué son los platillos voladores.” Desgraciadamente, el resto del mundo no se ha enterado, ya que a Bender se le impidió comunicar su descubrimiento al mundo. Como otros, recibió la visita de tres siniestros hombres vestidos de negro que consiguieron amedrentarle.

Bender tenía la intención de publicar sus decisivos descubrimientos en su propia revista, Space Review. Pero antes de hacerlo le pareció que debía exponer sus ideas a un colega. Le envió pues su articulo por correo y, pocos días después, llegaron los hombres.

Albert Bender, investigador que dijo saber el origen y propósito verdadero de los ovnis pero no pudo hacer publico su descubrimiento por causa de los Hombres de Negro.

Bender, que se había echado un momento en su cama porque no se encontraba muy bien, notó la presencia de “tres figuras oscuras” en la habitación. Las figuras se volvieron más claras. Todas vestían ropas oscuras. Parecían clérigos, pero llevaban sombreros de tipo Homburg. Era difícil distinguir sus caras porque los sombreros las ocultaban parcialmente y las sombreaban. La sensación de miedo desapareció… Súbitamente, los ojos de las tres figuras se iluminaron como linternas eléctricas concentrándose en mi. Parecían quemarme el alma y el dolor que sentía sobre los ojos se volvió casi insoportable. Entonces sentí que en aquel momento me estaban transmitiendo un mensaje por telepatíať.

Sus visitantes confirmaron que Bender tenía razón en sus suposiciones acerca de la verdadera naturaleza de los OVNIS -uno de ellos llevaba consigo el informe de Bender- y le proporcionaron información adicional. Esto le aterrorizó tanto que se sintió muy dispuesto a aceptar sus exigencias de que cerrara su organización y dejara de publicar su revista. Se le dijo que no debía decir la verdad a nadie “por su honor de ciudadano americano”.

żPretendería Bender que alguien crea su historia? Sus amigos y colegas quedaron atónitos; uno de ellos, Gray Barker, publicó un libro sensacionalista, They knew too much about flying saucers (Sabían demasiado sobre los platillos voladores), y el mismo Bender proporcionó una versión aún más extrańa en su Flying Saucers and the Three Men (Platillos volantes y los tres hombres), publicado unos ańos después, en respuesta a los insistentes pedidos de sus ex-colegas. En él relataba una descabellada historia acerca de naves espaciales con bases en la Antártida, teoría que figura entre las más rebuscadas que se han dedicado a este tema. Se ha sugerido que la inverosimilitud de la historia de Bender se proponía despistar a los investigadores serios de OVNIS.

Créase o no, la versión original de la visita de los tres desconocidos presenta un enorme interés para los investigadores de OVNIS, por que existen muchos informes similares, provenientes a veces de personas que difícilmente pueden haberse enterado de la experiencia de Bender. Tanto quienes ven OVNIS como quienes los investigan pueden ser visitados por hombres de negro (HDN) y aunque la mayoría de los informes provienen de los Estados Unidos, hay otros que llegaron de Suecia, Italia, Gran Bretańa y México. Por otra parte, las visitas de los HDN se han venido produciendo durante tres décadas, al igual que las oleadas más importantes del fenómeno OVNI, y bien pueden haber tenido precursores en siglos anteriores.

Como la historia de Bender, la mayoría de los informes posteriores no sólo contienen detalles poco posibles, sino que son auténticamente ilógicos; prácticamente en todos los casos parecen existir más razones para descreer que para creer. Pero esto no elimina el misterio; simplemente exige que lo estudiemos desde otra perspectiva. Porque, hayan sucedido o no estas cosas, el hecho es que alguien informó acerca de ellas y, żpor qué tanta gente iba a relatar estas extrańas y siniestras visitas, de forma independiente y, con frecuencia, de mala gana? żY por qué sus relatos se parecen tanto entre si, y contribuyen de este modo a confirmar unas pautas persistentes que caracterizan uno de los mitos -o realidades- más poderosos de nuestro tiempo?

El estereotipo del Mito
El informe típico sobre HDN es más o menos como sigue: poco después de haber observado un OVNI, el sujeto (que puede ser un testigo o un investigador) recibe una visita. Con frecuencia, esto ocurre tan pronto que todavía no se ha producido un informe oficial ni una publicación. Para abreviar, los visitantes no pueden haber obtenido de forma normal la información que sin duda poseen: nombres, direcciones, detalles acerca del incidente y de la gente implicada.

La víctima está, casi siempre, sola en el momento de la visita, generalmente en su propia casa. Sus visitantes, que suelen ser tres, llegan en un gran coche negro. En Estados Unidos suele ser un prestigioso Cadillac, pero pocas veces de un modelo reciente. Al mismo tiempo, aunque se trata de un automóvil antiguo, lo más frecuente es que esté en perfectas condiciones, que esté escrupulosamente limpio por dentro y reluciente por fuera, y que presente incluso el inconfundible olor a “coche nuevo”. Si el sujeto anota el número de matrícula y lo investiga, descubre siempre que se trata de un número inexistente.
Los visitantes son casi siempre hombres; muy raramente aparece una mujer, pero nunca más de una. Su aspecto se ajusta a la imagen estereotipada de un agente de la CIA o de los servicios secretos: llevan trajes oscuros, sombreros oscuros, corbatas oscuras, zapatos y calcetines oscuros, pero camisas blancas; los testigos comentan a menudo su aspecto impecable… toda la ropa que llevan parece recién comprada.
Las caras de los visitantes son descritas como vagamente extranjeras, casi siempre “orientales”; muchas descripciones hablan de ojos almendrados. Cuando su piel no es oscura, tienden a estar muy tostados. A veces aparecen toques extrańos; en el caso del doctor Hopkins, que relataremos más adelante, el hombre de negro Ąparecía llevar los labios pintados de rojo! Los HDN tienen en general rostros serios y carentes de expresión; sus movimientos son rígidos y torpes. Su actitud es formal, fría, siniestra, casi amenazadora; nunca son simpáticos, aunque tampoco demuestran hostilidad. Los testigos han sugerido muchas veces que no parecían humanos.

Algunos HDN exhiben documentos de identidad y, por cierto, han aparecido llevando uniformes de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos u otros uniformes. Pueden mostrar tarjetas de identidad, pero como la mayor parte de la gente no reconoce las tarjetas de la CIA u otros servicios “secretos”, eso no demuestra nada. Si dan sus nombres y el testigo trata de confirmarlos, descubre invariablemente que son falsos.

La entrevista incluye a veces un interrogatorio y, otras, una simple advertencia. De todos modos, los visitantes, aunque hacen preguntas, están muy bien informados y tienen acceso a informaciones secretas. Hablan con frases y entonación perfectas -a veces, demasiado perfectas- y su lenguaje suele tener reminiscencias del de los “malos” convencionales de las películas policíacas: “ĄCaramba, seńor Fulano; me temo que no me está diciendo la verdad!”, “Seńor Mengano. yo que usted no enviaría ese informe”, amenazas corteses que tanto gustaban a los guionistas de Hollywood.

La visita termina casi invariablemente con una advertencia sobre la necesidad de no hablar con nadie del incidente (si se trata de un testigo) o de abandonar la investigación (si se trata únicamente de un investigador). A menudo se le amenaza con actos violentos. Y los HDN desaparecen tan súbitamente como habían llegado.

La mayor parte de los ufólogos de los OVNIS narrarían una historia como la precedente si se les pidiera que describieran una típica visita de HDN. Sin embargo, un examen comparativo indica que visitas tan “perfectas” ocurren pocas veces. Un estudio de 32 de los casos más detallados y fiables revela que muchos rasgos difieren de la historia arquetípica: en cuatro casos no se produjeron visitas, sino llamadas telefónicas, y, de los restantes, en cinco ocasiones había tres hombres, en dos había cuatro, en cinco había dos y en los demás un solo visitante.
Aunque el aspecto y la conducta de los visitantes se adapta en general al prototipo, varían de lo totalmente natural a lo totalmente estrafalario. El coche, pese a que en Estado Unidos es el medio de transporte más común, sólo es mencionado en un tercio de los informes; en cuanto a los detalles pintorescos -el Cadillac, el modelo anticuado, en perfecto estado- son más bien la excepción. De 22 informes norteamericanos, sólo 9 mencionan el coche; de éstos sólo tres eran Cadillac, sólo dos negros y sólo dos modelos antiguos.

Por otra parte, estos detalles arquetípicos tienden a ser más notorios en casos menos fiables, particularmente aquellos protagonizados por investigadores y no por quienes han visto un OVNI. Este hecho será relevante cuando consideremos las posibles explicaciones del fenómeno HDN.

Sin embargo, aunque el caso “ideal” de HDN no es universal en la práctica, tiene valor como una especie de retrato-robot, en el que figuran todos los rasgos que han sido observados. Quizás el caso que más se acerca al arquetipo sea el de Robert Richardson, de Toledo (Ohio), quien en julio de 1967 informó a la Aerial Phenomena Research Organization (Organización de investigación de Fenómenos Aéreos, APRO), que había chocado con un OVNI mientras conducía por la noche. Al salir de una curva, se había enfrentado con un extrańo objeto que bloqueaba el camino; no había podido frenar a tiempo y lo había golpeado, aunque no con mucha fuerza. Justo después del impacto, el OVNI desapareció. Los policías que volvieron con Richardson al lugar sólo hallaron las marcas de su frenazo, pero en una visita posterior encontró un trocito de metal que, según él, podría provenir del OVNI.

Tres días después, a las 11 de la noche, dos hombres de algo más de veinte ańos aparecieron en casa de Richardson y le interrogaron unos 10 minutos. No se identificaron, y Richardson -que después se sorprendió al recordarlo- no les preguntó quiénes eran. No estuvieron hostiles ni amenazadores; se limitaron a interrogarle. Observó que se marchaban en un Cadillac negro de 1953, o sea un modelo fabricado 14 ańos antes; cuando se investigó el número de la matrícula se descubrió que aún no había sido atribuido, lo cual demostraba que, fuesen cuales fuesen sus visitantes, se trataba de impostores.

Una semana después, Richardson recibió una segunda visita de dos hombres diferentes que llegaron en un Dodge moderno. Llevaban trajes negros y tenían la tez oscura; aunque uno de ellos hablaba perfectamente el inglés, el segundo tenía acento, y Richardson pensó que los dos tenían algo de extranjero. Al principio parecían tratar de persuadirlo de que no había chocado con nada, pero después le reclamaron el trozo de metal. Cuando les dijo que lo había entregado a la APRO para su análisis, lo amenazaron: “Si quiere que su esposa siga siendo bonita, le conviene recuperar el trozo de metal.”

La existencia de ese fragmento de metal sólo la conocían Richardson, su esposa y dos socios importantes de la APRO; aparentemente, los dos desconocidos sólo podían haberse enterado de su existencia poniendo una escucha en su teléfono o en el de la APRO. No había una vinculación clara entre los dos pares de visitantes pero ambos compartían el acceso a informaciones que no eran del dominio público. Y quizás esa sea la clave del misterio que encierran los HDN.

Ovnis y el subconsiente

Los Objetos Voladores no identificados fascinaban a Carl Gustav Jung, creador de la teoría del “inconsciente colectivo”, hasta el punto que en 1959 les dedicó un librito: Platillos volantes.

Jung, pionero del psicoanálisis, basé buena parte de su trabajo en el concepto de los arquetipos: símbolos cargados de significado, motivos o figuras que representan lo mismo para toda la humanidad. Estos símbolos pueden aflorar espontáneamente desde las profundidades del inconsciente, manifestándose en cualquier creación humana y evocando respuestas żemocionales e imaginativas muy poderosas. Para entender su naturaleza y sus implicaciones, Jung reunió una asombrosa cantidad de paralelos provenientes de las zonas de la actividad humana en que domina lo no-racional: la religión, la mitología, los rituales antiguos y primitivos, los sistemas ocultistas como la astrología y la alquimia, etc. Al mismo tiempo, para probar que esos arquetipos estaban muy presentes en el psiquismo del hombre moderno, mostró cómo surgían una y otra vez en los sueńos de sus pacientes, así como en el arte, el folklore y los mitos populares del siglo XX.

La hija de un psiquiatra amigo suyo, por ejemplo, tuvo un sueńo en que aparecía un monstruo semejante a una serpiente con cuernos; Jung la identificó como un monstruo de iguales características al que se refiere la literatura alquímica del siglo XVI La nińa tomaba ésta y otras imágenes de su sueńo -según Jung- de las “bibliotecas” de símbolos, abiertas a toda la humanidad, a lo largo de la historia, por mediación del inconsciente colectivo.

Jung creía que una de esas imágenes arquetípicas era el disco; los OVNIS constituirían una variante moderna de dicha imagen. La gente cree que ve OVNIS, tal como ha creído en otras visiones “no patológicas”, como los ángeles de Mons. Muchos soldados dijeron haber visto estas apariciones durante la lucha que acompańó la retirada británica de Mons, en 1914. Esta comparación resulta reveladora, ya que, aunque fueran imaginarios, los ángeles guerreros eran reales en las mentes de los soldados, a causa de la alteración emocional que los horrores de la guerra les habían causado. La gente que es presa de semejantes emociones, dice Jung, tiende a ver visiones colectivas. Y esas visiones son proyecciones -palabra clave- que toman la forma de una respuesta a sus necesidades emocionales.

Carl Jung trató de explicar el origen psicológico de los ovnis.

En pocas palabras y, para simplificar: el hombre moderno va “buscando un alma”. Y esa búsqueda, con todas las tensiones que la acompańan, con el terror y la desesperación, lleva con frecuencia a proyecciones colectivas.., cuyo resultado son visiones, rumores, pánicos masivos, creencias exóticas. En ellas, Jung adivina el proceso de formación de un mito. (El subtítulo de la obra Platillos volantes es “Un mito moderno de cosas que se ven en el cielo”). En el centro de los mitos aparecen siempre los arquetipos, que proporcionan el motivo y la forma esenciales.

Así pues, Jung sugiere que los OVNIS son una proyección mítica. De hecho, bien podrían ser los heraldos de alguna convulsión de gran alcance que se está preparando en la psique colectiva de la humanidad. Hay quien considera que esta convulsión se ve prefigurada por la pasión actual de Occidente por el ocultismo; otros creen que se trata de la expansión mundial del comunismo; pero también puede ser algo que nadie ha imaginado aún. Esas transformaciones siempre han venido acompańadas, a lo largo de la historia, por la aparición, en religión, arte y literatura, de los arquetipos más poderosos y dominantes.

Los discos o platillos voladores son, desde el punto de vista de Jung, versiones modernas del que quizá sea el mito más poderoso de todos, el que Jung denominó “mandala”, palabra de origen sánscrito. El arte y la religión hindúes están llenos de mandalas. Pero éstos aparecen en todas partes: desde el arte infantil moderno hasta los antiguos círculos de piedras erguidas, desde el anillo que se usa en el solemne ritual del matrimonio de las iglesias cristianas hasta los círculos del infierno de Dante y los garabatos distraídos de los oficinistas preocupados. El mandala consiste, básicamente, en un circulo, aunque sus variaciones son innumerables. Simplificando, se podría decir que significa la busca de la realización, la culminación, la totalidad.

Esto nos trae bruscamente de nuevo al desorientado hombre moderno. Vivimos en un mundo “disociado”, dividido como la mente de un esquizofrénico, con poca o ninguna comunicación entre las partes. Exteriormente, está dividido en dos bloques internacionales que se desafían; paralelamente, la tecnología, cada vez más avanzada, nos amenaza con un holocausto inminente. Los impulsos más oscuros e irracionales de la naturaleza humana, que habían sido rechazados por la razón y que parecían definitivamente vencidos en los siglos XVIII y XIX han regresado -y triunfado- en el siglo XX.

Interiormente también estamos divididos. La ciencia y los valores materialistas nos han proporcionado un elevado nivel de vida, pero han devaluado todas las áreas de lo irracional: las emociones, los instintos, la imaginación, los impulsos religiosos.
Jung no pretende que su visión de un mundo enfermo sea original. Lo que le interesa es el efecto que la disociación provoca: causa tensiones, enfermedades, deformaciones monstruosas. De modo que la mente disociada grita pidiendo la reconstitución de un equilibrio sano y armonioso entre sus partes… es decir, la totalidad. Y a causa de ese deseo inconsciente, el desdichado hombre moderno, hambriento de espiritualidad, proyecta mandalas en todas partes, hasta en el cielo.

Es éste un análisis fascinante. Jung halla mandalas en otras esferas, como los sueńos y el arte moderno. Pero tampoco renuncia a posibles explicaciones alternativas. Algunas observaciones de OVNIS, o algunos sueńos donde aparecen mandalas, presentan también elementos de simbología sexual. Sin embargo, como siempre, descarta secamente la tendencia freudiana a detenerse en la forma simbólica de órganos sexuales que adoptan las naves espaciales en nuestros sueńos. Para Jung son mucho más importantes los elementos distintivos del OVNI-mandala, que considera una variante del arquetipo más adecuado para nuestro tiempo. En esta edad tecnológica en que vivimos, żqué imagen puede simbolizar con mayor acierto una “totalidad restaurada” que una máquina misteriosa, un trozo de ingeniería celestial?

Por otra parte, el aspecto “celestial” de la proyección OVNI es también esencial en el análisis de Jung. Le llamaban particularmente la atención la conducta “poco natural” y las pautas de vuelo de los OVNIS. Con frecuencia la visita del OVNI se interpretaba como prueba de la existencia de extraterrestres avanzados, seres celestiales superpoderosos y amistosos que nos observan, y que se preocupan por las actividades autodestructivas del hombre en el planeta Tierra. Jung también notó que en alguna de esas historias el deseo de alcanzar la totalidad había tomado la forma, más precisa y personalizada, de desear un salvador, un ser más que humano que descendería a ayudarnos a encontrar el alivio y la curación que no podemos hallar por nosotros mismos.

En esta parte de su análisis, Jung hace una importante aclaración: a lo largo de la historia siempre se han visto “cosas que se movían por el cielo”, mucho antes de que adoptaran el aspecto de misteriosas naves espaciales, escapadas de un mal relato de ciencia-ficción. Esferas volantes que se movían de forma extrańa, discos y globos aparecen con frecuencia en los anales de visiones extrańas y fenómenos inexplicables sucedidos en tiempos revueltos del pasado.

Una y otra vez, Jung subraya que lo importante no es que realmente haya algo en el cielo. Aunque existan los OVNIS, igualmente pueden ser considerados proyecciones, del mismo modo que proyectamos inconscientemente una intensa carga de simbolismo, con toda la fuerza de los arquetipos, en muchos objetos o individuos que nos rodean, como armas, joyas, artistas de cine o políticos.

En última instancia, Jung no descarta la posibilidad de que pueda existir una base física y objetiva.Las pantallas de radar y las cámaras no sueńan, ni padecen alucinaciones. Como él mismo dice: “O las proyecciones psíquicas pueden provocar ecos en el radar, o la aparición de objetos reales proporciona la oportunidad para proyecciones mitológicas”.

Eso, por supuesto, constituye una ironía; no creía que las proyecciones psíquicas afectaran al radar. Pero conviene subrayarlo, a causa del persistente impulso de los medios de comunicación y otros defensores del statu quo racionalista, que aprovechan todas las oportunidades para denunciar a Jung como una especie de charlatán crédulo y desorbitado, metido hasta la cintura en lo que Freud llamó desdeńosamente “el negro lodo del ocultismo”. Sus detractores han malentendido y desfigurado insistentemente las investigaciones de Jung acerca de la alquimia, la astrología y lo“irracional” en todas sus formas.

Como contrapartida, Jung siempre insistió en que hay que mantenerse abierto a una enorme cantidad de temas que, de algún modo, podrán contribuir a aumentar los conocimientos sobre el inconsciente humano. Con esta finalidad, registró y analizó la relevancia simbólica de los OVNIS. Pero también comprendió que, en los continuos informes sobre OVNIS y en los estudios que se hacían sobre ellos había un núcleo de datos “sólidos” que sólo podían concebirse si allá arriba había objetos reales, aunque fueran mal interpretados por quienes los veían.

Jung no se consideraba de ningún modo un profeta, sino un psicólogo, un observador científico. Pero la historia está llena de ejemplos en los que un hombre de ciencia, a partir de la observación y de los estudios objetivos, ha percibido “proféticamente” una verdad que sus contemporáneos ignoraban, por culpa de su ceguera intelectual. El punto de vista de Jung sobre los OVNIS, żserá ejemplo de ello?

Encuentros con humanoides

żSon los humanoides ocupantes de los OVNIS -y los propios OVNIS- simples imágenes proyectadas para que testigos sensibles las vean? Quizás estas proyecciones se propongan poner a prueba las reacciones de determinados testigos al control hipnótico. Y quizás solo los sujetos menos sensibles -los que experimentan un trance poco profundo- informan acerca de sus “encuentros”. Y, por supuesto, aquellos que no son sensibles al hipnotismo no tienen ningún encuentro del que informar.

Pero, para aquellos que son susceptibles a hipnosis -los sujetos de “trance profundo”– la historia puede ser muy diferente. Muchos testigos de OVNIS o de sus

ocupantes humanoides han sufrido “amnesias temporales” inexplicables. En los últimos ańos se han obtenido testimonios haciendo recordar estos “lapsus” a sujetos en trance profundo. Bajo hipnosis, revelan frecuentemente que sus mentes han sido manipuladas por quienquiera que controle los OVNIS, hasta el punto de haber sido “secuestrados” mentalmente, quizás con propósitos experimentales.

Encuentros en la cuarta fase
El secuestro físico o mental por OVNIS se denomina ahora “encuentro en la cuarta fase” (E 4), aunque no forma parte de la clasificación original de los encuentros del doctor JA. Hynek. La conexión entre los E 3 (o informes de “contactos”) y los siniestros E 4 puede verse claramente en los siguientes casos.

A las 11.30 de la noche, el 17 de marzo de 1978, el mecánico Ken Edwards, que volvía a casa después de una reunión sindical en Manchester, tomó una salida de la autopista. Esta salida está flanqueada, tiene terraplenes a ambos lados y pasa junto a una planta de energía atómica rodeada por un muro de seguridad de 3 metros de altura, que está construido encima de los terraplenes. Las luces largas permitieron a Ken ver una figura de dos metros de estaturaque bajaba por un terraplén. Se inclinaba hacia adelante al andar, manteniendo los brazos en la misma dirección, de modo que parecía imposible que pudiera mantener el equilibrio. Además, los brazos parecían salir de su pecho, no de sus hombros. El ser llevaba un traje plateado y un casco que sólo permitió a Ken distinguir dos ojos redondos.

Ken detuvo su furgoneta en el arcén y observó, alarmado, cómo la figura se detenía en medio del camino y, desde unos 4,50 m de distancia miraba hacia él. Dos rayos de luz, estrechos como lápices, se proyectaron desde los ojos de la figura y le alcanzaron. Después de un rato, la figura siguió avanzando hacia la parte izquierda de la carretera, subió por el terraplén, pasó a través del muro de seguridad y desapareció.

Ken declaró después que sintió “una especie de parálisis” mientras los rayos estuvieron enfocados hacia él. Cuando fue entrevistado por la Red de Investigadores de OVNIS (UFOIN), Ken agregó que todo el encuentro duró entre cuatro y cinco minutos y que tardó cinco minutos más en llegar a su casa. Sin embargo, su esposa estaba segurísima de que había llegado a casa a las 12.30 y no a las 11.40 como era de esperar. Hay un lapso de tiempo sin explicación. En este caso no se menciona ningún OVNI, pero no sería extrańo que hubiera habido alguno por los alrededores.

Otro encuentro terrorífico tuvo lugar en Belo Horizonte, Brasil. A las 7,30 de la tarde del 28 de agosto de 1963, tres nińos estaban en el jardín de su casa, jugando junto a un pozo. Vieron un objeto esférico que flotaba en el aire, a unos 5 metros sobre el jardín. Era transparente y estaba iluminado por dentro, de modo que pudieron ver a sus cuatro ocupantes, sentados en taburetes. Uno parecía manipular un panel de instrumentos y todos llevaban ropa parecida a la de los buceadores.

Uno de ellos salió por la parte inferior de la nave y descendió, inmóvil y erguido, entre dos haces de luz amarillenta. Andando con decisión y balanceando los brazos, el ser fue hacia ellos. Miró a los nińos con su único ojo, hizo algunos gestos con las manos, emitió extrańos sonidos y después se sentó en el brocal del pozo.

Uno de los nińos luchó contra la “parálisis” que sentía en presencia de la criatura y logró tomar un ladrillo. Instantáneamente, el ser emitió un rayo de luz, que salía de su parte central, hacia él y el ladrillo cayó de su mano. Después de hacer más gestos, la criatura se alejó y se elevó flotando por el rayo de luz hasta la nave; en ese momento se produjo un gran resplandor y la esfera se elevó por el cielo oscuro. Liberados súbitamente de su extrańa parálisis, los nińos corrieron hacia la casa llamando a gritos a su madre.

żHumanoide u holograma?
A eso de las 8.40 de la noche, el 7 de enero de 1974, un hombre de negocios belga conducía su coche cerca de Warneton, en la frontera con Francia, cuando de repente los faros se apagaron, el motor se detuvo y la radio enmudeció. Puso el freno de mano y vio en un campo, a unos 150 metros de distancia, un objeto “parecido al casco de un soldado inglés” apoyado sobre tres patas. Entonces, sintiendo un temor creciente, se dio cuenta de que dos extrańas figuras se acercaban a él. La más pequeńa, que se parecía mucho al hombrecillo de la publicidad de “Michelin”, llevaba un casco redondo, tenía ojos como canicas y un tajo en lugar de boca. La más alta llevaba una especie de uniforme, un cinturón con balas y un casco cúbico. Sus caras parecían idénticas. El ser más alto abrió la boca y el alarmado hombre de negocios sintió una conmoción en la nuca y oyó un sonido modulado. En ese momento, apareció otro coche a lo lejos. Los dos seres se volvieron al unísono y se dirigieron rígida pero ágilmente, haciendo movimientos idénticos y sin que el abundante barro los molestara, hacia su nave donde se reunieron con una tercera criatura similar. Todos entraron en el objeto; las piernas de la máquina desaparecieron, se elevó y se esfumó, justo en el momento en que el otro coche llegaba al lugar.

Si estos informes detallados y diferentes narran casos de proyecciones, żcómo las hacen? En un artículo publicado en la Flying Saucer Review en 1980, J.G. Adams consideraba algunos rasgos de otros informes sobre humanoides en los que éstos sólo eran parcialmente visibles y a los que se puede agregar el caso de Oscar Iriart, en Argentina, quien quedó intrigado al ver que los seres que encontró en 1968 tenían únicamente piernas transparentes. El seńor Adams hace una lista de seres que han sido vistos “de pie” en el aire, otros que se deslizaban sobre el suelo, los que aparecían rodeados por un halo y los que se desvanecieron o desaparecieron bruscamente. Todos esos fenómenos, dice, son rasgos típicos de los hologramas.

Técnicamente, tenemos la posibilidad de “proyectar en el espacio abierto un objeto que sea visualmente sólido” usando un rayo de luz -especialmente un rayo láser- y una lámina transparente que “contiene la imagen y no tiene porqué ser tan grande como la imagen resultante de la proyección…”. Anomalías tales como las imágenes parciales pueden ocurrir cuando el rayo es oscurecido. Los humanoides observados con tanta frecuencia, żserán producidos por una variante de la holografía que tiene la posibilidad de penetrar en la mente humana?

Secuestrados por extraterrestres
El 1ero de julio de 1965, el granjero Maurice Masse andaba por un vińedo contiguo a uno de sus campos de lavanda en Valensole, Basses Alpes, Francia, cuando vio en el campo un objeto que tenía la forma de un balón de rugby y el tamańo de un coche Dauphine. Cerca había dos seres pequeńos (descritos como “del tamańo y la complexión de un nińo de ocho ańos”) que estaban recogiendo flores de lavanda. Masse se dirigió hacia ellos sin vacilar, pero fue visto por una de las criaturas que lo apuntó con una “vara”; quedó inmóvil, “paralizado”. Cuando las criaturas volvieron a su nave lo hicieron “subiendo como burbujas por un haz luminoso”. El inmovilizado granjero los vio a través de las paredes transparentes de su máquina. Hubo un ruido sordo, las patas de la nave giraron, el objeto flotó, alejándose, y acabó desvaneciéndose a 20 metros de distancia.

Parece significativo que las características faciales de las criaturas de Valensole fueran similares a las de los seres que participaron en un clásico de E 4: el secuestro de Betty y Barney Hill en New Hampshire en 1961, para un “examen médico” y de los que secuestraron a António Villas Boas en Minas Gerais, Brasil, en 1957, para examinarlo y llevar a cabo experimentos sexuales.
A medida que disponemos de más informes, han empezado a surgir de ellos fascinantes parecidos y pautas de conducta humanoide, incluso en casos en que testigos no conocían las historias de otros contactos en otras partes del mundo.

Y ahora, consideremos un último caso que podría darnos algunas pistas acerca de lo que puede estar sucediendo.
A primera hora del 31 de mayo de 1974 una pareja joven, Peter y Frances, iba en coche desde Salisbury (en lo que entonces era Rhodesia) hacia Durban, en Sudáfrica, por el puente de Beit. Su coche, un Peugeot 404, fue escoltado por un objeto brillante desde cerca de Umvuma hasta las inmediaciones de Fort Victoria. Todas las luces desaparecieron, salvo un extrańo resplandor en la parte exterior del coche que, aparentemente, no era controlado por su conductor; hacía mucho frío; la radio siguió transmitiendo un programa de Lourenzo Marques mucho después de que su alcance normal hubiese sido sobrepasado. En Fort Victoria, cuando se detuvieron para poner gasolina, el OVNI se elevó y desapareció temporalmente. Reemprendieron la marcha a las 5.30 de la mańana. Ahora los escoltaban dos OVNIS: uno estaba exactamente encima de ellos.

El terreno seco familiar cambió súbitamente y apareció una vegetación tropical y pantanos; el camino se hizo más recto. Peter estaba en un estado semicomatoso; una fuerza ajena a él controlaba el coche. Frances se durmió a las 6.15 de la mańana. Despertó alrededor de las 7, cuando estaban a algo más de un kilómetro del puente Beit. Nuevamente, los OVNIS se elevaron mucho, como si obedecieran a una seńal.
Los funcionarios de la frontera rieron cuando vieron a la pareja envuelta en mantas en una estupenda mańana cálida. Cuando cruzaron el puente y fueron a poner gasolina en Sudáfrica descubrieron -atónitos- que el depósito seguía lleno. ĄEl coche no había consumido prácticamente nada en un viaje de 280 kilómetros!

Eso era todo lo que recordaban Peter y Frances de su extrańo viaje. Pero, seis meses después, inquietos todavía por su extrańa experiencia, se pusieron en contacto con el Natal Mercury de Durban, después de leer un articulo que trataba con comprensión de los testigos de un OVNI. Se llamó al investigador Carl van Vlierden quien, suponiendo que habían perdido la noción del tiempo, logró que un médico interrogara a Peter bajo hipnosis. El resultado fue un relato mucho más detallado del extraordinario encuentro.

De acuerdo con éste, cuando dejaron atrás Fort Victoria, el OVNI que estaba encima de ellos envió rayos de luz sobre el coche; usándolos y usando la radio lograron controlarlo. Colocaron pantallas a su alrededor y proyectaron en ellas escenas de vegetación tropical. El coche fue teleportado por encima del camino. Peter sintió lo que iba a ocurrir y luchó mentalmente contra la “invasión”. Ańadió que él y Frances fueron programados en el interior del coche y que su esposa se durmió a causa de la voz de “ellos”, que hablaba por la radio del coche.

Parece que Frances no es un sujeto capaz de caer en un trance profundo pero Peter si, y además posee facultades psíquicas. Bajo hipnosis, manifestó que ellos lo habían descubierto en sólo siete segundos.

Más preguntas que respuestas
Un ser bajó por el rayo de luz y se sentó junto a la dormida Frances; podía adoptar cualquier forma que deseara. Peter dijo que entonces le enseńaron el interior del OVNI, por medio del haz que lo unía al coche. También se le comunicaron muchos datos acerca de los extraterrestres, gran número de los cuales viven -según le dijeron- entre nosotros, en la Tierra. Nunca intervienen directamente en nuestros asuntos, pero son los que planean, los que in fluyen, los que persuaden.

El resto del mensaje es bastante incoherente. En su estado consciente normal, Peter parece un joven sensato y práctico, que no prestaría atención a semejantes tonterías. Pero sigue en pie el hecho de que, hipnotizado, cuenta una extraordinaria historia, según la cual pretende haber sido secuestrado por extraterrestres. żAcaso ha sido elegido por alguien, en algún sitio, porque es un sujeto de trance profundo?

Los humanoides, żserán simples proyecciones de mentes extraterrestres o son imágenes que ya están en el subconsciente de los testigos y son extraídas y devueltas a él de un modo más impresionante, como sugería C. Maxwell Cade? Quizá los testigos constituyan meros instrumentos…: sus mentes subconscientes crean imágenes increíblemente reales para que sus mentes conscientes las registren como encuentros.

Y, quién sabe, quizás el tan criticado George Adamski era un sujeto de trance profundo, cuya mente había sido manipulada, implantando en ella imágenes fantásticas que él creyó reales. żAcaso “ellos” tienen interés en crear mártires ufológicos?
Si alguien, en algún lugar, está programando las mentes de testigos selectos para que las historias que cuentan puedan ser confirmadas y enriquecidas bajo hipnosis, żquién es y por qué ha organizado esta manipulación? Quizás estas criaturas desconocidas son, realmente -y usando sus propias palabras- “los que planean, los que influyen, los que persuaden.”

Ovnis

“Volaban como platitos que se hubieran hecho rebotar sobre el agua.” Así describió Kenneth Arnoid, hombre de negocios y experimentado piloto norteamericano, los insólitos objetos voladores que había visto el 24 de junio de 1947, cuando sobrevolaba la costa Oeste de Estados Unidos. Los periodistas recogieron esta expresión y, desde entonces, el término de “platillo volante” se aplicaba al fenómeno de los Ovnis. Esta palabra constituye la abreviatura más común en castellano de la expresión Objetos Voladores No Identificados (en inglés suele abreviarse UFO: Unidentified Flying Object).

Este ridículo apelativo ha contribuido al recelo que demuestran los sabios “oficiales”. sólo algunos se han tomado la molestia de efectuar investigaciones sobre este curioso fenómeno, sin duda el más extrańo de nuestra época. Pero incluso el que sea “de nuestra época” se halla sujeto a controversias: mucha gente afirma, que los 0vnis han venido siguiendo a la humanidad desde el principio de su historia.

Hayan o no existido los Ovnis en el pasado, es innegable que las observaciones de 0vnis han proliferado de manera asombrosa durante los últimos treinta ańos. Este hecho parece estar relacionado con los primeros pasos del hombre en el campo de la exploración espacial, y dicha relación es sin duda un dato importante a la hora de intentar explicar el fenómeno de los Ovnis.

La estimación de la cifra total de las observaciones de Ovnis varía en unas proporciones tan considerables que pierde todo significado. Mucho más útiles son las apariciones de Ovnis que figuran en los informes y catálogos publicados por organismos de investigación especializados, y en los que cada “encuentro” suele aparecer una vez verificado y certificado por los investigadores responsables. Sin embargo, żcuántos no han sido comunicados o examinados de manera rigurosa? A principios de los ańos setenta, los investigadores intentaron establecer relaciones de todos los casos de aterrizajes de Ovnis seńalados en diferentes países: en Estados Unidos se registraron 923.

żSon reales los Ovnis en la misma medida en que decimos que son reales los cohetes espaciales? La prueba más segura sería tener alguno a nuestra disposición. Según ciertos rumores insistentes, esto habría ocurrido en algunos países; el gobierno de Estados Unidos habría capturado un Ovni, y mantendría el hecho en el más absoluto secreto. Pero esto no es más que una conjetura, a pesar de los juramentos que han formulado pretendidos testigos. De hecho, la hipótesis de una intervención -o de una no intervención- gubernamental es otro aspecto fascinante de la controversia sobre los Ovnis.

A falta de un Ovni “real” que pudiéramos tocar y examinar, existen muchísimas “pruebas” de la realidad del fenómeno, en forma de fotografías y algunas películas. La mayoría de estos documentos son, sin lugar a dudas, falsos; incluso cuando los presentan personas aparentemente de buena fe, son tan borrosos, tomados de tan lejos o tan ambiguos que no hacen más que agregar una nueva dimensión al problema: żpor qué, si los Ovnis existen, no hemos obtenido mejores pruebas fotográficas, en una época en que tanta gente tiene la costumbre de llevar siempre consigo cámaras fotográficas o videocámaras?

Entre las pruebas más sólidas que poseemos acerca de este fenómeno, hay que examinar los efectos causados por los Ovnis sobre el en torno, el paisaje y los objetos, y en particular sobre los motores.

A media mańana del día 24 de mayo de 1974, don Demetrio Carrascosa, de 53 ańos, vecino de San Clemente (Cuenca, Espańa), viajaba en su motocicleta por las cercanías del río Rus, cuando de pronto avistó un objeto con forma de limón. Media unos 4 m de longitud y unos 3 m de altura, y el cuerpo del aparato se apoyaba en tres o cuatro patas que lo mantenían a unos dos metros por encima del suelo. El seńor Carrascosa intentó acercarse para verlo mejor, pero el objeto se elevó rápidamente, emitiendo un ruido silbante. Las ondas expansivas de sus violentas rotaciones hacían que saltasen piedras y pedazos de tierra. Entre los rastros que dejó se encontraron plantas marchitas, agujeros en el suelo y piedras calcinadas que, aparentemente, habían soportado una temperatura de más de 2.000 °C.

De modo semejante, en noviembre de 1976, un camión y un coche que circulaban en sentido contrario en una carretera de Hampshire (Gran Bretańa) se averiaron simultáneamente cuando un objeto bastante voluminoso y en forma de huevo se interpuso entre ambos. La policía e incluso el Ministerio de Defensa investigaron este incidente, pero nunca se dio una explicación oficial. Casos como éstos pueden desconcertar a los investigadores, pero una cosa es cierta: si pueden producir efectos físicos, sin duda los Ovnis deben tener una realidad física.

Asimismo, si los Ovnis son objetos físicos, deben provenir de algún lado. Cuando se observaron los primeros (de este siglo), en los ańos cuarenta, se supuso que tenían origen terrestre. Los norteamericanos pensaron que se trataba de aparatos secretos soviéticos, quizá perfeccionados gracias a los conocimientos aportados por los científicos alemanes que habían caído prisioneros al finalizar la segunda guerra mundial. Pero, dado que se observaban aparatos idénticos en todo el mundo, se hizo evidente que ninguna nación terrestre podía ser su artífice.

Surgieron también otras teorías ingeniosas, pero siempre carentes de pruebas. Así, se pretendió que venían del Himalaya, que desde siempre gozaba fama de ser cuna de un saber misterioso, o bien de la Antártida, con sus inmensas regiones todavía inexploradas y de condiciones climáticas anormales. Sin embargo, los interesados en el fenómeno Ovni empezaron a poner sus miradas más allá de la Tierra, espoleados por el hecho de que nuestro propio programa de exploración espacial estaba en sus inicios. La humanidad empezaba a interesarse activamente por los mundos más allá del nuestro, y parecía razonable pensar que otras civilizaciones dotadas de una tecnología igual o superior a la muestra pudieran manifestar un interés parecido por nosotros.

No obstante, aunque el número de fuentes potenciales de vida en el Universo sea virtualmente infinito, la probabilidad de que exista una civilización con un estado de desarrollo tal que le permita efectuar viajes espaciales es ínfima. Resulta desalentador el hecho de que no se haya descubierto ninguna prueba irrefutable para sostener la hipótesis del origen extraterrestre de los Ovnis: es la mejor explicación que poseemos, pero no pasa de ser una especulación.

żMensajes del espacio?
Hoy se admite generalmente que los Ovnis  plantean un problema no sólo al astrónomo y al físico, sino también al sabio “ortodoxo”, con lo cual el estudio global de este tema requiere hasta cierto punto un enfoque interdisciplinar: los psicólogos confirman que la respuesta de un individuo frente a este fenómeno viene condicionada por su perfil psicológico, mientras que el sociólogo relaciona estas respuestas con los modelos culturales; el antropólogo seńala ciertos paralelismos con mitos y creencias tradicionales, mientras que el parapsicólogo destaca que las observaciones de Ovnis a menudo van acompańadas de manifestaciones psíquicas, como la precognición y el fenómeno poltergeist. Esto último se aplica particular mente a los casos de “encuentros”, cuando el observador afirma haber entrado en contacto y haberse comunicado con los ocupantes de un Ovni. Estas entidades suelen ser descritas como criaturas extraterrestres, diferentes de nosotros, y que a menudo se presentan como embajadores de una potencia intergaláctica; su finalidad es observar a los seres humanos, prevenirles contra la inadecuada utilización de los recursos terrestres y hacerles llegar mensajes de amistad procedentes de una Fraternidad cósmica. Si sólo se hubieran registrado uno o dos casos de dichos “encuentros”, podríamos descartarlos como productos de una fantasía desbordante; pero existen cientos de casos idénticos en los dossiers. Si se pudiera demostrar la autenticidad de uno solo de estos casos, con las pruebas necesarias, la cuestión de los Ovnis contaría con una base sólida, y merecería la atención de los científicos. Pero, en todos y cada uno de los casos, los interrogantes no han sido totalmente desvelados: żse ha producido realmente el encuentro, o se trata de una simple invención, de una falsificación? Las hipótesis van desde el “lavado de cerebro” realizado por invasores extraterrestres hasta la posibilidad de una invención propiciada por la CIA…

Es casi seguro que los Ovnis existen, tanto en el plano físico como en el psicológico; no obstante, debemos reconocer que, incluso si son reales, no son lo que parecen. El misterio de los Ovnis encierra esta paradoja.

Las fotos de Rex Heflin

Sin embargo, aquí presentamos un informe que presenta unos cuantos cabos sueltos, aunque fue hecho por un policía de carreteras responsable y llega apoyado por algunas de las mejores fotos de Ovnis que se hayan tomado.., si es que son auténticas.

Una de las series de fotografías más impresionantes de un supuesto Ovni es la que tomó el seńor Rex Heflin a las 12.38 (hora de verano) del 3 de agosto de 1965, en la carretera de Myford, cerca de la autopista de Santa Ana, en las afueras de Los Ángeles, California (EUA). Heflin, que era agente de policía desde hacía cuatro ańos, trabajaba en el Departamento de Tráfico del condado de Orange en el momento en que tomó las fotos.

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Foto tomada por Rex Heflin desde el parabrisas de su camión.

En su informe Heflin declaró que alrededor de las 11.30 de la mańana del 3 de agosto, su camión estaba estacionado mirando al nor-noreste a un lado de la carretera de Myford, a la vista del empalme con la autopista de Santa Ana. Intentaba ponerse en contacto por radio con el supervisor de mantenimiento de carreteras, para informar que las ramas de un árbol obstruían la visión de una seńal de cruce ferroviario, cuando de pronto la radio del camión dejó de funcionar.

Inmediatamente vio lo que al principio creyó un avión, que se acercaba desde la izquierda (nor-noroeste); pero unos instantes después se dio cuenta de que era un disco con una cúpula.

Tomó su cámara Polaroid modelo 101, que formaba parte del equipo de los policías de tráfico del condado de Orange, y tomó la primera fotografía, a través del parabrisas del camión. Heflin dijo que el objeto se movía lentamente, trazando un arco sobre la carretera. Tomó la segunda foto, también a través del propio parabrisas. Tomó la tercera justo antes de que el Ovni, que se había “estremecido” una o dos veces, se elevara y acelerara, trazando un amplio arco más allá de la autopista, dirigiéndose hacia el noroeste. Cuando se le preguntó si la parte inferior del Ovni parecía tener marcas, aberturas o rastros de equipo de aterrizaje, Heflin replicó:

ĄNo! Lo único que vi en la parte inferior de la nave fue un rayo de luz blanca que surgía del centro y trazaba un círculo que llegaba al borde exterior de la nave. El movimiento era algo parecido al barrido del rayo de la pantalla del radar.

Súbitamente, la nave desapareció, dejando en el aire un anillo de humo o vapor. Heflin dijo que avanzó con el camión por la carretera, se bajó y lo fotografió antes de que desapareciera.

El testigo volvió a su camión y descubrió que la radio volvía a funcionar. Esa misma tarde, al acabar su turno, volvió a la oficina y enseńó a sus colegas las fotos. El informe Condon comenta que, en los primeros días después de la observación, Heflin permitió a muchos de sus amigos que hicieran copias de las fotos: “El tiempo iba pasando. y aparentemente se iban haciendo más copias de las fotos, para los amigos de los amigos, hasta que toda Santa Ana quedó saturada de fotos del Ovni”.

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En esta foto el objeto cruza la carretera luego de haber cambiado de dirección.

Uno de estos amigos de Heflin, después de pedirle autorización, envió copias a la revista Life. Según el informe de la comisión Condon, fueron rechazadas por “ser demasiado discutibles”, aunque eran “las mejores que ha visto Life hasta ahora”.

El periódico local, el Santa Ana Register, se enteró de la observación de Heflin; lo localizó y le pidió que le enseńara las fotografías. Estas provocaron mucho interés y se hicieron ampliaciones, que se “recortaron” para su publicación; la primera fotografía apareció en un articulo del Santa Ana Register el 20 de septiembre de 1965.

Ni que decir tiene que a Rex Heflin le pidieron copias de sus fotografías numerosos grupos de interesados e investigadores; lo curioso es que no pudo proporcionar las copias originales. Afirmaba que los negativos que había utilizado el Register se habían sacado de las fotos Polaroid originales, y que él estaba presente cuando se hicieron las ampliaciones, pero el periódico insistió en que sus fotos se habían tomado de copias de Polaroid.

A partir de aquel momento un nuevo misterio envolvió el asunto, ya que Heflin afirmó haber entregado las fotos originales a un hombre con credenciales que había declarado ser miembro del Departamento de Defensa Aérea norteamericano (NORAD). Desgraciadamente, Heflin no solicitó un recibo por sus fotografías, y afirma que no llegaran a devolvérselas nunca.

Unos meses después, la NORAD negó haber intervenido en el incidente y, según el Orlando Sentinel, periódico de Florida, el coronel George P. Freeman, portavoz del Pentágono para el proyecto Blue Book, afirmó que otros hombres misteriosos habían entrevistado y silenciado a testigos de Ovnis de otros Estados por procedimientos similares, afirmando que pertenecían a la NORAD o a otros organismos del gobierno.

Un ambiente de confusión y especulación rodeaba a las fotos de Heflin. Pero en abril de 1969 se arrojó nueva luz sobre el tema cuando el ingeniero aeroespacial John R. Gray, que había participado en el programa espacial Apolo, publicó en la Flying Saucer Review un estudio que apoyaba considerablemente las afirmaciones de Heflin.

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Fotografía tomada mientras que el objeto tomaba altura.

Trabajando con una ampliación sin recortar de la primera foto (que mostraba, en la carretera, la sombra del poste de telégrafos a 8 metros de la cámara) calculó la elevación y el acimut del sol en el momento de la observación: 72° 46′ y 162° 51′, respectivamente. Usando estas cifras, pudo demostrar que la observación había tenido lugar a las 12:38, hora de verano; Heflin, que no llevaba reloj, había calculado que eran las 11:30, lo cual se ajustaba bastante a la hora solar. El seńor Gray también seńaló que, como el supuesto Ovni no arrojaba sombra sobre la carretera, su diámetro tenía que ser forzosamente inferior a 27 cm o superior a 1,8 m.

Esta afirmación se basaba en cálculos acerca de la posible altitud del objeto y su distancia de la cámara. Por ejemplo, si el diámetro del objeto hubiese sido de 1,80 m, su distancia de la cámara hubiese sido de 43,6 m. En comparación, la tubería vertical blanca de riego que se ve en la parte izquierda de la carretera estaba a 75 metros de la cámara.

El seńor Gray descubrió que, si el objeto hubiera tenido 1,80 m de ancho, su altura habría sido de 8,7 m. A esa altura, la sombra del objeto en la carretera hubiese resultado visible en la foto. El mismo Heflin había calculado que el diámetro del objeto era de unos 9 m; si fuera así, el seńor Gray estimó la distancia horizontal de la cámara al supuesto Ovni en 220 m y su altura en 40 m. Estas cifras se aproximaban bastante a las declaraciones de Heflin, quien calculó que el objeto estaba a 800 m y volaba a una altura de 45 m.

Aunque mucha gente cree que las fotos de Heflin son auténticas, otros opinan que todo es una falsificación, debido a las inconsistencias que presenta la historia; es una lástima -algunos lo consideran sospechoso- que las fotos originales no se hayan conservado. Sin embargo, no hay que olvidar que la actitud del gobierno estadounidense -y de las organizaciones con él relacionados- respecto al tema Ovni no siempre ha sido clara. Las afirmaciones de Heflin en cuanto a la intervención de la NORAD, corroboradas en cierto modo por las declaraciones del coronel Freeman, podrían ser ciertas.

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Anillo de humo negro dejado por el objeto al desaparecer súbitamente.

Por su parte, la organización norteamericana Ground Saucer Watch analizó las fotos de Heflin con técnicas de computadora y llegó a la conclusión de que probablemente son falsas. Pero, para ser justos, hay que decir que este organismo se ha equivocado otras veces.

El incidente fue asimismo investigado por el doctor W. Hartmann, miembro de la Comisión Condon, encargada de elaborar un estudio de estos hechos. El citado investigador llegó a la conclusión de que el caso tenía poco valor probatorio; las fotografías no contenían datos físicos o geométricos que permitan una de terminación de la distancia o del tamańo, independientemente de las declaraciones del testigo. El doctor Hartmann también comentó que Heflin había podido preparar las primeras fotografías con una falsa maqueta: sujetando una vara al techo del camión, y haciendo colgar de ella una maqueta por medio de un cordel suficientemente fino, hubieran podido tomarse fotos idénticas.

Aunque, como él mismo dijo, esto no prueba que las fotos de Heflin sean falsificaciones, ciertamente disminuye su valor como pruebas de la existencia de Ovnis.

Paralisis del Sueño

ran las 4.20 de la mańana cuando Ronald Seigel fue despertado por el ruido de la puerta de su dormitorio que chirraba. Oyó unos pasos que se acercaban y una respiración pesada llenaba la habitación. Paralizado de miedo, sólo podía yacer de espaldas, oliendo el fétido olor de la entidad que se le aproximaba. Parecía que había una tenebrosa presencia; recuerda Seigel. Traté de retirar las sábanas y saltar de la cama, pero estaba clavado en ella. Sentía una fuerte opresión sobre el pecho, mi corazón palpitaba fuertemente y me costaba respirar. A continuación, el ser tocó su cuello y su brazo y susurró en su oído: Cada palabra salía de una asquerosa boca de tabaco; recuerda Seigel. Su lenguaje era muy extrańo, casi como el inglés hablado al revés. Seigel, todavía incapaz de moverse, miró el despertador de su mesilla de noche. No es un sueńo, pensó.

Experiencias compartidas
De pronto, la entidad se desplazó y se puso a horcajadas sobre Seigel. La cama empezó a crujir. Había un ambiente de intoxicación sexual. Empecé a perder la consciencia. De pronto, la voz cesó. Noté que el intruso salía lentamente de la habitación. La presión sobre mi pecho cesó poco a poco. Por entonces eran las 4.30 y Ronald Seigel, profesor de psicología de la Universidad de California, acababa de sufrir el ataque de lo que muchos llamarían una entidad psíquica.

Durante siglos, personas de diferentes culturas han descrito ataques similares. Normalmente ocurren de noche,justo antes de dormirse o de despertarse, y estos ataques someten invariablemente a sus aterrorizadas víctimas a una parálisis completa, a una presión sobre el pecho y a una intensa actividad sexual. Como tantos otros episodios sobrenaturales, la similitud tan universal sugiere un fenómeno genuino, pero, żde dónde vienen estas presencias?

Si hay que creer en el folklore y en los investigadores psíquicos, estas entidades son espíritus malévolos atados a la tierra, demonios y brujas que nos atacan durante nuestro sueńo. Una de las tradiciones mas extendidas es la de la Vieja Bruja, un término acuńado en Canadá para la aterradora figura que se ve durante los ataques nocturnos. Y la misma Vieja Bruja aparece en todo el mundo. Los alemanes la llaman Mare (nombre del que deriva la palabra inglesa nightmare, pesadilla) los escandinavos utilizan Mara y los griegos Mora.

El amante en sueńos
Una variante de la Vieja Bruja es el incubo, el amante demoníaco o espíritu que satisface su apetito sexual con el durmiente. Derivado del incubare latino, que significa yacer sobre, el incubo se describe a menudo como un abrumador peso sobre el pecho y la sensación de excitación sexual que ocurre durante estos ataques. Pero, con el examen de las explicaciones de estas experiencias, los psicólogos, incluido Ronald Seigel, se están concentrando en el fenómeno de la parálisis en sueńos que, a pesar de ser relativamente corriente, raramente se comenta.

Cerebro Confuso
Durante el sueño en vigilia, el soñador ve, oye y huele cosas que están en su entorno. Estos estímulos se mezclan con los del sueño, haciendole creer que aún esta despierto.

Pautas del sueńo
Cada noche, tanto si lo recordamos como sí no, sońamos. Podemos olvidar los sueńos por la mańana, pero mientras se desarrollan las escenas oníricas, nuestro cerebro está extremadamente activo y nuestro cuerpo paralizado. Esta parálisis es esencial, porque, si no fuese así, podríamos actuar en sueńos con consecuencias desastrosas. Normalmente, los músculos están relajados y no responden a lo que les ordena el cerebro. Sólo permanecen activos los músculos que controlan los ojos y la respiración.

Al despertarnos por la mańana, esta parálisis desaparece. Pero, en algunas raras ocasiones, algo funciona mal en el mecanismo que mantiene en reposo la vida del durmiente. En estos casos se puede sentir que la parálisis aparece en el momento de dormirse o de despertarse y que no es posible moverse, hablar ni gritar. Esta parálisis en sueńos casi siempre va acompańada de un rápido ritmo cardiaco, dificultad para respirar y sensación de terror. La penosa experiencia todavía es más aterradora, porque el que la padece es consciente de su entorno, pero está atrapado en lo que los científicos llaman alucinación hipnogógica: un estado entre el sueńo y la vigilia, en el cual los sueńos son tan vívidos, que parecen alarmantemente reales.

Normalmente, el primer síntoma de la parálisis en sueńos es un extrańo sonido. A veces descrito como un silbido, también pueden oírse pasos, el ruido de un motor, o incluso una respiración profunda y sibilante, seguida de vibraciones del cuerpo, y lo que se describe como sacudidas, temblores y contorsiones. Extrańas luces pueden parpadear por la habitación. Pueden ser luces destellantes, pequeńas estrellas o formas luminosas. La habitación parece llena de una luminosidad fantástica y los objetos rodeados de aureolas de colores con destellos. Pero el aspecto más aterrador de la parálisis en sueńos es la sensación de una presencia cercana. Es posible que no se vea nada ni se tenga razón alguna para esta convicción, pero se sabe que en la habitación hay alguien más. En muchos casos, la presencia es incluso visible y puede adoptar cualquier forma: humana, animal, demoníaca e incluso extraterrestre, que aparentemente puede cambiar a voluntad.

Sueńos alienígenas
Estas experiencias de visitantes han hecho que los investigadores llegasen a la conclusión de que las clásicas abducciones no son más que casos de parálisis en sueńos. En su artículo Alien Dreamel psicólogo Robert Baker publica el relato del conocido abducido Whitley Strieber.

A primeras horas de la noche, desperté bruscamente. Había alguien junto a mi cama. Podía ver los grandes y oscuros ojos de quien fuese… No podía moverme, no podía gritar, no podía irme… Todos los músculos de mi cuerpo estaban rígidos. Difícilmente podía respirar.

Como Baker seńala, sí se comparan los recuerdos de Strieber con los de Ronald Seigel, no hay grandes diferencias. A efectos prácticos, los relatos son idénticos, indica Baker. La diferencia esencial y más importante es que a las víctimas de la parálisis en sueńos que han acudido a terapeutas se les habla de parálisis en sueńos y de alucinaciones, mientras que a los que van a ver a creyentes en abducciones se les dice que han sido abducidos. Para Baker, las abducciones son la versión moderna de la parálisis en sueńos. Los zumbidos y las misteriosas vibraciones de la parálisis en sueńos proceden de la nave extraterrestre, las caricias de la Vieja Bruja se convierten en las pruebas de los extraterrestres y las sensaciones de flotación y de vuelo en el viaje hacia las estrellas. El único problema de esta teoría es que no tiene en cuenta todas las experiencias de abducciones. Existen casos de abducciones múltiples a la luz del día con testigos. Y las mismas objeciones pueden aplicarse contra las manifestaciones de que todos los encuentros sobrenaturales son el resultado de la parálisis en sueńos.

Contenidos coherentes
Un juicio mas objetivo y mesurado del fenómeno de la parálisis en los sueńos lo proporciona el etologo David J. Hufford. En su libro The Terror that Comes in the Night, Hufford argumenta que en la parálisis en los sueńos parece haber algo mas que los confusos trucos que se producen en el cerebro de los durmientes. A Hufford le llamo la atención la coincidencia de los contenidos de las alucinaciones y de los ataques de la Vieja Bruja. Lo que encuentra mas curioso es que estos ataques se han anunciado en todo el mundo por personas normales y sanas. Además, muchos de estos sujetos no habían tenido contacto con las tradiciones populares y niegan cualquier interés por los fenómenos paranormales. En cambio, los contenidos de las pesadillas son muy variables. żPor que – se pregunta Hufford-, el contenido de las parálisis en sueńos es tan igual, independientemente de la cultura?

Hufford llega a la conclusión de que la investigación científica en este campo todavía no ha empezado a considerar el enigma, a pesar de que sólo habría que analizar los procesos psicológicos de la parálisis en sueńos.

żRealidad alternativa?
Puede que exista una explicación completamente normal para estas experiencias tan peculiares y angustiosas. O puede que tengan su origen en otro reino -al que se acceda a través del subconsciente- que sea tan real y universal para los que lo experimentan como si fuesen del mundo exterior. Pero hasta que no se hayan investigado y explicado los contenidos de las alucinaciones de la parálisis en sueńos, nuestra comprensión de este fenómeno permanecerá incompleta.

¿Hologramas o Apariciones?

Antes de que su novela “La letra escarlata” le hiciera famoso, el escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne era un oficial de aduanas de Boston. Por aquel entonces, en la década de 1830, iba cada día a la biblioteca Athenaeum para investigar y escribir durante unas cuantas horas. Entre los demás clientes asiduos de la biblioteca figuraba el reverendo doctor Harris, clérigo octogenario que se había sentado durante ańos en “su” silla junto a la chimenea, leyendo el “Correo de Boston”.

El fantasma del Dr. Harris
Hawthorne nunca había hablado con él, ya que las conversaciones estaban estrictamente prohibidas en la sala de lectura, pero el doctor Harris constituía casi un mueble de aquella estancia. El novelista se sorprendió una noche cuando un amigo le comunicó que el anciano había muerto hacia algún tiempo. Se quedó todavía más sorprendido cuando, al día siguiente, encontró al clérigo en su silla habitual leyendo el periódico. Durante semanas Hawthorne siguió viendo al doctor Harris con su aspecto de siempre, perfectamente saludable.

Nathaniel Hawthorne
Nathaniel Hawthorne, vio al fantasmas del Dr. Harris durante varios meses.

Una de las cosas que dejaron perplejo a Hawthorne fue el hecho de que muchos de los otros lectores que frecuentaban el lugar habían sido amigos íntimos del doctor Harris. Entonces, żpor qué no le veían? żO acaso le veían pero les ocurría como a Hawthorne y no querían molestarse en admitir su “presencia”? Otro factor que confundió a Hawthorne retrospectivamente era el hecho de no sentir el deseo de tocar la figura o quizá de arrebatarle el periódico de las manos. “Acaso tenía miedo de destruir la ilusión y una buena historia de fantasmas.”

A veces el caballero parecía mirar a Hawthorne como sí esperara que él“entrara en conversación”. Pero… en la sala de lectura del Athenaeum las conversaciones estaban estrictamente prohibidas y yo no me podría haber dirigido a la aparición sin llamar la atención y despertar indignantes miradas. Y qué absurdo hubiera parecido yo al dirigirme solemnemente a lo que habría parecido ante los ojos del resto de las personas como una silla vacía.

“Además -concluye Hawthorne en un último alarde de urbanidad-, el doctor Harris y yo no habíamos sido presentados.” Al cabo de algunos meses. Hawthorne entró en el Athenaeum de nuevo y halló la silla vacía, tras lo cual no volvió a ver nunca más al doctor Harris.

El único inconveniente en considerar esta historia como testimonio de hechos psíquicos radica en que es la declaración de un autor que escribió numerosas narraciones cuyo tema era lo sobrenatural. Hawthorne era amigo de Edgar Allan Poe y de Herman Melville, quienes escribieron sobre el reino de lo desconocido. Por otro lado, Hawthorne se interesó por los fenómenos de los fantasmas después de trasladarse a una casa de Massachusetts que, se decía, estaba encantada desde hacía ańos. Acerca de este lugar escribió: “Mientras estaba sentado en el salón durante el día he tenido a menudo la sensación de que había alguien en las ventanas, pero al mirar hacia ellas descubría que no había nadie”.

En ninguno de los dos casos -el de su casa y el del doctor Harris- parece que Hawthorne haya intentado adornar la historia y, sin embargo, su fama es la de un gran escritor de cuentos, acostumbrado a dotar a sus narraciones de un principio y un final satisfactorio. Como cuento de fantasmas de ficción, la historia del doctor Harris sería sosa y carente de interés, pero como prueba evidente de una aparición tiene una calidad excepcional.

Así pues, żqué es lo que vio Hawthorne? Para mucha gente, la respuesta inmediata sería que contempló el espíritu terrenal del doctor Harris, vinculado de algún modo al lugar donde solía “aparecer” en vida. Otros dirían que el fantasma era una proyección del recuerdo que Hawthorne tenía del anciano, haciéndose eco de la madre de Hamlet cuando comentaba acerca de las visiones de su hijo: “Eso es pura invención de tu imaginación.” Más recientemente, investigadores de fenómenos sobrenaturales sugerirían que la persona aparente mente sólida situada junto al fuego era una especie de “registro” espiritual dejado por el difunto en su entorno, el cual era recibido de algún modo por la mente de Hawthorne de la misma forma que un aparato de televisión recibe una transmisión.

Una cosa es segura: Nathaniel Hawthorne no era ni mucho menos el único que vio “fantasmas” o, como prefieren los parapsicólogos competentes y los investigadores de fenómenos psíquicos, “apariciones”. Desde las épocas más primitivas, todas las civilizaciones han dejado constancia de los fantasmas: algunas como mera generalidad, como parte del folklore, mientras que en otras se han producido ejemplos históricos específicos.

Unos 500 ańos antes, en plena Edad Media, un monje benedictino llamado hermano Jean Goby asumió un caso de investigación psíquica y registró todos los hechos con escrupuloso cuidado. Aunque a los ojos modernos el incidente parezca en un principio lo suficientemente extrańo como para ser ignorado, el caso Goby fue tan raro en la época en que ocurrió que merece ser estudiado.

El caso Gody
En diciembre de 1323 murió un comerciante de Alais, localidad del sur de Francia. Su nombre era Guy de Torno, y se decía que días después de su muerte había vuelto para aparecerse a su viuda en forma de “voz de espíritu”. La noticia sobre este persistente “fantasma” se esparció por la ciudad de Avignon, a 65 kilómetros del lugar, donde el papa Juan XXII tenía entonces su residencia. El papa se impresionó por este hecho y nombró al hermano Jean Goby, prior de la abadía benedictina de Alais, para que investigara.
Acompańado por tres de sus hermanos benedictinos y por cerca de cien de los ciudadanos más respetados del pueblo, el hermano Jean examinó la casa y los jardines por si había alguna trampa escondida o efectos de sonido anormales. Después situó a un vigilante alrededor del lugar para mantener alejados a los visitantes. El foco de las manifestaciones fantasmales era el dormitorio. Goby pidió a la viuda que se acostara en la cama junto a “una respetable anciana”, mientras los cuatro monjes se sentaban cada uno en una esquina.

Los monjes recitaron entonces el oficio de difuntos y pronto empezaron a percibir en el aire un sonido parecido al que produciría una escoba rígida arrastrándose por el suelo. La viuda gritó llena de terror. Goby preguntó en voz alta si el sonido procedía del difunto y una voz contestó: “Si. Soy él.”

En ese momento se dejó entrar a algunos de los ciudadanos en la habitación como testigos y se situaron formando un circulo alrededor de la cama. La voz les aseguró que no era un emisario del diablo -suposición corriente en la época medieval- sino el espíritu terrenal de Guy de Torno,condenado a rondar su vieja casa por los pecados que había cometido allí. Ańadió que tenía esperanzas de subir al cielo una vez acabado su periodo de purgatorio. También dijo al hermano Jean que sabía que llevaba la Eucaristía escondida bajo su hábito. Este detalle sólo lo conocía Goby. El espíritu continuó diciendo que su principal pecado había sido el adulterio, que en aquellos tiempos era castigado con la excomunión del Sacramento. Entonces el espíritu “suspiró y partió”. El hermano Jean redactó su informe y lo envió al papa de Avignon. A pesar del rigor con el que se llevó a cabo la investigación, queda en pie el hecho de que el ruido y el “suspiro” podían haber sido provocados por el mistral, viento que sopla por aquella parte de Francia en invierno. La misma “voz” podría haber sido producida por ventriloquia por parte de la viuda -consciente o inconscientemente-, sobre todo si sospechaba la infidelidad de su marido y quería desacreditar su memoria.

Batallas Fantasmas
Otra impresionante investigación, esta vez sobre una “aparición en masa”, fue llevada a cabo en 1644 por una serie de prestigiosos oficiales del ejército inglés. El 23 de octubre de 1643, las tropas monárquicas, bajo el mando del príncipe Rupert del Rin (sobrino del rey Carlos 1), y las parlamentarias, al mando de Oliver Cromwell, libraron la primera batalla de la Guerra Civil inglesa en Edgehill (Warwickshire).
Un mes después, varios pastores locales vieron y oyeron en el mismo lugar lo que al principio pensaron que era otra batalla:  la caballería, las armas de fuego, el relumbrante acero. Cuando de repente todo aquel cuadro desapareció, se asustaron y huyeron. El día de Nochebuena la batalla fantasma se escenificó de nuevo y fue tan convincente que un impresor de Londres entrevistó a varios testigos y publicó un relato del fenómeno.

Esto intrigó al rey, quien nombro una comisión de oficiales del ejército para que investigaran en su nombre. A su vuelta, los oficiales trajeron una detallada confirmación de las noticias. No sólo habían entrevistado a los pastores, sino que en dos ocasiones habían visto ellos mismos la batalla, reconociendo a un gran número de hombres que habían muerto y también al príncipe Rupert, que todavía estaba con vida. A partir de esto se sugirió que el fenómeno fue una especie de “segunda escenificación”, más que una aparición de espectros de espíritus que volvían de la muerte.

La batalla fantasma de Edgehill tiene un curioso paralelo en Espańa, localizado en el desfiladero de Roncesvalles (Navarra), escenario de la derrota de las tropas francesas al mando de Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, en 778. Se dice que en las noches de luna llena se escuchan allí los sonidos de aquel trágico encuentro: oraciones, gritos de agonía… y acaso también el lejano sonido del cuerno de caza con el que Roldán moribundo pidió auxilio.

Caza de Fantasmas

“El miedo descendió sobre mi, y el temblor hacía que chocaran mis huesos. Entonces un espíritu pasó ante mi rostro: se me pusieron los pelos de punta. Estaba inmóvil, pero no pude discernir su forma.” Así describe el libro de Job (4, 14-16) la reacción ante un fantasma.

La palabra “fantasma” deriva de un verbo griego que significa “aparecer” o “mostrarse”. Por tanto, el fantasma es un fenómeno básicamente sensorial, y suele provocar reacciones muy traumáticas. Afortunadamente, algunas personas, en vez de atemorizarse, están dispuestas incluso a consagrar su vida a la búsqueda activa de fantasmas.

Una investigación minuciosa debe empezar por buscar las causas naturales que pueden haber dado lugar al incidente estudiado. Los ruidos fantasmales a menudo son provocados por elementos totalmente cotidianos, como pueden ser el viento, las tuberías del agua, la vibración de ventanas o de adornos por efecto del tráfico callejero, ruidos de animales, etc. en cierta ocasión se dio un caso en la casa de una familia en la que los fantasmas eran nada menos que ratas empujando manzanas almacenadas en la cavidad de una pared del desván. Otro caso famoso es el del “fantasma de la calle Villarroel”, que a finales de la década de los 70 trastornó la opinión ciudadana en España: el presunto “fantasma” resultó ser un hombre sin empleo ni hogar que solía refugiarse en una casa en construcción una vez se habían marchado los operarios. Los ruidos que causaba empezaron por inquietar al sereno de la obra y a los vecinos… Ąpero la “vox populi” acabó asegurando que se trataba del alma en pena de un cadáver que había sido hallado al excavar los fundamentos de la nueva casa!

Fantasmas de iglesia
Dos formas fantasmales aparecen detrás de un turista, en la basílica de Domrémy, Francia, en 1925.

Ante este tipo de hechos, el investigador debe mostrarse escéptico acerca de las explicaciones paranormales que le parezcan sospechosas. Sin embargo, debe tener también en cuenta todo lo que hasta ahora se sabe de los fantasmas: su existencia ha sido aceptada con naturalidad en casi todas las culturas, a lo largo de la historia. Sólo en Occidente, el desarrollo del punto de vista científico en los últimos siglos ha hecho que su existencia y su naturaleza fueran cuestionadas. Sin embargo, a lo largo de la historia los intentos serios de descubrir qué son y de estudiar su conducta han sido muy escasos. Y muchas personas todavía reaccionan ante la idea de los fantasmas con una mezcla irracional de temor, ridículo y risa. Estamos demasiado acostumbrados a rechazar lo que no entendemos.

Los fantasmas son rechazados hasta por quienes los han visto. “ĄLo vi, pero no me lo creo!” es una reacción bastante frecuente, ya que la mente humana rechaza instintivamente las informaciones que no puede asimilar e interpretar. Es evidente que harán falta más y mejores pruebas antes de que los fantasmas hallen su lugar en los libros de física y biología.

Para empezar, żes un fantasma? Algunos diccionarios lo definen como “figura de una persona muerta que se aparece a los vivos”. Esta explicación de la naturaleza de los fantasmas no es suficiente, ya que, como hemos visto, no es rara la aparición fantasmal de personas todavía vivas. La palabra “fantasma” ha adquirido también otros sentidos, como por ejemplo el de “persona entonada o presuntuosa”, o de “imagen de un objeto impreso en la fantasía”. Frederick W. H. Myers, uno de los primeros investigadores psíquicos, se refería a la noción de “vestigio” que posee el concepto de fantasma, cuando los caracterizó como “una manifestación de energía personal persistente”, conclusión a la que llegó después de estudiar una gran cantidad de datos.

Existen numerosas pruebas de que ver y oír una presencia fantasmal es una experiencia muy común. En 1889, la Society for Psychical Research, de la que Myers fue socio fundador, se embarcó en una investigación de experiencias de apariciones, basada en la siguiente pregunta: żAlguna vez, creyendo estar totalmente despierto, tuvo usted la clara impresión de ver o ser tocado por un ser viviente o un objeto inanimado, y esa impresión, por lo que usted sabe, no se debió a cualquier causa física externa?

Mujer fantasma
Fotografía de la Dama de Marrón de Rayham Hall, Inglaterra.

Casi el 10 % de las respuestas de las 17.000 personas encuestadas fueron afirmativas. Otras encuestas en varios países confirmaron este porcentaje. Por otra parte, el investigador G. N. M. Tyrrell, en su libro Apparitions (Apariciones), publicado en 1943, identificaba cuatro grupos principales en base a la conducta de los fantasmas, mucho mejor conocida -por cierto- que su propia naturaleza.

El primero de los grupos de Tyrrell está formado por las apariciones que frecuentan habitualmente un lugar determinado. En conjunto no provocan miedo, son inofensivos y a veces llegan a ser tratados como un miembro más de la familia. Además, existen numerosas pruebas fotográficas que respaldan su existencia. Ya se ha dicho que existen muchas fotografías de fantasmas tomadas en iglesias: de monjes, de clérigos, de personas arrodilladas… Dos sacerdotes fantasmales aparecieron, junto con la turista lady Palmer, en una foto que tomó en 1925 su amiga la seńorita Townsend cuando estaban visitando la basílica de santa Juana de Arco en Domrémy (Francia). Pero el premio a la calidad técnica en una fotografía de un fantasma habría que concedérselo al reverendo K. F. Lord, de Newby (Yorkshire); registró la presencia de un espectro muy nítido -aunque un poco teatral- que se hallaba de pie ante el altar con las cuencas de los ojos vacías.

La segunda categoría de fantasmas, según la clasificación de Tyrrell, es la de las apariciones post-mortem. Suelen tener lugar poco tiempo después de la muerte de la persona vista, y no acostumbran a estar relacionadas con un lugar o un acontecimiento concreto.

En tercer lugar están los casos “críticos”: la aparición de alguien que está viviendo una experiencia importante (a menudo desconocida por el testigo de la aparición), como un accidente, una enfermedad o, por supuesto, la muerte.

La última de las categorías de Tyrrell es la aparición menos conocida y quizás la más sorprendente de todas: la aparición inducida experimentalmente. En estos casos, el fantasma no es el de una persona muerta o moribunda, sino el de alguien que está con vida, y que intenta deliberadamente hacer que su imagen se haga visible a otra persona. Tyrrell se preguntó por qué un experimento tan fácilmente repetible había sido ignorado por los investigadores, sobre todo teniendo en cuenta que las experiencias de viajes astrales si han sido objeto de estudio.

Los fantasmas cuya existencia ha sido comprobada de forma más fehaciente, y que son considerados genuinos por los investigadores serios, presentan generalmente una serie de rasgos comunes. Obedecen a las leyes de la perspectiva, según el punto del espacio desde el que se los contempla; parecen sólidos; se reflejan en los espejos y producen ruidos sincronizados con sus movimientos (pasos, etc.). Generalmente dan la impresión de ser tan reales como las personas vivientes, aunque sólo durante un período limitado. Su presencia también puede provocar en los observadores una súbita sensación de frío.

Tragedia aérea
Avión Tri-Star de la Eastern Airlines, que se estrelló el 29 de diciembre de 1972. Luego del accidente fueron vistos los fantasmas del piloto y copiloto.

Esa sensación constituye también un rasgo típico de los casos de actividad poltergeist, aunque los poltergeists son muy distintos de los fantasmas convencionales: hacen que se muevan los objetos, pero no son visibles. Se ha informado de apariciones asociadas con actividad poltergeist, pero nadie ha visto todavía a un fantasma arrojando un objeto.

Por otra parte, los fantasmas suelen ser vistos por más de una persona al mismo tiempo, aunque no necesariamente por todos los presentes. Esto suele ser suficiente para descartar la posibilidad de engańo o error, pero la verdadera naturaleza de la aparición sigue siendo un misterio. No tiene por qué ser necesariamente un espíritu desencarnado; podría ser un fenómeno “intersubjetivo”, creación conjunta de las mentes de quienes lo ven.

Una aparición suele proporcionar pruebas claras de su naturaleza no física. Puede atravesar paredes; a veces aparece y desaparece por puertas también fantasmales que se abren y se cierran mientras las puertas “reales” permanecen cerradas; puede ser transparente y desvanecerse.

Sin embargo, parece claro que esos inasibles espectros pueden ser registrados por una película fotográfica. Existen, como hemos visto, muchas fotografías de fantasmas, aunque pocas son convincentes. El fraude es cosa tan corriente en el campo de la fotografía psíquica, que se ha prestado poca atención a los pocos ejemplos que podrían ser auténticos. Un caso muy impresionante es el que ocurrió en 1936 en Raynham Hall (Norfolk, Inglaterra), en casa del marqués de Townshend. Un fotógrafo profesional y su ayudante estaban tomando fotografías de la casa. Mientras fotografiaban la escalera, el asistente dijo haber visto una figura fantasmal que bajaba por ésta. Y la foto tomada en ese momento, auténtica y no manipulada en opinión de los expertos que la examinaron, muestra, de hecho, una figura borrosa. Se supone que desde hace tiempo una “dama de marrón” frecuenta aquella casa. Fue vista simultáneamente por dos testigos en 1835. Más tarde, otro testigo le disparó con una escopeta. Pese a esta mala acogida, fue vista de nuevo en 1926 por lord Townshend y dos testigos más.

Pero tanto si se basa en fotografías como en testimonios hablados y escritos, no siempre resulta fácil, para los “cazadores de fantasmas”, llevar a cabo su tarea. En un mundo ideal, se dispondría de fondos, personal y equipo suficientes para realizar una investigación tan rigurosa como la que hace la policía ante un asesinato. Pero esos fondos no existen, y esta tarea suele quedar en manos de investigadores independientes, muchos de los cuales se ganan la vida escribiendo acerca de sus experiencias.

Bol Loft (arriba) y Don Repo (abajo), piloto y copiloto, fueron vistos en varios aviones Tri-Star, todos ellos contenían piezas de repuesto del avión estrellado.

A pesar de todo, éstos hacen a menudo una labor muy meritoria investigando los acontecimientos tan pronto como ocurren. En los ańos 70, concretamente, dos casos fueron investigados de forma muy minuciosa y fiable. Uno de ellos consistía en una serie de apariciones a bordo de varios aviones Jumbo de una línea aérea norteamericana.

Espectros del Aire.
Un Tri-Star de la Eastern Airlines (vuelo 401) se estrelló en un pantano de Florida en diciembre de 1972; murieron 101 personas. Los fantasmas del piloto, Bob Loft, y de su ingeniero de vuelo, Don Repo, fueron vistos en más de veinte ocasiones por miembros de tripulaciones de otros Tri-Stars de la misma compańía, especialmente en aviones que llevaban piezas de recambio recuperadas del avión que había sufrido el accidente. Las apariciones eran descritas, invariablemente, como total mente naturales. Informaron de ellas tanto hombres y mujeres que habían conocido a Loft y Repo, como otros que les reconocieron después en fotografías. El hecho llegó a ser bien conocido en el mundillo de la aviación, y hasta apareció un relato de los hechos en el boletín de la US Flight Safety Foundation en 1974.

El escritor John G. Fuller realizó una investigación exhaustiva del caso, con la ayuda de varios empleados de las líneas aéreas, quienes le proporcionaron gran cantidad de testimonios convincentes. Algunos afirmaron que los libros de vuelo que mencionaban las apariciones habían sido retirados, y que algunos de los testigos habían sido amenazados con una visita del psiquiatra de la compańía. Además, se realizó una sesión espiritista en presencia de la viuda de Repo, tras la cual ésta quedó convencida de que su marido seguía “existiendo”. Este caso hubiera podido ser casi perfecto, si la compańía aérea hubiese cooperado, pero -comprensiblemente, desde luego-, no lo hizo.

Ojalá los futuros fantasmas sean tan visibles e informativos como Loft y Repo, y los futuros investigadores sean tan decididos como los que actuaron en este caso. Los espectros, sin duda, continuarán ofreciendo entretenimiento a los periódicos y a las pantallas, y los cazadores de fantasmas seguirán siendo considerados por algunos como unos maniáticos más o menos inofensivos. Sin embargo, el tema es serio, y posee un tremendo significado potencial: cuanto más sepamos de los fantasmas, mayor será nuestro conocimiento de la mente humana y de la materia.

Proyección Astral

Proyección Astral, proyección PES y proyección espontánea son los términos que designaba al mismo fenómeno: una experiencia en la que una persona deja su cuerpo físico y parece contemplar el mundo exterior desde una posición completamente separada de él. Ha sido discutida ampliamente , tanto en revistas psíquicas como médicas, y parece ser relativamente común.

Las circunstancias en que ocurre una EEAC (viaje astral) varían considerablemente. El stress parece ser una de los elementos coadyuvantes, y muchas personas han informado que experimentaron la sensación de abandonar sus cuerpos cuando se sometían a una operación, después de un accidente o cuando estaban gravemente enfermas. Pero hay numerosos casos de personas que estaban durmiendo, o haciendo sus tareas habituales, como ir de compra o regar las plantas, cuando ocurrió la experiencia.

De los relatos de quienes han vivido una EEAC se desprende que la sensación general, al principio, no se distingue el estado físico habitual, salvo por una sensación de agradable bienestar. Algunos sujetos han mencionado que su “fantasma” o cuerpo “astral” parece quedar unido a su cuerpo físico por un delgado cordón, que les permite volver a su estado normal.

La palabra “astral” se usa para describir un segundo cuerpo dentro del cuerpo físico. Es una copia exacta de la versión de carne y hueso, pero está compuesto por material más sutil, de apariencia luminosa. Se pretende que es capaz de separarse del cuerpo físico y desplazarse atravesando objetos sólidos. El cuerpo astral exige en lo que se llama el plano astral, que incluye el mundo cotidiano pero se extiende más allá de él. Hay quien dice también que sobrevive  a la muerte.

En la literatura antigua abundan las referencias al cuerpo astral. Antiguos escritos indios hablan de ocho siddhis (poderes supranormales) que pueden ser adquiridos mediante la meditación. El sexto siddhi es “volar por el cielo” que, presumiblemente, indica la proyección astral. Una creencia religiosa común a algunas culturas es que el shaman (una especie de médico-sacerdote) puede dejar su cuerpo a voluntad y acompańar las almas de los muertos a la tierra de los antepasados tribales. Según se desprende de algunos dibujos, parece que los antiguos egipcios creían que el plano astral era accesible por 10 portales y 7 puertas. Pensaban que el alma o cuerpo astral era un pájaro, in dependiente de la gravedad (un alma débil era simbolizada por un ratón).

Entre las muchas referencias bíblicas a la proyección astral, san Pablo describe a un hombre al que conoció, quien: “tanto en el cuerpo como fuera de él, Dios lo sabe, fue arrebatado al paraíso y oyó palabras indecibles, que no es lícito a un hombre pronuncia” (2 Corintios 12,3).

Creencias difundidas
La idea moderna de que no se debe despertar a un sonámbulo puede proceder de la primitiva creencia de que hacerlo impediría la vuelta del alma, o cuerpo astral. Aún más aterradora es la creencia, común en Haití, de que el alma puede ser robada por seres malvados y su dueńo esclavizado; los zombies de Haití son, de acuerdo con la tradición, cuerpos sin almas.

Grabado Egipcio
Los antiguos egipcios creían que el cuerpo astral o ‘ba’ era un pájaro con rostro humano.

En 1978, Dean Shields, profesor de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos), publicó los resultados de su estudio, en diversas culturas, de las creencias en las EEAC. Recogió información de casi 70 culturas no occidentales y reveló que la creencia en las EEAC aparecían en alrededor del 95 %. Pese a no dar por concluida su investigación al respecto, el profesor Shields observó que Ťla casi universalidad de la creencia en EEAC y la consistencia de las creencias es notableť.

La idea del cuerpo astral también goza de una historia larga e ininterrumpida en Occidente; los eruditos medievales se referían al alma como el anima divina o anima humana. El Purgatorio de Dante (canto 25), escrito en el siglo XIV, dice que después de la muerte, el alma “emite a su alrededor su poder creador, parecido a su forma viviente en contorno y tamańo… el aire circundante adopta la forma que el alma le impone”.

Uno de los pocos hombres cuya facultad de trasladarse astralmente era reconocida por la Iglesia Católica fue san Antonio de Padua (1195-1231). San Antonio era un monje franciscano de origen portugués que ganó gran reputación como predicador en Italia y el sur de Francia. Es el santo patrono de los pobres y a menudo se le solicita la recuperación de los bienes perdidos.

Se cuenta de san Antonio que un día, en 1226, cuando predicaba en una iglesia de Limoges, recordó súbitamente que debía estar hablando en otra iglesia, en el otro extremo de la ciudad. San Antonio interrumpió su sermón, cubrió su cabeza con la capucha y se arrodilló en silencio durante varios minutos. Durante ese tiempo, los monjes que estaban en la otra iglesia vieron aparecer al santo que explicó su lección y después desapareció como había llegado. San Antonio volvió a su cuerpo arrodillado y continuó el sermón.

Durante los últimos siglos, muchos escritores importantes han descrito sus propias experiencias de proyección espontánea o la de sus colegas; entre ellos figuran Walter de la Mare, T. E. Lawrence, Jack London y Guy de Man passant. Ernest Hemingway experimentó la sensación de abandonar su cuerpo cuando fue herido por metralla durante la primera guerra mundial:

… .mi alma, o algo, saliendo de mi cuerpo, como si sacaras un pańuelo de seda de un bolsillo tirando de una esquina. Voló por allí y después volvió y se metió dentro y yo ya no estuve muerto.

El fenómeno de la EEAC plantea considerables problemas a filósofos y psicólogos. Muchos escépticos afirman que la idea de haber sufrido una EEAC debería ser considerada una alucinación o ilusión. Pero quienes han te nido esas experiencias afirman con firmeza que tuvieron lugar realmente. Aun cuando estaban inconscientes en el momento de la experiencia, algunas personas han descrito después lo que sucedía a su alrededor y quienes estaban presentes han confirmado sus relatos. Los sujetos tienen plena conciencia de que están en un estado exterior al cuerpo.

Muchos sujetos que han experimentado una EEAC mientras estaban en la mesa de operaciones o después de un accidente grave, dicen que la experiencia ha cambiado profundamente su visión de la vida y ahuyentado el miedo a la muerte. Una teoría interesante acerca de es te tipo de proyección o“experiencia casi mortal” (ECM) ha sido propuesta por el doctor Carl Sagan, director del Laboratorio de Estudios Planetarios de Nueva York:

Todo ser humano ha tenido ya una experiencia como la de los viajeros que vuelven del mundo de la muerte: la sensación de huida y la salida de la oscuridad a la luz. Una experiencia en que la figura del héroe puede ser percibida de forma confusa, bańada en resplandor y gloria. Sólo existe una experiencia común parecida a esta descripción. Se llama nacimiento.

En momentos de peligro mortal o stress emocional agudo quizás seamos capaces de recuperar esos recuerdos del nacimiento y, de nuevo, dejar la oscuridad -un cuerpo que sufre- y levantarnos hacia la libertad y la luz.

La experiencia casi mortal
Muchas personas han tenido una EEAC por primera vez cuando sufrieron un accidente grave. En 1964, David Taylor y un amigo pasaban las últimas semanas de su viaje por África del Este y se hallaban en el norte de Tanzania, cuando sufrieron un choque con un camión. David casi murió a causa de sus heridas.

“Habíamos atravesado el parque zoológico y acabábamos de tomar la carretera principal hacia Moshi. Era hacia el atardecer y yo iba medio dormido en el asiento del acompańante.”

“De pronto, mi compańero me despertó, encantado de ver el primer vehículo que encontrábamos en seis horas dirigiéndose hacia nosotros. O mi amigo o el otro conductor debían estar medio dormidos también, porque pocos segundos después los dos vehículos chocaron.”

“Mientras los vehículos colisionaban, descubrí súbitamente que estaba observando la escena a varios metros de altura, en el aire, como si estuviera suspendido sobre la carretera. Vi cómo nuestro Land Rover se estrellaba contra un gran camión. Me vi a mí mismo salir despedido del Land Rover; mi amigo se bajó, ileso, y fue a observar mi cuerpo. También vi cómo se alejaba el camión. Recuerdo que pensé que tenía muy mal aspecto, allí tirado, y que bien podía estar muerto.”

“Lo siguiente que me sucedió fue recobrar el sentido en el hospital de Moshi. Había estado dos días inconsciente, a causa de mis heridas. Conté a mi amigo lo que había visto y me confirmó que había sido un camión lo que había chocado contra nosotros, y que había continuado la marcha. Yo me salvé porque poco después pasó otro coche por la carretera y me llevó al hospital. Esa experiencia, a pesar del tiempo transcurrido, me ha hecho perder el temor a la muerte.

Las caras de Belmez

Bélmez de la Moraleda , un pueblo olvidado de la provincia de Jaén, enclavado en las estribaciones de Sierra Mágina (Espańa), hasta 1971 sólo era conocido por los vecinos de las demás localidades de la zona, igualmente bellas, modestas, tranquilas, entrańables, donde los acontecimientos importantes eran el bautizo del hijo de éste o la muerte del tío de aquél, las lluvias de abril o la sequía de agosto. Pero el nombre de Bélmez dio la vuelta al mundo hace varios ańos, a raíz de uno de los más extrańos fenómenos de que se tenga noticia en Espańa.

La casa de las caras
El número 5 de la calle Rodríguez Acosta, en Bélmez de la Moraleda, corresponde a una casa de pueblo igual a tantas otras. La fachada encalada y el balcón lleno de flores son los de cualquier vivienda andaluza. Es cierto que los vecinos recuerdan que esa casa y la que lleva el número 3 fueron construidas en el emplazamiento de la antigua iglesia y el cementerio adyacente. Según los ancianos del lugar, en el número 3 se registraba actividad poltergeist en tiempos no muy lejanos, y si tenemos en cuenta que muchos ocultistas sostienen que la energía psíquica queda fijada a los lugares donde se ejerció, quizá nos resulte más fácil aceptar el desconcertante fenómeno de las caras de Bélmez.

La historia empezó el 23 de agosto de 1971. Hasta ese momento, ningún fenómeno fuera de lo común había alterado la vida de Juan Pereira Sánchez y de su esposa, María Gómez Cámara, que vivían solos en la casa, pues los hijos estaban casados y habían abandonado el hogar paterno. Pero ese día la mujer advirtió, por primera vez, que en el suelo de la cocina, a poca distancia del fogón, había una cara extrańa. Según contaron después, la “cara” -y las que le siguieron- no apareció de pronto: en el piso de cemento se formó una mancha que fue evolucionando durante unos días hasta llegar a reproducir con fidelidad la apariencia de un rostro humano.

Los due?os de la casa
El matrimonio Pereira, dueño de la casa con su hijo Miguel.

La noticia corrió por el pueblo como un reguero de pólvora, y la sorprendente aparición pudo ser observada por muchos de sus habitantes. Pero esa inquietante cara en el suelo de la cocina atemorizaba a los Pereira, y uno de sus hijos, Miguel, procedió a picar cuidadosamente el lugar donde se encontraba, hasta hacerla desaparecer, y a continuación lo alisó con cemento. El esfuerzo resultó inútil, pues algunos días después, ya en el mes de septiembre, comenzó a aparecer, exactamente en el mismo lugar del suelo que había sido renovado, una nueva cara, de rasgos muy acusados y gran expresividad, que produjo auténtico temor en el desconcertado matrimonio.

Según relataron los dueńos de la casa a los periodistas que los asediaban, las caras no aparecían ya totalmente formadas. Lo primero que podía distinguirse eran los ojos, y después iban surgiendo gradualmente la nariz, la boca y el contorno. Los comentarios y las versiones tomaron tales vuelos que el Ayuntamiento de Bélmez se vio obligado a intervenir: unos albańiles, ayudados por Miguel Pereira, “recortaron” la segunda cara aparecida en el suelo y excavaron hasta llegar casi a los tres metros de profundidad. En el hoyo practicado aparecieron varios huesos humanos, testimonio sin duda del cementerio sobre el cual está construida la casa. La cara recortada por orden del Ayuntamiento, de 40 cm de base por 60 de altura, adorna, protegida por un cristal, la cocina de la familia Pereira. Es quizá la más nítida y definida de las que aparecieron.

Poco después, y una vez cubierto el hoyo con cemento, comenzó nuevamente el proceso. El 10 de septiembre una nueva cara, algo más difusa, aparecía lentamente en el mismo lugar. Miguel Pereira, alarmado, la recortó y volvió a reparar el suelo de la cocina, donde una extrańa fuerza se empeńaba en crear diseńos que sembraban la inquietud no sólo en la familia, sino en el pueblo entero y en el gran número de visitantes que llegaban hasta allí alertados por los medios de comunicación. Pero los esfuerzos del joven fueron inútiles, pues algunos días después apareció una nueva cara, esta vez la de una mujer joven y bella, que poco a poco fue rodeada por otras más pequeńas, a modo de satélites.

Desde ese momento, la familia, resignada, dejó de luchar contra la fuerza desconocida. Más adelante apareció una nueva cara conocida popularmente como el Pelao, que fue retirada del suelo en 1975. Y una vez más, cuando parecía que todo había acabado, volvieron a surgir en el mismo lugar caras que, tras evolucionar lentamente, desaparecieron un ańo más tarde para dejar sitio a nuevas imágenes, de contornos menos precisos, que son las que pueden apreciarse en la actualidad.

żMilagro o fraude?
La polvareda que provocaron las “caras de Bélmez” no se ha disipado todavía. Las explicaciones abarcan todo el abanico de prejuicios y creencias racionales que suelen manifestarse ante cualquier fenómeno que escapa a las reglas corrientes. Milagro, afirmaban unos. Fraude publicitario, sostenían otros. Hubo quien arriesgó la hipótesis de que las caras pertenecían a los difuntos, cuyo descanso había sido perturbado por la construcción de la casa sobre sus tumbas. La pregunta que se planteaba era por qué habían esperado siglos para manifestar su incomodidad. Pero entonces salían a colación los ruidos y gemidos inexplicables que se habían escuchado en la casa contigua cien ańos atrás.

ver foto ampliáda
Las caras, aparecían siempre junto al fogón, aunque el piso fuera picado y recubierto con cemento.

Los investigadores parapsicólogos proponían una teoría más sencilla, desde su punto de vista: alguno de los ocupantes de la casa era un dotado, alguien cuyo subconsciente poseía el tipo de energía que suele producir efectos poltergeist. Sólo que en lugar de provocar desplazamientos, golpes y levitaciones, esa energía modificaba la materia, creando en ella imágenes que expresaban un mensaje que nadie ha sabido descifrar.

El punto de vista de los escépticos se inclinaba por explicaciones más prosaicas. El deseo de notoriedad o de compensaciones económicas podía explicar la creación furtiva de imágenes. El problema era quién… y cómo. Evidentemente, ni el seńor Pereira ni su esposa tenían los conocimientos precisos para representar rostros misteriosos, y las malas lenguas acusaron a un pintor local de ser el autor de las “caras”. Pero el pintor en cuestión pudo demostrar que en el momento de la aparición de las primeras imágenes se encontraba muy lejos de Bélmez, de modo que quizá convenga buscar por otros caminos.

żUna explicación lógica?
Leonardo da Vinci, el más intelectual y analítico de los artistas del Renacimiento, dijo una vez que quien no era capaz de imaginar batallas en una mancha de humedad, no podía ser pintor. Es posible que algunos consideren esta frase como una boutade del genial italiano, pero detrás de ella se esconde una verdad profunda.

El ojo humano tiene una tendencia natural a recomponer las imágenes que registra la retina, a ordenar el caos, por así decirlo. Igual que una nube en el cielo de verano adopta la forma de una montańa nevada, de una bandada de pájaros, de un rebańo de ovejas.., o simplemente de un bocadillo, según la imaginación del que la contempla, una mancha que aparece de forma casual en un suelo de cemento puede adoptar el contorno de una cara, una raya transformarse en una nariz o una sonrisa, y una zona más oscura en la sombra de una barba. Y cuando el primer espectador exclama “ĄMira, si parece una cara!”, está transmitiendo a sus interlocutores su recomposición de esas manchas y rayas, sugestionándolos, en el mejor sentido de la palabra.

En una cocina como la de la familia Pereira hay dos elementos abundantes: hollín y grasa. Dichos elementos pueden depositarse en el cemento húmedo antes de que éste fragüe, difuminándose o concentrándose al azar de un golpe de la llana del albańil. Y a medida que el cemento se endurece, el hollín (pigmento que, por cierto, usaron los desconocidos, remotos y geniales artistas que decoraron la cueva de Altamira, por ejemplo), combinándose con la grasa o rechazado por ésta, puede agruparse configurando formas que después son interpretadas como “caras” por quienes las contemplan.

A esto se objetará que es muy fácil reconocer una cara, que nadie puede llamarse a engańo. Pero también podría sacarse a colación por lo menos un caso famoso de imagen percibida o no, con la misma seguridad, por grupos de personas cultas y acostumbradas a “mirar”: el buitre que Freudveía en Santa Ana, la Virgen y el Nińo, famoso cuadro de Leonardo ubicado en el Louvre. Freudveía con tanta claridad el contorno de un buitre en el perfil de las figuras que escribió un ensayo sobre el tema, analizando las raíces psicoanalíticas inconscientes del artista. Pero muchos de sus discípulos más notables han confesado su incapacidad para distinguir al buitre. Entonces, żno podríamos suponer que quienes vieron en las “manchas” de Bélmez “caras” acabadas tenían simplemente tanta capacidad para recomponer imágenes como el gran psicoanalista Vienés?

Miguel y la cara
Miguel, hijo de los dueños de la casa, con la “Cara” que apareció primero y el removió del piso.

Uno de los argumentos en que se apoyaban los partidarios del origen psíquico de las caras de Bélmez era que se podía raspar la superficie del cemento sin que las imágenes desaparecieran. Si hubiesen sido pintadas por una mano humana, habría pintura en la superficie, afirmaban. Estas personas desconocían, evidentemente, la técnica del fresco, en que los colores, que se emulsionan con la cal, quedan por de bajo de ésta una vez fragua. O sea que es posible que un fresquista hubiese pintado las caras y, una vez secos los materiales, podía rascarse la superficie del suelo sin que se alterara la imagen.

Pero, żquién pudo haber sido el fresquista que trabajó durante meses en casa de los Pereira, creando toda una serie de caras diferentes? żCómo se las arregló para que las caras fueran apareciendo gradualmente? Sus conocimientos de química tendrían que haber sido muy completos y sutiles para obtener semejante efecto. Y puede argumentarse al respecto que una persona con tales conocimientos técnicos no necesitaría de semejante superchería para ganarse la vida o para adquirir notoriedad.

De modo que el enigma sigue en pie. Algunas de las caras, protegidas por cristales como si se tratase de valiosas obras de arte, continúan adornando la casita de los Pereira en Bélmez de la Moraleda, a disposición de quien desee contemplarlas. Y la polémica sigue, y seguirá durante mucho tiempo, entre quienes hablan de ectoplasma y energía psíquica y aquellos que prefieren creer en la astucia de unos y la sugestibilidad de los más.