¿Hombres bestias?

Los “Hombres Salvajes de los Bosques” son figuras habituales en el folklore de algunos países nórdicos. En la Inglaterra medieval se les denominaba woodwoses o woodhouses y en las iglesias de East Anglia existen bajorrelieves que los representan. Aunque resulta tentadora la idea de considerar a los woodwoses como pintorescas quimeras de la imaginación rural, una reciente oleada de informes sobre “hombres-bestia” de hasta 2,40 metros de altura que han sido vistos en América del Norte hace que no sea tan fácil ignorarlos.

Los “Bigfoot” (expresión que equivalente a pies-grandes) o “Sasquatch”, según la denominación amerindia usada en la Columbia Británica, en Canadá, aparecen últimamente con tanta frecuencia en los titulares de periódicos, que tienden a ignorarse otras observaciones similares acaecidas en partes del mundo mas lejanas o menos dadas a la publicidad. Sin embargo, de vez en cuando llegan informes desde el Himalaya, considerado tradicionalmente el hogar del Yeti. En 1974, una chica nepalesa que guardaba un rebańo de yaks a 4250 metros de altitud en las montańas cercanas al Everest, fue atacada por un Yeti; y en 1978 lord y lady Hunt, que se habían vuelto a Nepal para conmemorar el ascenso al Everest en 1953, vieron y fotografiaron grandes huellas en la nieve alrededor de sus cabańas.

Huellas de Yeti1
Huella de Yeti encontrada en una expedición al Himalaya en 1951.

Mucho se ha escrito acerca del Yeti a lo largo de los ańos, aunque el número de observaciones reales ha sido muy pequeńo. Como contrapartida, se ha escrito muy poco sobre “hombres salvajes” u “hombres bestia” en China; pero, por lo que se ha publicado, parece que abundan en las provincias de Hopeh y Shansi, zona montańosa y boscosa situada al norte del país. Pan Gensheng, un jefe de comuna de 33 ańos, presento un informe muy espectacular en junio de 1977. El hecho ocurrió cuando Pang estaba cortando leńa en las montańas de Taibai, en la provincia de Shansi: – El hombre velludo se acerco a unos dos metros y medio, y después a un metro y medio de donde yo estaba. Levante el hacha, dispuesto a luchar por mi vida. Nos quedamos así, los dos inmóviles, mas de una hora. Después, tome una piedra y se la tire. Le dio en el pecho. Lanzo varios aullidos y se froto el lugar del golpe con la mano izquierda. Después fue hacia la izquierda, se apoyo en un árbol y se alejo, dirigiéndose lentamente hacia el fondo del barranco. Y hacia un ruido como si mascullara algo.

Huellas de Yeti2
Huella tomada a 4800 metros de altura en 1980, por un alpinista polaco.

El “hombre” media algo mas de dos metros, tenia la frente huidiza y ojos negros muy hundidos. Su mandíbula era prominente y sus dientes delanteros, anchos. La cabellera castańo oscura le llegaba hasta los hombros, y tenia la cara y cuerpo cubiertos de vello corto. Sus largos brazos le llegaban hasta las rodillas y caminaba erguido, con las piernas muy separadas. El Instituto de paleoantropología y paleontología vertebrada de la Academia China de Ciencias ha investigado estos informes, pero hasta ahora no ha logrado resolver el enigma del “hombre salvaje”, cuyo aspecto y conducta son, por cierto, muy similares a los otros “piegrandes”.

Huellas de pies en la nieve
También en la Unión Soviética se han realizado investigaciones; la doctora Jeanna Kofmanva, desde 1955, tras las huellas de los llamados almas en las montańas del Cáucaso. Ha recibido muchos informes de testigos oculares y ha entrevistado personalmente a unas 4000 personas.

Una de ellas es Mukhamed Tomákov, capataz de una granja, que en 1946 atrapó un almas en una cabańa de montańa, en Getmish. La criatura tenía aspecto humano pero estaba cubierta de pelo y corría a cuatro patas, sosteniéndose sobre las traseras sólo cuando se detenía. (A veces, pero no a menudo, los piegrandes americanos han sido vistos corriendo a cuatro patas.) Cuando la criatura entró en la choza, Tomákov echó la llave a la puerta y fue a buscar una soga. Cuando volvió la puerta es taba abierta y la cabańa vacía.

Huellas confundidas con las de un Yeti
Una hilera de huellas que fueron confundidas con las de yeti y que resultaron ser huellas de cabra de montaña derretidas por la acción del sol.

Las montańas del Pamir, en la frontera sur de la Unión Soviética, son otra guarida de los hombres salvajes, cosa lógica, ya que constituyen una prolongación del Himalaya hacia el noroeste. En el verano de 1979 una expedición soviética encontró allí huellas de 34,3 cm de largo y 16,5 cm de ancho a la altura de los dedos; pero nadie vio quién o qué las había hecho.

También han sido vistos hombres-bestia en Siberia; a principios de los ańos 60, un cazador que vivía cerca del río Obi vio a dos de estas criaturas cuando salían del bosque, una tarde, mientras caminaba con sus perros. Los perros huyeron aterrorizados, pero no sufrieron dańos. En general, los perros temen a esos seres; en América, a los piegrandes no les gustan los perros, y se sabe que en ocasiones los han herido o matado. El cazador siberiano observó que los hombres salvajes estaban cubiertos de pelo oscuro, tenían brazos largos y volvían los pies hacia afuera cuando andaban. Sus ojos tenían un brillo rojo oscuro (otra característica que indica un parecido con los piegrandes). En los ańos 20 un chuchunaa (nombre que significa proscrito y que se da al hombre-bestia en la región de Yakutia, en Siberia oriental) vestido con pieles de ciervo fue visto por unos aldeanos cogiendo fruta.

En América también se ha visto a piegrandes comiendo frutas, y ha habido informes ocasionales de que llevan ropas.

X, Hibagones y yowies
En todos los continentes sigue habiendo zonas inexploradas, selvas o montańas boscosas don de raramente penetra nadie. Por supuesto, cuanto más remotas sean dichas zonas, menos probable es que se produzcan encuentros inesperados con estas formas de vida desconocidas, a menos que se organicen expediciones con la intención de localizarlas. Esto explica por qué sólo tenemos datos fragmentarios de América del Sur y África. Pero lo que se sabe sugiere que hay mucha actividad.

En 1978, Jacqueline Roumeguere-Eberhardt, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de París, publicó una información acerca de sus investigaciones sobre el hombre-bestia africano, a quien había bautizado, sin mucha imaginación, como X. En esa época disponía de 31 relatos de observaciones en 11 selvas de Kenya, y había conseguido identificar cuatro tipos diferentes de X. Un nativo fue capturado y examinado cuidadosamente por un X antes de ser empujado en dirección a su casa.

A veces aparecen informes en zonas mucho menos prometedoras. Nuestra idea occidental de Japón como pequeńa nación industrializada deja poco margen para imaginar zonas remotas y deshabitadas con una población de hombres-bestia. Sin embargo, a principios de los ańos 70 fueron avistados varios hibagones (como se bautizó al animal) en el monte Hiba, cerca de Hiroshima. El labrador Albert Kubo vio a una de estas criaturas de 1,50 m de altura, ojos grandes y olor nauseabundo, en 1974, cuando estaba en sus campos de arroz. (El fuerte olor caracteriza asimismo a muchos piegrandes norteamericanos).

Cazador de Hombres Bestia
EIgor Burtsev, cazador ruso, sosteniendo el molde de una huella encontrada en 1979 en Asia central.

El enorme y poco poblado continente australiano posee también, como era de esperar, su hombre-bestia. Los aborígenes, que aparentemente conocían bien su existencia, le daban muchos nombres diferentes, pero actualmente se le llama yowie. Se ha informado de su presencia con regularidad, especialmente en Nueva Gales del Sur y Queensland, desde fines del siglo XVIII. El 3 de octubre de 1894, un chico llamado Johnnie McWilliams vio uno mientras cabalgaba desde su casa en Snowball hacia la estafeta de correos de Jinden, en Nueva Gales del Sur. El hombre, que salió huyendo, media más de 1,80 m y era de complexión fuerte.

Joseph y William Webb, preparándose para acampar una noche a finales de siglo en las montańas de Brindabella, Nueva Gales del Sur, tuvieron un encuentro más espectacular con un yowie. Escucharon un profundo bramido gutural y ruidos, como si alguien se abriera paso por los matorrales. Apareció entonces una criatura, del tamańo de un hombre; al dispararle se volvió y huyó.

En América del Norte hay indicios de que las armas de fuego no sirven contra estos gigantes velludos, porque no son suficientemente potentes, o por alguna razón más extrańa.

Rex Gilroy, australiano investigador de yowies, ha reunido más de 3000 informes de observaciones, los cuales, como sucedió en América del Norte, aumentaron durante los ańos 70. Un encuentro a muy poca distancia, en la que el testigo pudo observar al yowie a poco más de dos metros, fue comunicada por un empleado de los parques nacionales en Spring brook, Queensland, en marzo de 1978. El yowie, al parecer, gruńía como un cerdo, se parecía mucho a un gorila y despedía un olor inmundo.

En definitiva, tanto su apariencia como su comportamiento hacen pensar que el yowie es un primo cercano del piegrandes norteamericano.