Paralisis del Sueño

ran las 4.20 de la mańana cuando Ronald Seigel fue despertado por el ruido de la puerta de su dormitorio que chirraba. Oyó unos pasos que se acercaban y una respiración pesada llenaba la habitación. Paralizado de miedo, sólo podía yacer de espaldas, oliendo el fétido olor de la entidad que se le aproximaba. Parecía que había una tenebrosa presencia; recuerda Seigel. Traté de retirar las sábanas y saltar de la cama, pero estaba clavado en ella. Sentía una fuerte opresión sobre el pecho, mi corazón palpitaba fuertemente y me costaba respirar. A continuación, el ser tocó su cuello y su brazo y susurró en su oído: Cada palabra salía de una asquerosa boca de tabaco; recuerda Seigel. Su lenguaje era muy extrańo, casi como el inglés hablado al revés. Seigel, todavía incapaz de moverse, miró el despertador de su mesilla de noche. No es un sueńo, pensó.

Experiencias compartidas
De pronto, la entidad se desplazó y se puso a horcajadas sobre Seigel. La cama empezó a crujir. Había un ambiente de intoxicación sexual. Empecé a perder la consciencia. De pronto, la voz cesó. Noté que el intruso salía lentamente de la habitación. La presión sobre mi pecho cesó poco a poco. Por entonces eran las 4.30 y Ronald Seigel, profesor de psicología de la Universidad de California, acababa de sufrir el ataque de lo que muchos llamarían una entidad psíquica.

Durante siglos, personas de diferentes culturas han descrito ataques similares. Normalmente ocurren de noche,justo antes de dormirse o de despertarse, y estos ataques someten invariablemente a sus aterrorizadas víctimas a una parálisis completa, a una presión sobre el pecho y a una intensa actividad sexual. Como tantos otros episodios sobrenaturales, la similitud tan universal sugiere un fenómeno genuino, pero, żde dónde vienen estas presencias?

Si hay que creer en el folklore y en los investigadores psíquicos, estas entidades son espíritus malévolos atados a la tierra, demonios y brujas que nos atacan durante nuestro sueńo. Una de las tradiciones mas extendidas es la de la Vieja Bruja, un término acuńado en Canadá para la aterradora figura que se ve durante los ataques nocturnos. Y la misma Vieja Bruja aparece en todo el mundo. Los alemanes la llaman Mare (nombre del que deriva la palabra inglesa nightmare, pesadilla) los escandinavos utilizan Mara y los griegos Mora.

El amante en sueńos
Una variante de la Vieja Bruja es el incubo, el amante demoníaco o espíritu que satisface su apetito sexual con el durmiente. Derivado del incubare latino, que significa yacer sobre, el incubo se describe a menudo como un abrumador peso sobre el pecho y la sensación de excitación sexual que ocurre durante estos ataques. Pero, con el examen de las explicaciones de estas experiencias, los psicólogos, incluido Ronald Seigel, se están concentrando en el fenómeno de la parálisis en sueńos que, a pesar de ser relativamente corriente, raramente se comenta.

Cerebro Confuso
Durante el sueño en vigilia, el soñador ve, oye y huele cosas que están en su entorno. Estos estímulos se mezclan con los del sueño, haciendole creer que aún esta despierto.

Pautas del sueńo
Cada noche, tanto si lo recordamos como sí no, sońamos. Podemos olvidar los sueńos por la mańana, pero mientras se desarrollan las escenas oníricas, nuestro cerebro está extremadamente activo y nuestro cuerpo paralizado. Esta parálisis es esencial, porque, si no fuese así, podríamos actuar en sueńos con consecuencias desastrosas. Normalmente, los músculos están relajados y no responden a lo que les ordena el cerebro. Sólo permanecen activos los músculos que controlan los ojos y la respiración.

Al despertarnos por la mańana, esta parálisis desaparece. Pero, en algunas raras ocasiones, algo funciona mal en el mecanismo que mantiene en reposo la vida del durmiente. En estos casos se puede sentir que la parálisis aparece en el momento de dormirse o de despertarse y que no es posible moverse, hablar ni gritar. Esta parálisis en sueńos casi siempre va acompańada de un rápido ritmo cardiaco, dificultad para respirar y sensación de terror. La penosa experiencia todavía es más aterradora, porque el que la padece es consciente de su entorno, pero está atrapado en lo que los científicos llaman alucinación hipnogógica: un estado entre el sueńo y la vigilia, en el cual los sueńos son tan vívidos, que parecen alarmantemente reales.

Normalmente, el primer síntoma de la parálisis en sueńos es un extrańo sonido. A veces descrito como un silbido, también pueden oírse pasos, el ruido de un motor, o incluso una respiración profunda y sibilante, seguida de vibraciones del cuerpo, y lo que se describe como sacudidas, temblores y contorsiones. Extrańas luces pueden parpadear por la habitación. Pueden ser luces destellantes, pequeńas estrellas o formas luminosas. La habitación parece llena de una luminosidad fantástica y los objetos rodeados de aureolas de colores con destellos. Pero el aspecto más aterrador de la parálisis en sueńos es la sensación de una presencia cercana. Es posible que no se vea nada ni se tenga razón alguna para esta convicción, pero se sabe que en la habitación hay alguien más. En muchos casos, la presencia es incluso visible y puede adoptar cualquier forma: humana, animal, demoníaca e incluso extraterrestre, que aparentemente puede cambiar a voluntad.

Sueńos alienígenas
Estas experiencias de visitantes han hecho que los investigadores llegasen a la conclusión de que las clásicas abducciones no son más que casos de parálisis en sueńos. En su artículo Alien Dreamel psicólogo Robert Baker publica el relato del conocido abducido Whitley Strieber.

A primeras horas de la noche, desperté bruscamente. Había alguien junto a mi cama. Podía ver los grandes y oscuros ojos de quien fuese… No podía moverme, no podía gritar, no podía irme… Todos los músculos de mi cuerpo estaban rígidos. Difícilmente podía respirar.

Como Baker seńala, sí se comparan los recuerdos de Strieber con los de Ronald Seigel, no hay grandes diferencias. A efectos prácticos, los relatos son idénticos, indica Baker. La diferencia esencial y más importante es que a las víctimas de la parálisis en sueńos que han acudido a terapeutas se les habla de parálisis en sueńos y de alucinaciones, mientras que a los que van a ver a creyentes en abducciones se les dice que han sido abducidos. Para Baker, las abducciones son la versión moderna de la parálisis en sueńos. Los zumbidos y las misteriosas vibraciones de la parálisis en sueńos proceden de la nave extraterrestre, las caricias de la Vieja Bruja se convierten en las pruebas de los extraterrestres y las sensaciones de flotación y de vuelo en el viaje hacia las estrellas. El único problema de esta teoría es que no tiene en cuenta todas las experiencias de abducciones. Existen casos de abducciones múltiples a la luz del día con testigos. Y las mismas objeciones pueden aplicarse contra las manifestaciones de que todos los encuentros sobrenaturales son el resultado de la parálisis en sueńos.

Contenidos coherentes
Un juicio mas objetivo y mesurado del fenómeno de la parálisis en los sueńos lo proporciona el etologo David J. Hufford. En su libro The Terror that Comes in the Night, Hufford argumenta que en la parálisis en los sueńos parece haber algo mas que los confusos trucos que se producen en el cerebro de los durmientes. A Hufford le llamo la atención la coincidencia de los contenidos de las alucinaciones y de los ataques de la Vieja Bruja. Lo que encuentra mas curioso es que estos ataques se han anunciado en todo el mundo por personas normales y sanas. Además, muchos de estos sujetos no habían tenido contacto con las tradiciones populares y niegan cualquier interés por los fenómenos paranormales. En cambio, los contenidos de las pesadillas son muy variables. żPor que – se pregunta Hufford-, el contenido de las parálisis en sueńos es tan igual, independientemente de la cultura?

Hufford llega a la conclusión de que la investigación científica en este campo todavía no ha empezado a considerar el enigma, a pesar de que sólo habría que analizar los procesos psicológicos de la parálisis en sueńos.

żRealidad alternativa?
Puede que exista una explicación completamente normal para estas experiencias tan peculiares y angustiosas. O puede que tengan su origen en otro reino -al que se acceda a través del subconsciente- que sea tan real y universal para los que lo experimentan como si fuesen del mundo exterior. Pero hasta que no se hayan investigado y explicado los contenidos de las alucinaciones de la parálisis en sueńos, nuestra comprensión de este fenómeno permanecerá incompleta.

¿Hologramas o Apariciones?

Antes de que su novela “La letra escarlata” le hiciera famoso, el escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne era un oficial de aduanas de Boston. Por aquel entonces, en la década de 1830, iba cada día a la biblioteca Athenaeum para investigar y escribir durante unas cuantas horas. Entre los demás clientes asiduos de la biblioteca figuraba el reverendo doctor Harris, clérigo octogenario que se había sentado durante ańos en “su” silla junto a la chimenea, leyendo el “Correo de Boston”.

El fantasma del Dr. Harris
Hawthorne nunca había hablado con él, ya que las conversaciones estaban estrictamente prohibidas en la sala de lectura, pero el doctor Harris constituía casi un mueble de aquella estancia. El novelista se sorprendió una noche cuando un amigo le comunicó que el anciano había muerto hacia algún tiempo. Se quedó todavía más sorprendido cuando, al día siguiente, encontró al clérigo en su silla habitual leyendo el periódico. Durante semanas Hawthorne siguió viendo al doctor Harris con su aspecto de siempre, perfectamente saludable.

Nathaniel Hawthorne
Nathaniel Hawthorne, vio al fantasmas del Dr. Harris durante varios meses.

Una de las cosas que dejaron perplejo a Hawthorne fue el hecho de que muchos de los otros lectores que frecuentaban el lugar habían sido amigos íntimos del doctor Harris. Entonces, żpor qué no le veían? żO acaso le veían pero les ocurría como a Hawthorne y no querían molestarse en admitir su “presencia”? Otro factor que confundió a Hawthorne retrospectivamente era el hecho de no sentir el deseo de tocar la figura o quizá de arrebatarle el periódico de las manos. “Acaso tenía miedo de destruir la ilusión y una buena historia de fantasmas.”

A veces el caballero parecía mirar a Hawthorne como sí esperara que él“entrara en conversación”. Pero… en la sala de lectura del Athenaeum las conversaciones estaban estrictamente prohibidas y yo no me podría haber dirigido a la aparición sin llamar la atención y despertar indignantes miradas. Y qué absurdo hubiera parecido yo al dirigirme solemnemente a lo que habría parecido ante los ojos del resto de las personas como una silla vacía.

“Además -concluye Hawthorne en un último alarde de urbanidad-, el doctor Harris y yo no habíamos sido presentados.” Al cabo de algunos meses. Hawthorne entró en el Athenaeum de nuevo y halló la silla vacía, tras lo cual no volvió a ver nunca más al doctor Harris.

El único inconveniente en considerar esta historia como testimonio de hechos psíquicos radica en que es la declaración de un autor que escribió numerosas narraciones cuyo tema era lo sobrenatural. Hawthorne era amigo de Edgar Allan Poe y de Herman Melville, quienes escribieron sobre el reino de lo desconocido. Por otro lado, Hawthorne se interesó por los fenómenos de los fantasmas después de trasladarse a una casa de Massachusetts que, se decía, estaba encantada desde hacía ańos. Acerca de este lugar escribió: “Mientras estaba sentado en el salón durante el día he tenido a menudo la sensación de que había alguien en las ventanas, pero al mirar hacia ellas descubría que no había nadie”.

En ninguno de los dos casos -el de su casa y el del doctor Harris- parece que Hawthorne haya intentado adornar la historia y, sin embargo, su fama es la de un gran escritor de cuentos, acostumbrado a dotar a sus narraciones de un principio y un final satisfactorio. Como cuento de fantasmas de ficción, la historia del doctor Harris sería sosa y carente de interés, pero como prueba evidente de una aparición tiene una calidad excepcional.

Así pues, żqué es lo que vio Hawthorne? Para mucha gente, la respuesta inmediata sería que contempló el espíritu terrenal del doctor Harris, vinculado de algún modo al lugar donde solía “aparecer” en vida. Otros dirían que el fantasma era una proyección del recuerdo que Hawthorne tenía del anciano, haciéndose eco de la madre de Hamlet cuando comentaba acerca de las visiones de su hijo: “Eso es pura invención de tu imaginación.” Más recientemente, investigadores de fenómenos sobrenaturales sugerirían que la persona aparente mente sólida situada junto al fuego era una especie de “registro” espiritual dejado por el difunto en su entorno, el cual era recibido de algún modo por la mente de Hawthorne de la misma forma que un aparato de televisión recibe una transmisión.

Una cosa es segura: Nathaniel Hawthorne no era ni mucho menos el único que vio “fantasmas” o, como prefieren los parapsicólogos competentes y los investigadores de fenómenos psíquicos, “apariciones”. Desde las épocas más primitivas, todas las civilizaciones han dejado constancia de los fantasmas: algunas como mera generalidad, como parte del folklore, mientras que en otras se han producido ejemplos históricos específicos.

Unos 500 ańos antes, en plena Edad Media, un monje benedictino llamado hermano Jean Goby asumió un caso de investigación psíquica y registró todos los hechos con escrupuloso cuidado. Aunque a los ojos modernos el incidente parezca en un principio lo suficientemente extrańo como para ser ignorado, el caso Goby fue tan raro en la época en que ocurrió que merece ser estudiado.

El caso Gody
En diciembre de 1323 murió un comerciante de Alais, localidad del sur de Francia. Su nombre era Guy de Torno, y se decía que días después de su muerte había vuelto para aparecerse a su viuda en forma de “voz de espíritu”. La noticia sobre este persistente “fantasma” se esparció por la ciudad de Avignon, a 65 kilómetros del lugar, donde el papa Juan XXII tenía entonces su residencia. El papa se impresionó por este hecho y nombró al hermano Jean Goby, prior de la abadía benedictina de Alais, para que investigara.
Acompańado por tres de sus hermanos benedictinos y por cerca de cien de los ciudadanos más respetados del pueblo, el hermano Jean examinó la casa y los jardines por si había alguna trampa escondida o efectos de sonido anormales. Después situó a un vigilante alrededor del lugar para mantener alejados a los visitantes. El foco de las manifestaciones fantasmales era el dormitorio. Goby pidió a la viuda que se acostara en la cama junto a “una respetable anciana”, mientras los cuatro monjes se sentaban cada uno en una esquina.

Los monjes recitaron entonces el oficio de difuntos y pronto empezaron a percibir en el aire un sonido parecido al que produciría una escoba rígida arrastrándose por el suelo. La viuda gritó llena de terror. Goby preguntó en voz alta si el sonido procedía del difunto y una voz contestó: “Si. Soy él.”

En ese momento se dejó entrar a algunos de los ciudadanos en la habitación como testigos y se situaron formando un circulo alrededor de la cama. La voz les aseguró que no era un emisario del diablo -suposición corriente en la época medieval- sino el espíritu terrenal de Guy de Torno,condenado a rondar su vieja casa por los pecados que había cometido allí. Ańadió que tenía esperanzas de subir al cielo una vez acabado su periodo de purgatorio. También dijo al hermano Jean que sabía que llevaba la Eucaristía escondida bajo su hábito. Este detalle sólo lo conocía Goby. El espíritu continuó diciendo que su principal pecado había sido el adulterio, que en aquellos tiempos era castigado con la excomunión del Sacramento. Entonces el espíritu “suspiró y partió”. El hermano Jean redactó su informe y lo envió al papa de Avignon. A pesar del rigor con el que se llevó a cabo la investigación, queda en pie el hecho de que el ruido y el “suspiro” podían haber sido provocados por el mistral, viento que sopla por aquella parte de Francia en invierno. La misma “voz” podría haber sido producida por ventriloquia por parte de la viuda -consciente o inconscientemente-, sobre todo si sospechaba la infidelidad de su marido y quería desacreditar su memoria.

Batallas Fantasmas
Otra impresionante investigación, esta vez sobre una “aparición en masa”, fue llevada a cabo en 1644 por una serie de prestigiosos oficiales del ejército inglés. El 23 de octubre de 1643, las tropas monárquicas, bajo el mando del príncipe Rupert del Rin (sobrino del rey Carlos 1), y las parlamentarias, al mando de Oliver Cromwell, libraron la primera batalla de la Guerra Civil inglesa en Edgehill (Warwickshire).
Un mes después, varios pastores locales vieron y oyeron en el mismo lugar lo que al principio pensaron que era otra batalla:  la caballería, las armas de fuego, el relumbrante acero. Cuando de repente todo aquel cuadro desapareció, se asustaron y huyeron. El día de Nochebuena la batalla fantasma se escenificó de nuevo y fue tan convincente que un impresor de Londres entrevistó a varios testigos y publicó un relato del fenómeno.

Esto intrigó al rey, quien nombro una comisión de oficiales del ejército para que investigaran en su nombre. A su vuelta, los oficiales trajeron una detallada confirmación de las noticias. No sólo habían entrevistado a los pastores, sino que en dos ocasiones habían visto ellos mismos la batalla, reconociendo a un gran número de hombres que habían muerto y también al príncipe Rupert, que todavía estaba con vida. A partir de esto se sugirió que el fenómeno fue una especie de “segunda escenificación”, más que una aparición de espectros de espíritus que volvían de la muerte.

La batalla fantasma de Edgehill tiene un curioso paralelo en Espańa, localizado en el desfiladero de Roncesvalles (Navarra), escenario de la derrota de las tropas francesas al mando de Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, en 778. Se dice que en las noches de luna llena se escuchan allí los sonidos de aquel trágico encuentro: oraciones, gritos de agonía… y acaso también el lejano sonido del cuerno de caza con el que Roldán moribundo pidió auxilio.

Caza de Fantasmas

“El miedo descendió sobre mi, y el temblor hacía que chocaran mis huesos. Entonces un espíritu pasó ante mi rostro: se me pusieron los pelos de punta. Estaba inmóvil, pero no pude discernir su forma.” Así describe el libro de Job (4, 14-16) la reacción ante un fantasma.

La palabra “fantasma” deriva de un verbo griego que significa “aparecer” o “mostrarse”. Por tanto, el fantasma es un fenómeno básicamente sensorial, y suele provocar reacciones muy traumáticas. Afortunadamente, algunas personas, en vez de atemorizarse, están dispuestas incluso a consagrar su vida a la búsqueda activa de fantasmas.

Una investigación minuciosa debe empezar por buscar las causas naturales que pueden haber dado lugar al incidente estudiado. Los ruidos fantasmales a menudo son provocados por elementos totalmente cotidianos, como pueden ser el viento, las tuberías del agua, la vibración de ventanas o de adornos por efecto del tráfico callejero, ruidos de animales, etc. en cierta ocasión se dio un caso en la casa de una familia en la que los fantasmas eran nada menos que ratas empujando manzanas almacenadas en la cavidad de una pared del desván. Otro caso famoso es el del “fantasma de la calle Villarroel”, que a finales de la década de los 70 trastornó la opinión ciudadana en España: el presunto “fantasma” resultó ser un hombre sin empleo ni hogar que solía refugiarse en una casa en construcción una vez se habían marchado los operarios. Los ruidos que causaba empezaron por inquietar al sereno de la obra y a los vecinos… Ąpero la “vox populi” acabó asegurando que se trataba del alma en pena de un cadáver que había sido hallado al excavar los fundamentos de la nueva casa!

Fantasmas de iglesia
Dos formas fantasmales aparecen detrás de un turista, en la basílica de Domrémy, Francia, en 1925.

Ante este tipo de hechos, el investigador debe mostrarse escéptico acerca de las explicaciones paranormales que le parezcan sospechosas. Sin embargo, debe tener también en cuenta todo lo que hasta ahora se sabe de los fantasmas: su existencia ha sido aceptada con naturalidad en casi todas las culturas, a lo largo de la historia. Sólo en Occidente, el desarrollo del punto de vista científico en los últimos siglos ha hecho que su existencia y su naturaleza fueran cuestionadas. Sin embargo, a lo largo de la historia los intentos serios de descubrir qué son y de estudiar su conducta han sido muy escasos. Y muchas personas todavía reaccionan ante la idea de los fantasmas con una mezcla irracional de temor, ridículo y risa. Estamos demasiado acostumbrados a rechazar lo que no entendemos.

Los fantasmas son rechazados hasta por quienes los han visto. “ĄLo vi, pero no me lo creo!” es una reacción bastante frecuente, ya que la mente humana rechaza instintivamente las informaciones que no puede asimilar e interpretar. Es evidente que harán falta más y mejores pruebas antes de que los fantasmas hallen su lugar en los libros de física y biología.

Para empezar, żes un fantasma? Algunos diccionarios lo definen como “figura de una persona muerta que se aparece a los vivos”. Esta explicación de la naturaleza de los fantasmas no es suficiente, ya que, como hemos visto, no es rara la aparición fantasmal de personas todavía vivas. La palabra “fantasma” ha adquirido también otros sentidos, como por ejemplo el de “persona entonada o presuntuosa”, o de “imagen de un objeto impreso en la fantasía”. Frederick W. H. Myers, uno de los primeros investigadores psíquicos, se refería a la noción de “vestigio” que posee el concepto de fantasma, cuando los caracterizó como “una manifestación de energía personal persistente”, conclusión a la que llegó después de estudiar una gran cantidad de datos.

Existen numerosas pruebas de que ver y oír una presencia fantasmal es una experiencia muy común. En 1889, la Society for Psychical Research, de la que Myers fue socio fundador, se embarcó en una investigación de experiencias de apariciones, basada en la siguiente pregunta: żAlguna vez, creyendo estar totalmente despierto, tuvo usted la clara impresión de ver o ser tocado por un ser viviente o un objeto inanimado, y esa impresión, por lo que usted sabe, no se debió a cualquier causa física externa?

Mujer fantasma
Fotografía de la Dama de Marrón de Rayham Hall, Inglaterra.

Casi el 10 % de las respuestas de las 17.000 personas encuestadas fueron afirmativas. Otras encuestas en varios países confirmaron este porcentaje. Por otra parte, el investigador G. N. M. Tyrrell, en su libro Apparitions (Apariciones), publicado en 1943, identificaba cuatro grupos principales en base a la conducta de los fantasmas, mucho mejor conocida -por cierto- que su propia naturaleza.

El primero de los grupos de Tyrrell está formado por las apariciones que frecuentan habitualmente un lugar determinado. En conjunto no provocan miedo, son inofensivos y a veces llegan a ser tratados como un miembro más de la familia. Además, existen numerosas pruebas fotográficas que respaldan su existencia. Ya se ha dicho que existen muchas fotografías de fantasmas tomadas en iglesias: de monjes, de clérigos, de personas arrodilladas… Dos sacerdotes fantasmales aparecieron, junto con la turista lady Palmer, en una foto que tomó en 1925 su amiga la seńorita Townsend cuando estaban visitando la basílica de santa Juana de Arco en Domrémy (Francia). Pero el premio a la calidad técnica en una fotografía de un fantasma habría que concedérselo al reverendo K. F. Lord, de Newby (Yorkshire); registró la presencia de un espectro muy nítido -aunque un poco teatral- que se hallaba de pie ante el altar con las cuencas de los ojos vacías.

La segunda categoría de fantasmas, según la clasificación de Tyrrell, es la de las apariciones post-mortem. Suelen tener lugar poco tiempo después de la muerte de la persona vista, y no acostumbran a estar relacionadas con un lugar o un acontecimiento concreto.

En tercer lugar están los casos “críticos”: la aparición de alguien que está viviendo una experiencia importante (a menudo desconocida por el testigo de la aparición), como un accidente, una enfermedad o, por supuesto, la muerte.

La última de las categorías de Tyrrell es la aparición menos conocida y quizás la más sorprendente de todas: la aparición inducida experimentalmente. En estos casos, el fantasma no es el de una persona muerta o moribunda, sino el de alguien que está con vida, y que intenta deliberadamente hacer que su imagen se haga visible a otra persona. Tyrrell se preguntó por qué un experimento tan fácilmente repetible había sido ignorado por los investigadores, sobre todo teniendo en cuenta que las experiencias de viajes astrales si han sido objeto de estudio.

Los fantasmas cuya existencia ha sido comprobada de forma más fehaciente, y que son considerados genuinos por los investigadores serios, presentan generalmente una serie de rasgos comunes. Obedecen a las leyes de la perspectiva, según el punto del espacio desde el que se los contempla; parecen sólidos; se reflejan en los espejos y producen ruidos sincronizados con sus movimientos (pasos, etc.). Generalmente dan la impresión de ser tan reales como las personas vivientes, aunque sólo durante un período limitado. Su presencia también puede provocar en los observadores una súbita sensación de frío.

Tragedia aérea
Avión Tri-Star de la Eastern Airlines, que se estrelló el 29 de diciembre de 1972. Luego del accidente fueron vistos los fantasmas del piloto y copiloto.

Esa sensación constituye también un rasgo típico de los casos de actividad poltergeist, aunque los poltergeists son muy distintos de los fantasmas convencionales: hacen que se muevan los objetos, pero no son visibles. Se ha informado de apariciones asociadas con actividad poltergeist, pero nadie ha visto todavía a un fantasma arrojando un objeto.

Por otra parte, los fantasmas suelen ser vistos por más de una persona al mismo tiempo, aunque no necesariamente por todos los presentes. Esto suele ser suficiente para descartar la posibilidad de engańo o error, pero la verdadera naturaleza de la aparición sigue siendo un misterio. No tiene por qué ser necesariamente un espíritu desencarnado; podría ser un fenómeno “intersubjetivo”, creación conjunta de las mentes de quienes lo ven.

Una aparición suele proporcionar pruebas claras de su naturaleza no física. Puede atravesar paredes; a veces aparece y desaparece por puertas también fantasmales que se abren y se cierran mientras las puertas “reales” permanecen cerradas; puede ser transparente y desvanecerse.

Sin embargo, parece claro que esos inasibles espectros pueden ser registrados por una película fotográfica. Existen, como hemos visto, muchas fotografías de fantasmas, aunque pocas son convincentes. El fraude es cosa tan corriente en el campo de la fotografía psíquica, que se ha prestado poca atención a los pocos ejemplos que podrían ser auténticos. Un caso muy impresionante es el que ocurrió en 1936 en Raynham Hall (Norfolk, Inglaterra), en casa del marqués de Townshend. Un fotógrafo profesional y su ayudante estaban tomando fotografías de la casa. Mientras fotografiaban la escalera, el asistente dijo haber visto una figura fantasmal que bajaba por ésta. Y la foto tomada en ese momento, auténtica y no manipulada en opinión de los expertos que la examinaron, muestra, de hecho, una figura borrosa. Se supone que desde hace tiempo una “dama de marrón” frecuenta aquella casa. Fue vista simultáneamente por dos testigos en 1835. Más tarde, otro testigo le disparó con una escopeta. Pese a esta mala acogida, fue vista de nuevo en 1926 por lord Townshend y dos testigos más.

Pero tanto si se basa en fotografías como en testimonios hablados y escritos, no siempre resulta fácil, para los “cazadores de fantasmas”, llevar a cabo su tarea. En un mundo ideal, se dispondría de fondos, personal y equipo suficientes para realizar una investigación tan rigurosa como la que hace la policía ante un asesinato. Pero esos fondos no existen, y esta tarea suele quedar en manos de investigadores independientes, muchos de los cuales se ganan la vida escribiendo acerca de sus experiencias.

Bol Loft (arriba) y Don Repo (abajo), piloto y copiloto, fueron vistos en varios aviones Tri-Star, todos ellos contenían piezas de repuesto del avión estrellado.

A pesar de todo, éstos hacen a menudo una labor muy meritoria investigando los acontecimientos tan pronto como ocurren. En los ańos 70, concretamente, dos casos fueron investigados de forma muy minuciosa y fiable. Uno de ellos consistía en una serie de apariciones a bordo de varios aviones Jumbo de una línea aérea norteamericana.

Espectros del Aire.
Un Tri-Star de la Eastern Airlines (vuelo 401) se estrelló en un pantano de Florida en diciembre de 1972; murieron 101 personas. Los fantasmas del piloto, Bob Loft, y de su ingeniero de vuelo, Don Repo, fueron vistos en más de veinte ocasiones por miembros de tripulaciones de otros Tri-Stars de la misma compańía, especialmente en aviones que llevaban piezas de recambio recuperadas del avión que había sufrido el accidente. Las apariciones eran descritas, invariablemente, como total mente naturales. Informaron de ellas tanto hombres y mujeres que habían conocido a Loft y Repo, como otros que les reconocieron después en fotografías. El hecho llegó a ser bien conocido en el mundillo de la aviación, y hasta apareció un relato de los hechos en el boletín de la US Flight Safety Foundation en 1974.

El escritor John G. Fuller realizó una investigación exhaustiva del caso, con la ayuda de varios empleados de las líneas aéreas, quienes le proporcionaron gran cantidad de testimonios convincentes. Algunos afirmaron que los libros de vuelo que mencionaban las apariciones habían sido retirados, y que algunos de los testigos habían sido amenazados con una visita del psiquiatra de la compańía. Además, se realizó una sesión espiritista en presencia de la viuda de Repo, tras la cual ésta quedó convencida de que su marido seguía “existiendo”. Este caso hubiera podido ser casi perfecto, si la compańía aérea hubiese cooperado, pero -comprensiblemente, desde luego-, no lo hizo.

Ojalá los futuros fantasmas sean tan visibles e informativos como Loft y Repo, y los futuros investigadores sean tan decididos como los que actuaron en este caso. Los espectros, sin duda, continuarán ofreciendo entretenimiento a los periódicos y a las pantallas, y los cazadores de fantasmas seguirán siendo considerados por algunos como unos maniáticos más o menos inofensivos. Sin embargo, el tema es serio, y posee un tremendo significado potencial: cuanto más sepamos de los fantasmas, mayor será nuestro conocimiento de la mente humana y de la materia.

Proyección Astral

Proyección Astral, proyección PES y proyección espontánea son los términos que designaba al mismo fenómeno: una experiencia en la que una persona deja su cuerpo físico y parece contemplar el mundo exterior desde una posición completamente separada de él. Ha sido discutida ampliamente , tanto en revistas psíquicas como médicas, y parece ser relativamente común.

Las circunstancias en que ocurre una EEAC (viaje astral) varían considerablemente. El stress parece ser una de los elementos coadyuvantes, y muchas personas han informado que experimentaron la sensación de abandonar sus cuerpos cuando se sometían a una operación, después de un accidente o cuando estaban gravemente enfermas. Pero hay numerosos casos de personas que estaban durmiendo, o haciendo sus tareas habituales, como ir de compra o regar las plantas, cuando ocurrió la experiencia.

De los relatos de quienes han vivido una EEAC se desprende que la sensación general, al principio, no se distingue el estado físico habitual, salvo por una sensación de agradable bienestar. Algunos sujetos han mencionado que su “fantasma” o cuerpo “astral” parece quedar unido a su cuerpo físico por un delgado cordón, que les permite volver a su estado normal.

La palabra “astral” se usa para describir un segundo cuerpo dentro del cuerpo físico. Es una copia exacta de la versión de carne y hueso, pero está compuesto por material más sutil, de apariencia luminosa. Se pretende que es capaz de separarse del cuerpo físico y desplazarse atravesando objetos sólidos. El cuerpo astral exige en lo que se llama el plano astral, que incluye el mundo cotidiano pero se extiende más allá de él. Hay quien dice también que sobrevive  a la muerte.

En la literatura antigua abundan las referencias al cuerpo astral. Antiguos escritos indios hablan de ocho siddhis (poderes supranormales) que pueden ser adquiridos mediante la meditación. El sexto siddhi es “volar por el cielo” que, presumiblemente, indica la proyección astral. Una creencia religiosa común a algunas culturas es que el shaman (una especie de médico-sacerdote) puede dejar su cuerpo a voluntad y acompańar las almas de los muertos a la tierra de los antepasados tribales. Según se desprende de algunos dibujos, parece que los antiguos egipcios creían que el plano astral era accesible por 10 portales y 7 puertas. Pensaban que el alma o cuerpo astral era un pájaro, in dependiente de la gravedad (un alma débil era simbolizada por un ratón).

Entre las muchas referencias bíblicas a la proyección astral, san Pablo describe a un hombre al que conoció, quien: “tanto en el cuerpo como fuera de él, Dios lo sabe, fue arrebatado al paraíso y oyó palabras indecibles, que no es lícito a un hombre pronuncia” (2 Corintios 12,3).

Creencias difundidas
La idea moderna de que no se debe despertar a un sonámbulo puede proceder de la primitiva creencia de que hacerlo impediría la vuelta del alma, o cuerpo astral. Aún más aterradora es la creencia, común en Haití, de que el alma puede ser robada por seres malvados y su dueńo esclavizado; los zombies de Haití son, de acuerdo con la tradición, cuerpos sin almas.

Grabado Egipcio
Los antiguos egipcios creían que el cuerpo astral o ‘ba’ era un pájaro con rostro humano.

En 1978, Dean Shields, profesor de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos), publicó los resultados de su estudio, en diversas culturas, de las creencias en las EEAC. Recogió información de casi 70 culturas no occidentales y reveló que la creencia en las EEAC aparecían en alrededor del 95 %. Pese a no dar por concluida su investigación al respecto, el profesor Shields observó que Ťla casi universalidad de la creencia en EEAC y la consistencia de las creencias es notableť.

La idea del cuerpo astral también goza de una historia larga e ininterrumpida en Occidente; los eruditos medievales se referían al alma como el anima divina o anima humana. El Purgatorio de Dante (canto 25), escrito en el siglo XIV, dice que después de la muerte, el alma “emite a su alrededor su poder creador, parecido a su forma viviente en contorno y tamańo… el aire circundante adopta la forma que el alma le impone”.

Uno de los pocos hombres cuya facultad de trasladarse astralmente era reconocida por la Iglesia Católica fue san Antonio de Padua (1195-1231). San Antonio era un monje franciscano de origen portugués que ganó gran reputación como predicador en Italia y el sur de Francia. Es el santo patrono de los pobres y a menudo se le solicita la recuperación de los bienes perdidos.

Se cuenta de san Antonio que un día, en 1226, cuando predicaba en una iglesia de Limoges, recordó súbitamente que debía estar hablando en otra iglesia, en el otro extremo de la ciudad. San Antonio interrumpió su sermón, cubrió su cabeza con la capucha y se arrodilló en silencio durante varios minutos. Durante ese tiempo, los monjes que estaban en la otra iglesia vieron aparecer al santo que explicó su lección y después desapareció como había llegado. San Antonio volvió a su cuerpo arrodillado y continuó el sermón.

Durante los últimos siglos, muchos escritores importantes han descrito sus propias experiencias de proyección espontánea o la de sus colegas; entre ellos figuran Walter de la Mare, T. E. Lawrence, Jack London y Guy de Man passant. Ernest Hemingway experimentó la sensación de abandonar su cuerpo cuando fue herido por metralla durante la primera guerra mundial:

… .mi alma, o algo, saliendo de mi cuerpo, como si sacaras un pańuelo de seda de un bolsillo tirando de una esquina. Voló por allí y después volvió y se metió dentro y yo ya no estuve muerto.

El fenómeno de la EEAC plantea considerables problemas a filósofos y psicólogos. Muchos escépticos afirman que la idea de haber sufrido una EEAC debería ser considerada una alucinación o ilusión. Pero quienes han te nido esas experiencias afirman con firmeza que tuvieron lugar realmente. Aun cuando estaban inconscientes en el momento de la experiencia, algunas personas han descrito después lo que sucedía a su alrededor y quienes estaban presentes han confirmado sus relatos. Los sujetos tienen plena conciencia de que están en un estado exterior al cuerpo.

Muchos sujetos que han experimentado una EEAC mientras estaban en la mesa de operaciones o después de un accidente grave, dicen que la experiencia ha cambiado profundamente su visión de la vida y ahuyentado el miedo a la muerte. Una teoría interesante acerca de es te tipo de proyección o“experiencia casi mortal” (ECM) ha sido propuesta por el doctor Carl Sagan, director del Laboratorio de Estudios Planetarios de Nueva York:

Todo ser humano ha tenido ya una experiencia como la de los viajeros que vuelven del mundo de la muerte: la sensación de huida y la salida de la oscuridad a la luz. Una experiencia en que la figura del héroe puede ser percibida de forma confusa, bańada en resplandor y gloria. Sólo existe una experiencia común parecida a esta descripción. Se llama nacimiento.

En momentos de peligro mortal o stress emocional agudo quizás seamos capaces de recuperar esos recuerdos del nacimiento y, de nuevo, dejar la oscuridad -un cuerpo que sufre- y levantarnos hacia la libertad y la luz.

La experiencia casi mortal
Muchas personas han tenido una EEAC por primera vez cuando sufrieron un accidente grave. En 1964, David Taylor y un amigo pasaban las últimas semanas de su viaje por África del Este y se hallaban en el norte de Tanzania, cuando sufrieron un choque con un camión. David casi murió a causa de sus heridas.

“Habíamos atravesado el parque zoológico y acabábamos de tomar la carretera principal hacia Moshi. Era hacia el atardecer y yo iba medio dormido en el asiento del acompańante.”

“De pronto, mi compańero me despertó, encantado de ver el primer vehículo que encontrábamos en seis horas dirigiéndose hacia nosotros. O mi amigo o el otro conductor debían estar medio dormidos también, porque pocos segundos después los dos vehículos chocaron.”

“Mientras los vehículos colisionaban, descubrí súbitamente que estaba observando la escena a varios metros de altura, en el aire, como si estuviera suspendido sobre la carretera. Vi cómo nuestro Land Rover se estrellaba contra un gran camión. Me vi a mí mismo salir despedido del Land Rover; mi amigo se bajó, ileso, y fue a observar mi cuerpo. También vi cómo se alejaba el camión. Recuerdo que pensé que tenía muy mal aspecto, allí tirado, y que bien podía estar muerto.”

“Lo siguiente que me sucedió fue recobrar el sentido en el hospital de Moshi. Había estado dos días inconsciente, a causa de mis heridas. Conté a mi amigo lo que había visto y me confirmó que había sido un camión lo que había chocado contra nosotros, y que había continuado la marcha. Yo me salvé porque poco después pasó otro coche por la carretera y me llevó al hospital. Esa experiencia, a pesar del tiempo transcurrido, me ha hecho perder el temor a la muerte.

Las caras de Belmez

Bélmez de la Moraleda , un pueblo olvidado de la provincia de Jaén, enclavado en las estribaciones de Sierra Mágina (Espańa), hasta 1971 sólo era conocido por los vecinos de las demás localidades de la zona, igualmente bellas, modestas, tranquilas, entrańables, donde los acontecimientos importantes eran el bautizo del hijo de éste o la muerte del tío de aquél, las lluvias de abril o la sequía de agosto. Pero el nombre de Bélmez dio la vuelta al mundo hace varios ańos, a raíz de uno de los más extrańos fenómenos de que se tenga noticia en Espańa.

La casa de las caras
El número 5 de la calle Rodríguez Acosta, en Bélmez de la Moraleda, corresponde a una casa de pueblo igual a tantas otras. La fachada encalada y el balcón lleno de flores son los de cualquier vivienda andaluza. Es cierto que los vecinos recuerdan que esa casa y la que lleva el número 3 fueron construidas en el emplazamiento de la antigua iglesia y el cementerio adyacente. Según los ancianos del lugar, en el número 3 se registraba actividad poltergeist en tiempos no muy lejanos, y si tenemos en cuenta que muchos ocultistas sostienen que la energía psíquica queda fijada a los lugares donde se ejerció, quizá nos resulte más fácil aceptar el desconcertante fenómeno de las caras de Bélmez.

La historia empezó el 23 de agosto de 1971. Hasta ese momento, ningún fenómeno fuera de lo común había alterado la vida de Juan Pereira Sánchez y de su esposa, María Gómez Cámara, que vivían solos en la casa, pues los hijos estaban casados y habían abandonado el hogar paterno. Pero ese día la mujer advirtió, por primera vez, que en el suelo de la cocina, a poca distancia del fogón, había una cara extrańa. Según contaron después, la “cara” -y las que le siguieron- no apareció de pronto: en el piso de cemento se formó una mancha que fue evolucionando durante unos días hasta llegar a reproducir con fidelidad la apariencia de un rostro humano.

Los due?os de la casa
El matrimonio Pereira, dueño de la casa con su hijo Miguel.

La noticia corrió por el pueblo como un reguero de pólvora, y la sorprendente aparición pudo ser observada por muchos de sus habitantes. Pero esa inquietante cara en el suelo de la cocina atemorizaba a los Pereira, y uno de sus hijos, Miguel, procedió a picar cuidadosamente el lugar donde se encontraba, hasta hacerla desaparecer, y a continuación lo alisó con cemento. El esfuerzo resultó inútil, pues algunos días después, ya en el mes de septiembre, comenzó a aparecer, exactamente en el mismo lugar del suelo que había sido renovado, una nueva cara, de rasgos muy acusados y gran expresividad, que produjo auténtico temor en el desconcertado matrimonio.

Según relataron los dueńos de la casa a los periodistas que los asediaban, las caras no aparecían ya totalmente formadas. Lo primero que podía distinguirse eran los ojos, y después iban surgiendo gradualmente la nariz, la boca y el contorno. Los comentarios y las versiones tomaron tales vuelos que el Ayuntamiento de Bélmez se vio obligado a intervenir: unos albańiles, ayudados por Miguel Pereira, “recortaron” la segunda cara aparecida en el suelo y excavaron hasta llegar casi a los tres metros de profundidad. En el hoyo practicado aparecieron varios huesos humanos, testimonio sin duda del cementerio sobre el cual está construida la casa. La cara recortada por orden del Ayuntamiento, de 40 cm de base por 60 de altura, adorna, protegida por un cristal, la cocina de la familia Pereira. Es quizá la más nítida y definida de las que aparecieron.

Poco después, y una vez cubierto el hoyo con cemento, comenzó nuevamente el proceso. El 10 de septiembre una nueva cara, algo más difusa, aparecía lentamente en el mismo lugar. Miguel Pereira, alarmado, la recortó y volvió a reparar el suelo de la cocina, donde una extrańa fuerza se empeńaba en crear diseńos que sembraban la inquietud no sólo en la familia, sino en el pueblo entero y en el gran número de visitantes que llegaban hasta allí alertados por los medios de comunicación. Pero los esfuerzos del joven fueron inútiles, pues algunos días después apareció una nueva cara, esta vez la de una mujer joven y bella, que poco a poco fue rodeada por otras más pequeńas, a modo de satélites.

Desde ese momento, la familia, resignada, dejó de luchar contra la fuerza desconocida. Más adelante apareció una nueva cara conocida popularmente como el Pelao, que fue retirada del suelo en 1975. Y una vez más, cuando parecía que todo había acabado, volvieron a surgir en el mismo lugar caras que, tras evolucionar lentamente, desaparecieron un ańo más tarde para dejar sitio a nuevas imágenes, de contornos menos precisos, que son las que pueden apreciarse en la actualidad.

żMilagro o fraude?
La polvareda que provocaron las “caras de Bélmez” no se ha disipado todavía. Las explicaciones abarcan todo el abanico de prejuicios y creencias racionales que suelen manifestarse ante cualquier fenómeno que escapa a las reglas corrientes. Milagro, afirmaban unos. Fraude publicitario, sostenían otros. Hubo quien arriesgó la hipótesis de que las caras pertenecían a los difuntos, cuyo descanso había sido perturbado por la construcción de la casa sobre sus tumbas. La pregunta que se planteaba era por qué habían esperado siglos para manifestar su incomodidad. Pero entonces salían a colación los ruidos y gemidos inexplicables que se habían escuchado en la casa contigua cien ańos atrás.

ver foto ampliáda
Las caras, aparecían siempre junto al fogón, aunque el piso fuera picado y recubierto con cemento.

Los investigadores parapsicólogos proponían una teoría más sencilla, desde su punto de vista: alguno de los ocupantes de la casa era un dotado, alguien cuyo subconsciente poseía el tipo de energía que suele producir efectos poltergeist. Sólo que en lugar de provocar desplazamientos, golpes y levitaciones, esa energía modificaba la materia, creando en ella imágenes que expresaban un mensaje que nadie ha sabido descifrar.

El punto de vista de los escépticos se inclinaba por explicaciones más prosaicas. El deseo de notoriedad o de compensaciones económicas podía explicar la creación furtiva de imágenes. El problema era quién… y cómo. Evidentemente, ni el seńor Pereira ni su esposa tenían los conocimientos precisos para representar rostros misteriosos, y las malas lenguas acusaron a un pintor local de ser el autor de las “caras”. Pero el pintor en cuestión pudo demostrar que en el momento de la aparición de las primeras imágenes se encontraba muy lejos de Bélmez, de modo que quizá convenga buscar por otros caminos.

żUna explicación lógica?
Leonardo da Vinci, el más intelectual y analítico de los artistas del Renacimiento, dijo una vez que quien no era capaz de imaginar batallas en una mancha de humedad, no podía ser pintor. Es posible que algunos consideren esta frase como una boutade del genial italiano, pero detrás de ella se esconde una verdad profunda.

El ojo humano tiene una tendencia natural a recomponer las imágenes que registra la retina, a ordenar el caos, por así decirlo. Igual que una nube en el cielo de verano adopta la forma de una montańa nevada, de una bandada de pájaros, de un rebańo de ovejas.., o simplemente de un bocadillo, según la imaginación del que la contempla, una mancha que aparece de forma casual en un suelo de cemento puede adoptar el contorno de una cara, una raya transformarse en una nariz o una sonrisa, y una zona más oscura en la sombra de una barba. Y cuando el primer espectador exclama “ĄMira, si parece una cara!”, está transmitiendo a sus interlocutores su recomposición de esas manchas y rayas, sugestionándolos, en el mejor sentido de la palabra.

En una cocina como la de la familia Pereira hay dos elementos abundantes: hollín y grasa. Dichos elementos pueden depositarse en el cemento húmedo antes de que éste fragüe, difuminándose o concentrándose al azar de un golpe de la llana del albańil. Y a medida que el cemento se endurece, el hollín (pigmento que, por cierto, usaron los desconocidos, remotos y geniales artistas que decoraron la cueva de Altamira, por ejemplo), combinándose con la grasa o rechazado por ésta, puede agruparse configurando formas que después son interpretadas como “caras” por quienes las contemplan.

A esto se objetará que es muy fácil reconocer una cara, que nadie puede llamarse a engańo. Pero también podría sacarse a colación por lo menos un caso famoso de imagen percibida o no, con la misma seguridad, por grupos de personas cultas y acostumbradas a “mirar”: el buitre que Freudveía en Santa Ana, la Virgen y el Nińo, famoso cuadro de Leonardo ubicado en el Louvre. Freudveía con tanta claridad el contorno de un buitre en el perfil de las figuras que escribió un ensayo sobre el tema, analizando las raíces psicoanalíticas inconscientes del artista. Pero muchos de sus discípulos más notables han confesado su incapacidad para distinguir al buitre. Entonces, żno podríamos suponer que quienes vieron en las “manchas” de Bélmez “caras” acabadas tenían simplemente tanta capacidad para recomponer imágenes como el gran psicoanalista Vienés?

Miguel y la cara
Miguel, hijo de los dueños de la casa, con la “Cara” que apareció primero y el removió del piso.

Uno de los argumentos en que se apoyaban los partidarios del origen psíquico de las caras de Bélmez era que se podía raspar la superficie del cemento sin que las imágenes desaparecieran. Si hubiesen sido pintadas por una mano humana, habría pintura en la superficie, afirmaban. Estas personas desconocían, evidentemente, la técnica del fresco, en que los colores, que se emulsionan con la cal, quedan por de bajo de ésta una vez fragua. O sea que es posible que un fresquista hubiese pintado las caras y, una vez secos los materiales, podía rascarse la superficie del suelo sin que se alterara la imagen.

Pero, żquién pudo haber sido el fresquista que trabajó durante meses en casa de los Pereira, creando toda una serie de caras diferentes? żCómo se las arregló para que las caras fueran apareciendo gradualmente? Sus conocimientos de química tendrían que haber sido muy completos y sutiles para obtener semejante efecto. Y puede argumentarse al respecto que una persona con tales conocimientos técnicos no necesitaría de semejante superchería para ganarse la vida o para adquirir notoriedad.

De modo que el enigma sigue en pie. Algunas de las caras, protegidas por cristales como si se tratase de valiosas obras de arte, continúan adornando la casita de los Pereira en Bélmez de la Moraleda, a disposición de quien desee contemplarlas. Y la polémica sigue, y seguirá durante mucho tiempo, entre quienes hablan de ectoplasma y energía psíquica y aquellos que prefieren creer en la astucia de unos y la sugestibilidad de los más.

U 65 el Submarino

Una viga destinada a la eslora de la cubierta mató a un obrero convirtiéndose en la primera víctimade una cadena de extrańas muertes ocurridas en torno a este submarino. Durante las pruebas iniciales de navegación tres tripulantes murieron asfixiados al llenarse de gases la sala de máquinas.

En pruebas posteriores efectuadas junto a una flotilla de submarinos gemelos, las cuales se iniciaron sin problemas, el capitán ordenó la primera inmersión del U-65. El mar estaba en calma y había una brisa suave. Antes de sumergirse, el capitán ordenó a un marinero ir a proa a realizar una inspección de las escotillas, esta era una inspección de rutina, pero en vez de efectuar la inspección, inexplicablemente el marinero saltó por la borda siendo atrapado por el remolino del submarino.

Una vez iniciada la inmersión, el capitán ordenó estabilizar la nave a los diez metros, extrańamente continuó descendiendo hasta chocar con el fondo del mar, quedando inmóvil. Cerca de doce horas permaneció en esta situación en el fondo del mar, y filtrándose el agua. Nuevamente comenzó a llenarse de gases, pero en ese momento, tan extrańamente como se había hundido, comenzó a moverse y ascendió a la superficie.

Luego de estos extrańos sucesos fue enviado a los astilleros para ser revisado en seco. A los pocos días fue declarado apto para el servicio, siendo aprovisionado y armado. Cuando se efectuaba esta maniobra la cabeza de uno de los torpedos estalló, matando al segundo teniente y ocho marineros.

Fue remolcado al dique pero en esos momentos un marinero aseguró haber visto al segundo teniente, muerto en la explosión, de pie en la proa y con los brazos cruzados. Al ser reparado, y antes de iniciar la navegación, otro marinero que deserto aseguró que él también había visto al segundo teniente en el mismo sitio.

Se le ordenó al capitán del U-65 zarpar con rumbo al estrecho de Dover, durante todo el trayecto varios tripulantes aseguraron ver al oficial muerto. Uno de los testigos fue el oficial de servicio, quien aseguró haber visto su fantasma y cómo éste se desvanecía.

Al regresar a la base, ésta se encontraba bajo un fuerte ataque aéreo, lo cual no afectó a la tripulación ya que lo único que deseaban era abandonar la nave.

En los momentos que el capitán bajaba la pasarela, fue muerto al ser alcanzado por la metralla.
Todas estas muertes, que habían sido acalladas por la marina, motivaron que los altos mandos de la marina imperial, para tranquilidad de los marineros, tomara la decisión de ordenar a un sacerdote que exorcizara el submarino.
Pero al parecer no dio resultado, porque en la siguiente misión del UB-65 un tripulante se suicidó, un artillero se volvió loco y el primer maquinista se quebró una pierna.

El 10 de julio de 1918 el L-2, submarino norteamericano, divisó un submarino alemán navegando a la deriva frente a las costas de Irlanda. El capitán del L-2 ordenó maniobrar para atacarlo. Al mirar por el periscopio notó una extrańa figura que permanecía de pie, en la proa de la nave, con los brazos cruzados.
A los pocos segundos una enorme explosión destrozó al U-65.

El U-65 y su tripulación fantasma, tal vez siga navegando los mares.

Poltergeist

La palabra poltergeist deriva de dos vocablos alemanes: un término folklórico, polter, que significa “ruido”, y geist, que significa “espíritu”. Los poltergeist son, pues, literalmente, “espíritus ruidosos”. Y sean o no espíritus, al menos se manifiestan de múltiples y escandalosas formas: ruidos misteriosos, olores desagradables, muebles que se desplazan por su cuenta, fríos súbitos, voces inexplicables, objetos que aparecen y desaparecen, levitación incontrolada de las víctimas.., todo esto son síntomas de lo que suele denominarse “actividad poltergeist”. Se trata de un campo fenómeno lógico muy amplio, que a veces es difícil deslindar de otros fenómenos de índole parapsicológica. El desarrollo de las investigaciones psíquicas y de la parapsicología durante los últimos cien ańos ha introducido un término más complicado para describir el fenómeno poltergeist: psicokinesis espontánea recurrente (Pker).

Los del tipo decimosexto son espectros que en algunos momentos y lugares o casas se proponen causar diversas conmociones y molestias. Algunos molestan durante el descanso con entrechocar de cazos y arrojando piedras; otros tiran del colchón, haciéndote caer de la cama.

Aunque en la actualidad hay gente que sostiene que la Pker puede ser atribuida a la actividad de espíritus “elementales”, en general se suele aceptar que tiene un origen natural, no sobrenatural. Pero seguimos sin conocer a ciencia cierta las causas y los motivos.

Las actividades poltergeist suelen presentar rasgos comunes en muchas de sus manifestaciones. Golpes y llamadas misteriosas son a menudo las primeras indicaciones de la presencia de un poltergeist. El reverendo Joseph Glanvilí registró en 1666 un famoso caso de es te tipo, caso que popularmente se conoció como “el tamborilero de Tidworth”. Dos nińas ocupaban un dormitorio del que salía un extrańo tamborileo. Los escépticos decían que eran las nińas las causantes del ruido, pero una investigación del caso demostró que eran total mente ajenas al repiqueteo, puesto que sus manos estuvieron siempre a la vista de los numerosos testigos. Este ejemplo es en cierto modo un “clásico”, puesto que está suficientemente documentado como para que no quepan dudas sobre la autenticidad del fenómeno, aunque nunca ha podido explicarse por medios racionales. En 1848, en Estados Unidos, el célebre caso de las hermanas Fox pareció con firmar que los golpecitos eran la primera indicación de la actividad poltergeist. Este caso provocó, además, la fundación del movimiento espiritista, cuando algunos testigos supusieron que determinados espíritus estaban tratando de comunicarse a través de las dos chicas.

Otro efecto frecuente de la actividad poltergeist consiste en el desplazamiento de diversos objetos. Hay infinidad de ejemplos de este fenómeno, que puede tomar diversas variantes. Así, los periódicos informaban el 23 de junio de 1981 de que los relojes situados en una peluquería de Cullera (Valencia, Espańa) adelantaban misteriosamente hasta 4 horas sin que nadie los tocara. Se habían llegado a colocar en el interior de la peluquería 7 u 8 relojes que funcionaban bien, y todos ellos adelantaron varias horas. Incluso se dejó un reloj de pulsera sin mandos, para que no pudiera ser manipulado, pero adelantó también varias horas.

Otras veces se trata de objetos que aparecen y desaparecen, sin motivo aparente, en diferentes partes de la casa, o incluso objetos que, literalente, vuelan delante de los ojos de los asombrados testigos.

Las voces desconocidas son también un rasgo común de la Pker. Se han postulado varias teorías para explicar este fenómeno; quizá la más posible sea la de un médico francés del siglo XIX Gilles dc la Tourette, quien identifico algunos síntomas de trauma y stress grave en víctimas de poltesgeist y clasificó estos fenómenos como formas de copropraxia (deleitarse con el uso de un lenguaje obsceno o utilizarlo de forma inapropiada) y ecolalia (repetición carente de sentido de modelos de lenguaje). Observó que algunos de sus pacientes, además, “hacían gestos obscenos”. Según ésta y otras teorías, el impulso sexual o libido, podría hallarse en la raíz de muchas experiencias de Pker.

En el siglo pasado se supuso que las nińas en el umbral de la madurez sexual eran las culpables de todos los incidentes misteriosos, y, ciertamente, buena parte de los casos de Pker están relacionados con nińas que llegan a la pubertad. Sin embargo, actualmente resulta difícil de admitir que sea este el único agente de las molestias. Este nuevo planteamiento del problema ha ayudado a que se conozcan más casos de poltergeist en que están involucrados nińos o incluso hombres, hechos y derechos hace cien ańos, Las víctimas masculinas de la Pker solían ser ignoradas, puesto que contradecían la hipótesis aceptada universalmente. En un caso muy famoso, el del dotado inglés D. D. Home, que fue investigado a fondo, se llegó incluso a decir que debía de tratarse de un homosexual.

Lo cierto es, sin duda, que los desajustes sexuales pueden aumentar la capacidad sensitiva de algunas personas; algunos casos recientes sugieren que la Pker puede estar relacionada con las frustraciones y la angustia. Un caso de este tipo ocurrió en Baviera, Alemania en 1967. Una cantidad de incidentes inexplicados fueron observados en el bufete de un abogado, acompańados por un alarmante aumento del importe de la cuenta del teléfono. Las compańías de electricidad y teléfonos fueron avisadas y se les pidió que revisaran las instalaciones del edificio. Un examen reveló que el número de la hora se activaba por si solo. Un conocido parapsicólogo encontró el origen del incidente en una chica de 19 ańos llamada Anne-Marie. Esta tenía un notable efecto sobre las máquinas de la oficina que. Según confesó, no le gustaban: a su paso se derramaba el líquido de las fotocopiadoras, mientras que otros aparatos parecían enloquecer. Al parecer, Anne-Marie no se sentía satisfecha con su trabajo. La única explicación posible para el vertiginoso aumento de la cuenta del teléfono era que Anne Marie se aburría y, mentalmente, miraba la hora, activando así el número de la información horaria. El día que Anne-Marie se casó, todos los incidentes cesaron por completo.

Madame V

El principal testigo de este caso fue una seńora, quien confió sus notas escritas a Robert Tocquet, rogándole que no revelase su nombre, a medida que se desarrollaban los hechos. Por sugerencia de Tocquet, “Madame V.” trató de hacer algunas atrevidas experiencias en un gran caserón del siglo XVII, Le Prieuré (El Priorato), donde tuvieron lugar los hechos. Allí, efectivamente, había residido una comunidad de frailes, que fue disuelta durante la Revolución Francesa, y su prior fue torturado y muerto.

“Madame V.” quiso pasar una temporada de descanso en el lugar arriba mencionado, le Prieuré. El día 6 de julio de 1955 se alojó allí con sus dos hijos, de veinte y treinta ańos, cuyos nombres respectivos eran Jean y Gaston. A los cuatro días de estar instalados allí, el fantasma de un monje encapuchado y sin manos se apareció a la seńora en su habitación, que había sido, en tiempos pasados la habitación del prior.

“Madame V.” relato su experiencia:
Aquella noche del 10 de julio, vi por primera vez vagar por mi habitación una sombra oscura, formada por una niebla opaca, detrás de la cual parecía haber una luz. Aquella sombra, de forma  humana, llevaba una larga vestimenta, un manteo, y parecía tener la cabeza cubierta por una capucha.

La sombra avanzó lentamente hacia mí. Presa de espanto, me senté en la cama, con la espalda contra la pared y la garganta seca. Estaba helada pero al mismo tiempo sudaba. Quise levantarme, gritar, pero ningún sonido salía de mi boca: un terror indescriptible me mantenía clavada allí.

La sombra avanzó hasta situarse ante la chimenea, entonces se arrodilló y yo sentí el golpe de sus rodillas contra el pavimento. Se prosternó tres veces, con las mangas juntas, en un gesto de súplica. Después de permanecer mucho tiempo arrodillada, se prosternó de nuevo tres veces más, se alzó poco a poco y se encaminó hacia la puerta de una pequeńa habitación que se encuentra al lado de una alcoba. Pocos segundos después noté como la caída de un cuerpo a tierra, dentro de la pequeńa habitación.

La pobre seńora pasó el resto de la noche despierta, mientras su corazón latía desordenadamente. La luz del día, por fin, entró en la habitación y la seńora se levantó para ir al jardín, donde lucía un sol radiante.
Pasaron unas cuantas semanas sin que nada sucediera. “Madame V.”, interiormente, deseaba el retorno de la aparición, porque lamentaba no haber trabado conversación con ella. Este deseo, no formulado, no tardó en cumplirse. Una tarde, cuando ya se había acostado, la puerta de la habitación se abrió lentamente y el espectro del viejo monje entró. Traía consigo un fuerte olor a moho, a tumba. Muy espantada, la seńora vio que la aparición lloraba; sus espaldas se sacudían como si sollozase, y por tres veces, dio golpes en el suelo con la cabeza. Cada vez, una voz extrańa, indescriptible, que parecía venir de lejos, decía: “Dios mío, misericordia, tened piedad de mí; tened piedad, Dios mío, perdonadme, Jesús.”

Se inició entonces un extraordinario diálogo entre la seńora y la aparición: ésta comenzó por recriminarla por alojarse en un lugar que pertenecía a los religiosos; después le hizo una serie de profecías. Dijo que el globo terrestre estallaría por la locura de los hombres; Europa, Asia y África se sumergirían y no quedaría emergida más que la parte sur de América.

Fotografía del supuesto fantasmaLuego el fantasma habló de un cautivo al que había dejado morir en un calabozo; en otras entrevistas con la seńora, le habló de una imagen de la Virgen que estaba rota y enterrada en un lugar del jardín -donde, efectivamente, fue encontrada- y dijo que a él lo habían matado los revolucionarios, que le cortaron las manos y lo emparedaron. Rogó que rezasen por él.

Los hijos de “Madame V.” terminaron dándose cuenta de que a su madre le pasaba algo: adelgazaba, estaba pálida y mostraba un gran desasosiego. Aconsejada por Tocquet, la seńora habló finalmente de la aparición a sus hijos, que de momento no le creyeron… hasta que Jean, el pequeńo, también lo vio, cosa que le trastornó de sobremanera. Tocquet les dijo entonces que trataran de fotografiar al fantasma y, si les fuese posible, lo tocaran. Ambas cosas se realizaron: el fantasma fue fotografiado dos veces por Jean el 26 de octubre de 1959, y a finales de noviembre, la seńora se tropezó con el monje espectral en un relleno de la escalera y, sin pensarlo dos veces, toda ella en tensión, le puso la mano a la altura de la cintura, aunque eso si, con los ojos cerrados. Inmediatamente sintió un violento golpe en el mismo lugar de su propio cuerpo, y después un frío glacial, que casi la ahogaba, mientras la forma se disgregaba ante ella y ante Jean, que había asistido a la escena desde el pie de la escalera. Casi inmediatamente las manos de la seńora se hincharon y notó un dolor intenso,como de quemaduras producidas por el frío. La hinchazón y las pequeńas quemaduras duraron muy bien un par de meses y tuvieron ocasión de ser examinadas por Robert Tocquet. “El fantasma estaba formado por una especie de vapor glacial, ligeramente viscoso. Por debajo no había nada; ningún esqueleto, que era lo que yo pensaba encontrar”, explicó la seńora al parapsicólogo.

ż Realidad o Fantasía?