Tecnologia de los dioses

La hazańa técnica que hizo posible la construcción de las estructuras megalíticas europeas resulta admirable; tanto, que se ha querido atribuir repetidamente un origen sobrenatural a esta actividad de nuestros antecesores históricos. Sin embargo, es difícil responder a las cuestiones que suscita el megalitismo; por ejemplo, a la pregunta de René Noorbergen: “żSerá posible que la ciencia antediluviana (o lo que sobrevivía de ella en tiempos de Stonehenge) incluyera un método para vencer la ley de la gravedad?”

Indudablemente, el intento de reconstruir los métodos que usaban los constructores del pasado conlleva muchos riesgos. Existe el peligro de entusiasmarse con una técnica sin hacer verificaciones experimentales rigurosas, o de sacar conclusiones a partir de experimentos en pequeńa escala. El explorador noruego Ihor Heyerdahl incurrió en parte en este error cuando intentó reproducir las hazańas de los constructores de estatuas de la isla de Pascua.

En 1956 se quiso demostrar que las estatuas de la isla de Pascua, fueron hechas sin problemas por sus antiguos habitantes, pero ademas de romper la estatua usada, no se dieron cuenta que usaron cuerdas modernas para levantarla.

La isla de Pascua es un punto remoto en el océano Pacífico, la más oriental de las islas de Polinesia. La isla está cubierta de sus famosas y originales estatuas, con cabezas gigantescas y sin piernas. Se conocen unas 1.000, por lo menos. De ellas, algunas yacen aún en las canteras, de donde no fueron retiradas; otras están estropeadas y mutiladas; pero la mayoría se yerguen sobre la isla rocosa y estéril. Miden entre 4 y 5 metros, y muchas de ellas pesan 20 toneladas. żCómo fueron trasladados estos monstruos pétreos hasta sus actuales emplazamientos?

Heyerdahl se había especializado en demostrar lo “indemostrable”: él fue quien, con la expedición de la Kon-Tiki, realizó una travesía del Pacífico desde Perú a Polinesia con medios tecnológicos muy primitivos, y aclaró el posible parentesco entre el arte incaico y el polinesio. Posteriormente (en 1956), en el transcurso de sus trabajos en la isla de Pascua, intentó responder a esta otra pregunta. Organizó a una docena de habitantes de la isla para que trasladaran una estatua y la levantaran. Tardaron 18 días, pero al final lo lograron.

żDioses que andaban?
Esta hazańa fue justamente criticada, y se la considera una contribución poco relevante para resolver el enigma de la isla de Pascua. La cabeza que se trasladó era una de las más pequeńas (pesaba menos de 15 toneladas). Fue desplazada sólo unos 100 m. por un terreno liso y arenoso, y con la ayuda de sogas modernas. Esto tiene poco que ver con el viaje de 6,5 km que hizo la mayor de las estatuas de la isla, un gigante de 80 toneladas. Las estatuas tampoco sufrían dańos cuando eran levantadas, mientras que el grupo de Heyerdahl estropeó la cabeza de la estatua que transportó.

Pero ni las teorías de los sabios cómodamente sentados en sus poltronas, ni los penosos experimentos llevados a cabo in situ por Heyerdahl y otros, logran desvanecer las dudas que emanan del impresionante paisaje de la isla de Pascua, ni la idea de que esos antiguos dioses (si eso es lo que eran) “anduvieron” hasta sus emplazamientos definitivos por medios que no logramos comprender, y allí quedaron petrificados.

Y hace falta aguzar aún más el ingenio para descubrir la forma en que fueron construidas las ciudades y fortalezas de los Andes. Tiahuanaco se halla a 4.000 m sobre el nivel del mar, una altitud que los visitantes sienten en sus pulmones si no han nacido en aquellas alturas. La ciudad, situada en el territorio actual de Bolivia, no está lejos del lago Titicaca. Nadie sabe con exactitud cuándo fue construida: quizá entre los ańos 200 y 600 de nuestra era; quizá antes; quizá después. Sus templos son macizos e impresionantes. Los bloques que los componen son enormes (algunos pesan 100 toneladas). Se han encontrado las canteras de donde provienen, y están a distancias que oscilan entre los 100 y los 200 km.

żEsclavos y hombres libres?
No existe ninguna representación gráfica de los trabajos de construcción de Tiahuanaco. Parte de las piedras, por lo menos, fueron traídas a través del lago, durante la estación en que sus aguas crecen. Pero otras tienen que haber venido por tierra; quizá se construyeron rampas lubricadas con arcilla húmeda para hacer subir las piedras por las cuestas. La ciencia convencional sostiene que si éste no fue el sistema empleado, tuvo que ser otro parecido. Sabemos tan poco de la sociedad que construyó Tiahuanaco, que es posible suponer que grandes cantidades de esclavos u hombres libres pudieron haber tirado de los bloques.

Pero tampoco podemos criticar a la ligera a los teóricos menos convencionales cuando éstos descartan estas conjeturas y en cambio recuerdan las leyendas que los incas contaron a los espańoles en el siglo XVI. Esas leyendas afirmaban que Tiahuanaco fue construida por seres barbados de piel blanca, dirigidos por el dios Tiki Viracocha. Thor Heyerdahl bautizó Kon-Tiki a su balsa porque creía que ese mismo pueblo se había hecho a la mar en dirección al oeste, para fundar la sociedad constructora de estatuas de la isla de Pascua. Así quedan vinculadas las habilidades casi mágicas de los pobladores de Pascua con la supertecnología de la que parecen dar fe las ruinas de Tiahuanaco.

Heyerdahl sostiene que los primeros colonizadores usaban balsas, y no cree en la posibilidad de una intervención extragaláctica. Erich von Daniken, en cambio, afirma que los seres de cuatro dedos que aparecen grabados en algunas piedras de Tiahuanaco son retratos de antepasados de cuatro dedos que llegaron desde el espacio. Para terminar con estas especulaciones, seria necesario que algún arqueólogo demostrara que las explicaciones convencionales son factibles organizando el transporte de un bloque de 100 toneladas por un terreno irregular (bosques y ríos incluidos) en una distancia de 160 km.

La única de las siete maravillas del mundo antiguo que sigue en pie, la gran pirámide de Gizeh, a unos kilómetros al sudoeste de El Cairo, ha sido objeto de especulaciones durante siglos. Fue construida en el siglo XXVI a.C. para el faraón Keops. Mide 137 m de altitud sobre el suelo de roca nivelada, y su base cubre un área de 5,2 ha. Se calcula que la pirámide está compuesta por 2.500.000 bloques de piedra arenisca, que pesan unos 6,5 millones de toneladas. Cuando estaba recién construida, la tumba real resplandecía de blancura, ya que estaba forrada de piedra caliza alisada; este recubrimiento fue objeto de pillaje hace mucho tiempo.

żCómo se levantó esa estructura? Escritores como René Noorbergen y Erich von Daniken afirman que 2 millones y medio de bloques, con un peso promedio de 2,5 toneladas, no pudieron ser transportados y manipulados por 100.000 hombres (cifra que proporciona el historiador griego Herodoto) durante los 22 ańos que duró el reinado de Keops. Siguiendo con las estadísticas, Noorbergen llega a la conclusión de que estamos hablando de un proyecto que requirió por lo menos un millón de personas, es decir, un tercio a la mitad de la población estimada de todo Egipto alrededor del ańo 2700 a.C.

Noorbergen también habla mucho de la cantidad de madera necesaria para construir las barcazas que traían los bloques por el Nilo desde lugares tan lejanos como Asuán (960 km), y para los deslizadores o rodillos con los que eran colocados en su posición. Asegura que “los matemáticos nos dicen que se hubiesen necesitado 26 millones de árboles para fabricar la cantidad necesaria de balsas y rodillos.”

Sin embargo, no hay que perder de vista el hecho de que la mayor parte del núcleo de piedra arenisca de la gran pirámide fue extraído de canteras locales, de modo que no fue necesario traerlo desde tan lejos.

Aunque sumamente interesantes, los argumentos de Noorbergen no confirman en absoluto que las pirámides fueran anteriores al diluvio, ni que fueran construidas con una supertecnología actualmente perdida. De hecho, el desarrollo de las técnicas de construcción egipcias puede ser seguido a lo largo de los siglos.

Las hazańas de los antiguos maestros de obras pueden hacernos pensar que disponían de fuerzas enormes, de las que no sabemos nada: los talentos característicos de la raza humana (fuerza de voluntad, inteligencia, destreza y experiencia) no bastan para justificar ciertos hechos, como la existencia de baterías eléctricas de 1.500 ańos de antigüedad, o el hallazgo de artefactos de metal en lo más profundo de rocas antiguas. No hay duda que la tecnología antigua permanece en gran parte inexplicada.

Inventos de Otros Tiempos

En un museo de El Cairo se exhibía un pequeńo modelo de madera. Nadie tenía dudas acerca de lo que representaba: una simple ojeada bastaba para distinguir las alas, el plano de deriva, la cola y el sólido y voluminoso cuerpo de algún tipo de avión. El cuerpo de este modelo tenía una longitud de algo menos de 15 centímetros y su envergadura era algo mayor de 18 centímetros. Había sido construido con una madera de sicómoro, muy ligera, y cuando uno lo disparaba al aire con la mano, volaba una corta distancia.

Planeador egipcio
Planos del supuesto planeador egipcio que data del año 200 ac.

El ver un modelo como éste en un museo de ciencia no hubiera sido una sorpresa. Sin embargo este modelo ocupaba un lugar privilegiado en el Museo de Antigüedades de El Cairo, y estaba fechado alrededor del ańo 200 a.C.

Esta pieza antigua constituye un desafío notorio a nuestras ideas acerca del desarrollo de la tecnología. Y es tan sólo uno de los innumerables enigmas que replantean la discusión acerca de los conocimientos científicos y de ingeniería de nuestros antepasados.

Cuando en 1898 -cinco ańos antes de que los hermanos Wright llevaron a cabo con éxito su primer vuelo a motor- se encontró este modelo en una tumba de la antigua ciudad egipcia de Saqqara, nadie lo relacionó con la idea del vuelo artificial. Fue almacenado en una caja que contenía figuras de pájaros. En 1969 lo redescubrió el doctor Kahlil Messiha, y quedó asombrado, dada su evidente semejanza con un avión moderno.

Un comité de expertos arqueólogos e ingenieros aeronáuticos estudiaron el modelo. Destacaron el arco de sus alas -la curvatura de la superficie superior que ayuda al avión a elevarse- y la inclinación hacia abajo de los extremos de las mismas, que proporciona estabilidad. Llegaron a la conclusión de que la pieza era un modelo a escala de un avión de tamańo normal. Debía tratarse de un “planeador motorizado” diseńado para transportar pesadas cargas a poca velocidad, probablemente a menos de 95 km/h. Podría haber sido impulsado por un motor montado en la parte trasera, en el lugar donde ahora la cola del avión aparece rota.

Aviones prehistóricos
Objetos originales de Sudamérica, entre los siglos V y VIII. Ambos tienen una gran similitud con aviones actuales.

El comité estaba tan convencido de la importancia de su hallazgo, que lo colocaron en lugar destacado en el museo de El Cairo. En otras tumbas se encontraron más de una docena de “planeadores” similares. żPodía tratarse verdaderamente de modelos de antiguos aviones?

El escepticismo que la mayoría de las personas expresan respecto a la idea de antiguos aeronautas -posiblemente tan chocante como la idea de antiguos astronautas- sufrió un duro golpe cuando se descubrió que también en América, es decir, en el otro lado del mundo conocido, se habían hallado modelos aéreos pertenecientes al primer milenio después de Cristo.

Los supuestos modelos de aviones que han salido a la luz son una serie de pequeńos objetos ornamentales de oro, encontrados en Colombia, Costa Rica, Venezuela y Perú. Un ejemplar fue descubierto en una colección de objetos de arte antiguos de Colombia por Iván T. Sanderson, jefe de la Sociedad para la Investigación de lo Inexplicado, en Estados Unidos. Se trataba de un colgante de 5 centímetros de longitud. Los arqueólogos colombianos lo habían clasificado de “zoomorfo”, es decir, con forma de animal. Sin embargo, se parece mucho más a un avión de caza a reacción con alas en forma de delta, que a cualquier tipo de animal o pájaro. Posee unos apéndices triangulares que se parecen muchísimo a las alas de varios tipos de modernos aviones supersónicos, una cola pequeńa y vertical, un plano de deriva, y a un lado de éste hay incluso lo que parece ser un emblema. No obstante, este objeto ornamental se atribuye a los sinu, un pueblo preincaico que floreció desde el siglo V hasta el siglo VIII d. C.

La batería de Bagdad
Una de las piezas de tecnología del pasado más impresionante es sin duda la batería de Bagdad, data del año 250 ac.

Estos objetos se parecen a los aviones a reacción; pero, żhasta qué punto nos sirve de guía esta constatación? El emblema del plano de deriva del modelo colombiano se parece a la letra B semítica. Algunos escritores han pasado de este simple hecho a la conclusión de que este modelo procedía del Oriente Medio.

Interpretaciones poco fundadas como esta última pueden llevar a algunas personas a recelar de todas las afirmaciones arriesgadas acerca de objetos antiguos. No obstante, es absolutamente necesario prestar atención a los descubrimientos de objetos que “funcionan” y cuya fecha nos parece imposible. El planeador de Saqqara constituye un ejemplo; igualmente impresionante es la “batería de Bagdad”.

La parte exterior de la batería consiste en una simple vasija de barro, de algo menos de 15 centímetros de altura. Está taponada con betún en el que se ha montado un cilindro de cobre que penetra en la vasija unos 10 centímetros. El cilindro consta de tiras de cobre soldadas, y está cubierto con una tapa de cobre. En el interior del cilindro se encuentra una varilla de hierro, que se ha corroído adrede tratándola con algún ácido. Esta vasija fue hallada en Bagdad, y por lo visto data de la época de la dominación de los partos en esta parte de Iraq, que duró desde 250 a.C. hasta 224 d.C.

Adornos galvanizados
Figura de oro antigua, que pudo ser galvanizada con energía eléctrica.

Electricidad antigua
Cuando en 1937 el arqueólogo Wilhelm Kónig descubrió casualmente esta pieza en un museo de Iraq, inmediatamente se dio cuenta de cómo podría utilizarse para generar voltaje eléctrico. Experimentos realizados algunos ańos después con réplicas modernas del aparato confirman que pudo ser utilizado con este fin. Para generar voltaje era necesario poner dentro del cilindro un líquido adecuado. Podría haberse utilizado una gran variedad de líquidos, incluyendo el ácido acético o ácido cítrico (los constitutivos básicos del vinagre y del zumo de limón, respectivamente) o una solución de sulfato de cobre. Esto habría generado un voltaje de 1 1/2 a 2 voltios entre el cilindro de cobre y la varilla de hierro. Uniendo una serie de elementos de este tipo (formando una “batería” en el sentido estricto de la palabra) se podría haber aumentado sustancialmente el voltaje.

Lo más probable es que los partos usaran la electricidad para la galvanoplastía. El arte de dorar figurillas databa ya de siglos antes de esta época. Puede que la batería se utilizara para producir voltaje entre la estatuilla de metal y un lingote de oro mientras se sumergía a ambos en un electrolito. El oro era transportado a través del liquido y se depositaba sobre la superficie de la figura en forma de fina capa.

El saber cómo generar una corriente eléctrica podría haber sido un descubrimiento aislado. Los antiguos conocían la electricidad estática: sabían que al frotar el ámbar (en griego, “elektron”) éste atraía objetos ligeros, como pelos o polvo. La técnica de generar corriente eléctrica -es decir, carga eléctrica en movimiento- podría haber sido un descubrimiento igualmente accidental y aislado. Parece que ninguno de los dos descubrimientos condujo a un mayor desarrollo técnico ni al estudio de las causas del fenómeno, a pesar de que algunos entusiastas afirman que los partos -y antes que ellos los egipcios- empleaban luz eléctrica.

Engranajes imposibles
Engranajes de mas de 2000 años, los cuales parece que eran parte de un reloj calendario y astrológico.

Sin embargo, en la tecnología del pasado existen suficientes anomalías, seriamente acreditadas, para que podamos estar seguros de que algunos de nuestros antepasados llegaron a niveles tecnológicos asombrosamente altos.

En el ańo 1900 unos buceadores encontraron los restos de un barco de al menos 2.000 ańos de antigüedad, cargado de tesoros y procedente de la isla griega de Anticitera. Contenía estatuas de bronce y mármol, y es posible que estuviera viajando hacia Roma cuando naufragó (alrededor del ańo 65 a.C.). entre su cargamento se encontró una masa de madera y bronce. El metal estaba tan corroído que tan sólo pudo verse con dificultad que se trataba de ruedas de engranaje y escalas grabadas. Pero en 1954 Derek J. De Solía Price, de la universidad de Cambridge, pudo finalmente deducir que se trataba de un antiguo mecanismo de cálculo análogo, mucho más adelantado que todo lo que hubo en Europa por espacio de varios siglos. En realidad, cuando estaba nuevo, el mecanismo “debió de parecerse mucho a un buen reloj mecánico moderno”.

Reloj
Recién en la época del renacimiento, se pudieron construir relojes con gran cantidad de engranajes, en comparación con los encontrados de 2000 años de antigüedad.

El mecanismo estaba compuesto de por lo menos 20 ruedas de engranaje, apoyadas en una serie de placas de bronce, todo ello montado dentro de una caja de madera. Cuando se daba vueltas a un mango que atravesaba el lado de la caja, las manecillas se movían a velocidades diferentes sobre esferas protegidas por unas puertecillas. Las inscripciones explicaban cómo manejar el aparato y cómo interpretar lo que marcaban las esferas.

El mecanismo indicaba el movimiento de los cuerpos celestes: el Sol, la Luna y los planetas que pueden verse sin ayuda de aparatos ópticos, como Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Seńalaba sus posiciones relativas en el cielo con gran exactitud. Las manecillas indicaban también la hora.

En palabras de Price, “en ningún lugar se ha conservado nada similar a este instrumento. De ningún texto científico o alusión literaria se conoce nada comparable a esto”. Continúa diciendo que “parece probable que la tradición de Anticitera formara parte de un amplio corpus de conocimientos que se perdió para nosotros, pero que conocieron los árabes”, ya que siglos más tarde éstos construyeron calendarios mecánicos e inspiraron a los constructores de relojes de la Europa medieval.

Sin embargo, cabe preguntarse: żes posible que este corpus de conocimientos contuviera algo más? żes posible que los antiguos dominaran unas fuerzas, benévolas o malévolas, que no han permanecido vivas en la memoria de sus descendientes?

Las piedras grabadas del Inca

Loscantos rodados hallados en Ocucaje (Perú) contienen mensajes de un pasado increíblemente remoto. żPor qué temen los arqueólogos aceptar su autenticidad?
 
Corría el mes de Mayo de 1966. Al consultorio del doctor Javier Cabrera, situado en la Plaza de Armas del pueblo de Ica, llegó su amigo Félix Llosa Romero, llevándole un regalo. Se trataba de una piedra ovalada, de color negruzco y aristas redondeadas; tenía grabada en una de sus caras la imagen de un extrańo pez y su peso era mayor del que, a primera vista, correspondía a su tamańo. “Quedará muy bien como pisapapeles en tu escritorio”, dijo Llosa, sin imaginar que su gesto amistoso sería el punto de partida de una larga investigación y de una polémica que iba a dividir a los estudiosos de la arqueología peruana.

 

No era ésta la primera piedra grabada que veía el doctor Cabrera. Treinta ańos antes, en la hacienda de su padre, una máquina que realizaba una perforación había extraído una piedra semejante de las profundidades de la tierra. Los obreros que realizaban el trabajo afirmaron que era una piedra inca; estaban habituados a desenterrar alfarería, metales y trozos de tela que daban testimonio de la orgullosa cultura que floreció en el Perú hasta la llegada de los espańoles. El doctor Cabrera había olvidado el incidente, pero el gesto de su amigo hizo revivir su interés por las extrańas piedras y le preguntó dónde la había obtenido. Llosa le dijo que su hermano poseía una gran colección, proveniente del caserío de Ocucaje, donde un “huaquero” (campesino que realiza excavaciones arqueológicas clandestinas) las extraía por docenas.

Esto despertó la curiosidad del doctor Cabrera quien, a lo largo de los ańos, ha reunido una colección de miles de piedras grabadas. Y, lo que es más, ha realizado una interpretación, tan original como subjetiva, del posible significado de los grabados. Esta interpretación ha sido recibida con gran escepticismo por la arqueología y la antropología convencionales, pero, de ser cierta, revolucionaría todas las ideas actuales acerca de la antigüedad del hombre en la Tierra y también de sus orígenes.

Descifrando las piedras

Grabado de un simio
Una figura semejante a un simio con una cola muy parecida a los conocidos dibujos de Nazca.

El doctor Cabrera descarta con firmeza la posibilidad de que las piedras hayan sido grabadas por los incas. En primer lugar porque -según afirma- las piedras son muy anteriores al período en que los incas vivieron en Perú y, además, porque las piedras dan fe de conocimientos tecnológicos que los incas nunca poseyeron. En su enorme colección, el doctor Cabrera ha clasificado las piedras en diversos grupos, según los símbolos que presentan. Hay series que tratan de temas técnicos, otras de temas médicos, geográficos, antropológicos, zoológicos, etc. Esto no es tan fácil de apreciar para un lego; el doctor Cabrera ha atribuido significados a los símbolos que aparecen con cierta frecuencia en las piedras, y afirma que una pirámide -por ejemplo- simboliza una fuente de energía, mientras una hoja es símbolo de la vida, y una figura humana con determinados atributos representa a un hombre “reflexivo”, mientras si esos atributos faltan se trata de un robot.

Hay series de piedras que describen con todo detalle la evolución de los dinosaurios, desde el huevo hasta la completa madurez; otras que relatan las incidencias de complejas intervenciones, y otras que explican con todo detalle cómo era el planeta Tierra antes de las grandes convulsiones geológicas que le imprimieron su conformación actual.

El doctor Cabrera ha bautizado a las piedras con el nombre de “gliptolitos”   y califica a quienes las grabaron de “humanidad gliptolítica”. A partir de sus interpretaciones de los dibujos grabados en las piedras afirma que esa humanidad gliptolítica fue creada por una raza superior que llegó a la Tierra desde algún lugar del cosmos. Al llegar a nuestro planeta, esa raza no halló vida inteligente, y decidió crearla a partir de un primate emparentado con el lemur, llamado notharcus, que se extinguió hace 50 millones de ańos. En su libro El mensaje de las piedras grabadas de Ica (Inti Sol editores, Lima, 1976), afirma: “Mediante el trasplante de códigos cognoscitivos a unos primates que pertenecían a un tipo de primate muy inteligente generaron hombres.” Aparentemente, las piedras dicen que había varias categorías humanas: los de mayor poder cognoscitivo son los que el doctor Cabrera denomina “hombres reflexivos y científicos”, por encima de los cuales se situaban, por supuesto, sus creadores, los hombres llegados del cosmos.

Esta humanidad gliptolítica decidió fijar sus conocimientos en piedra (y otros materiales como metales preciosos, destruidos por la avaricia humana) para evitar catástrofes a los hombres del futuro y ayudarles a regir su vida de acuerdo con normas sabias y racionales. Uno de los primeros pueblos que lo hicieron fue, según el doctor Cabrera, el pueblo inca.

Una acequia misteriosa

El descifrador de esta “enciclopedia lítica” afirma que los incas la conocieron y, aunque no estaban capacitados para entender su contenido a fondo a causa de sus rudimentarios conocimientos técnicos (pese a haber creado una compleja y eficaz organización social, los incas no conocían la rueda cuando llegaron los espańoles a América) comprendieron que encerraba conocimientos de gran importancia, que no debían trascender al pueblo llano. Entonces, con el propósito de impedir que las inundaciones periódicas del río Ica erosionaran las piedras y arrastraran los yacimientos, el inca Pachacutec mandó construir una acequia que canalizó el exceso de aguas del río. Esa acequia se conoce en Perú como la acequia Achirana, y la leyenda cuenta que el inca la hizo construir porque se había enamorado de Achirana, la hija de un cacique de la zona, y deseaba favorecer a su tribu para conquistar su corazón. Sin embargo, el doctor Cabrera apunta que en esa zona jamás hubo cultivos, ya que durante siglos estuvo cubierta de bosques espinosos, de modo que la acequia sólo pudo servir para preservar las piedras, y la tradición del enamoramiento del inca puede haber sido una cortina de humo destinada a disimular la verdadera finalidad de la obra.

No obstante, resulta evidente que los gobernantes y sacerdotes incas prestaron mucha atención a la iconografía de las piedras, de las que habrían tomado el mito de Viracocha, antepasado mítico de los incas que había llegado por el mar y realizado grandes hazańas; Viracocha se correspondería así con imágenes que aparecen en los gliptolitos, de un hombre dando muerte a un dinosaurio (żo dragón?), símbolo de valor y poderío.

Este contacto de las culturas preincaica e incaica con los gliptolitos explica, para el doctor Cabrera, la mezcla aparentemente arbitraria de objetos mortuorios hallados en las tumbas. En ellas, junto con objetos simples y toscos de la vida cotidiana (cerámica sencilla, mazorcas de maíz, telas rústicas) se encuentran objetos muy elaborados, que denotan una cultura y técnica superiores, como piezas de cerámica con complejos simbolismos, tallas en madera, objetos de oro delicadamente trabajados, telas finamente tejidas; esto significaría que los antiguos peruanos mezclaban los objetos que ellos mismos eran capaces de fabricar con otros, hallados, que habían sido fabricados por los hombres gliptolíticos durante el período terciario.

Por otra parte, Santiago Agurto, arquitecto y ex rector de la Universidad de Ingeniería de Lima, posee también una colección de piedras grabadas, extraídas, al parecer, de diversos enterramientos pertenecientes a las culturas Paracas, Ica, nazca y Tiahuanaco; esto confirmaría la sacralización de que fueron objeto las extrańas piedras por parte de aquellas sociedades.

Todo un manual de ciencia y tecnología

Existe un acuerdo bastante general entre arqueólogos y antropólogos en cuanto a la antigüedad de la especie humana: el hombre apareció en el cuaternario, después de la desaparición de los grandes reptiles, como consecuencia de los grandes cambios climáticos que favorecieron la evolución de los mamíferos en perjuicio de los ovíparos.

Cirujía compleja
Representación de una compleja operación de estómago, mientras que el cirujano opera el órgano fuera del cuerpo, otro aparto mantiene vivo al paciente..

Pero el doctor Cabrera no comparte esta creencia. Basándose en que las piedras grabadas son, geológicamente, andesitas, o sea, piedras que se formaron en el período terciario, afirma que fue en ese período cuando los seres superiores que llegaron del espacio crearon a la humanidad. Hasta el momento, los análisis no han confirmado que los grabados sean estrictamente contemporáneos de las piedras; sin embargo, algunos microorganismos hallados en las ranuras de los grabados sí tienen una antigüedad de millones de ańos. Por otra parte, existen otros indicios, en la propia América Latina, que apuntan hacia una mayor antigüedad del hombre. En Argentina, en el siglo XIX, el paleontólogo Florentino Ameghino afirmó haber encontrado restos humanos en terrenos terciarios. En su momento, estos descubrimientos fueron considerados con escepticismo por el establishment científico. El mismo desinterés mereció un hallazgo, más reciente, del antropólogo Hernao Marín en Colombia: los restos fosilizados de un animal antediluviano (un Iguanodon) aparecieron misteriosamente asociados a un hombre de Neanderthal.

Uno de los elementos que confirman la creencia del doctor Cabrera es una piedra donde está labrado un mapa del mundo tal como era en el período terciario (esta piedra está representada en la portada de su libro, reproducida en página 461). Allí, la forma y la disposición de los continentes es completamente diferente de la actual -algunas zonas parecen coincidir con los desaparecidos continentes de Lemuria y de la Atlántida-, y considerando que la geología no supo hasta fines del siglo XIX y principios del XX que los grandes cataclismos de fines del terciario habían provocado cambios espectaculares en la forma y disposición de los continentes, el doctor Cabrera sostiene que esa piedra sólo pudo ser labrada por hombres que vivieron en un planeta con esa configuración y que, además, poseían los medios técnicos necesarios para recorrerlo y observarlo desde grandes alturas.

Las series de piedras que el doctor Cabrera considera dedicadas a reproducir complejas intervenciones quirúrgicas confirman, en su opinión, esa gran superioridad técnica. Hay gran cantidad de dibujos que representan, en su interpretación, trasplantes de órganos (Ąen algún caso de los hemisferios cerebrales!). El doctor Cabrera asegura que las piedras muestran diversas formas de anestesia (gas, acupuntura) y explican las avanzadas técnicas quirúrgicas de los hombres gliptolíticos. También les atribuye la autoría de tumis (figuras de oro en forma de hacha ritual, con incrustaciones de piedras preciosas, que se han encontrado en tumbas precolombinas) que informan, por ejemplo, sobre el ciclo menstrual femenino. Hay un tumi que, según el doctor Cabrera, forma parte de una serie sobre la patología quirúrgica del ovario.

Por ahora, las teorías del doctor Cabrera no han encontrado demasiado eco en la comunidad científica. Algunos de sus adversarios han llegado a asegurar que Basilio Uchuya, el huaquero que ha proporcionado la mayor parte de las piedras al doctor Cabrera., es el único artífice de las mismas; según esta teoría, Basilio las graba, untándolas después con betún de los zapatos y quemándolas para darles una falsa pátina de antigüedad. Esta ingeniosa teoría no tiene en cuenta la edad de Basilio ni el tiempo que requiere fabricar una de estas piedras. El huaquero podría haber hecho, en toda su vida, unas 10.000; Ąpero son ya cerca de 40.000 las que se han catalogado hasta ahora, y cientos de miles las que se suponen aún enterradas!

También es cierto que la aparición de cualquier grupo de objetos misteriosos representa un negocio potencial. Pero el doctor Cabrera se ha limitado a publicar sin grandes alardes los resultados de sus investigaciones. Además, su pequeńo museo de la Plaza de Armas de Ica no recibe ni mucho menos la avalancha de visitantes que parecería merecer…

Por otra parte, se diría que Basilio prefiere mantener un velo de misterio sobre su hallazgo; no es de extrańar que lo haga, teniendo en cuenta la durísima legislación que afecta a los hallazgos arqueológicos: el humilde huaquero se vería privado inmediatamente de su ya no muy lucrativo modus vivendi.

No obstante, el doctor Cabrera no carece por completo de apoyo. El francés Chanoux, en su obra Enigma de los Andes, aseguraba que las piedras de Ica podrían ser “la biblioteca de los Atlantes que han existido hace 50 millones de ańos”. El periodista espańol J. J. Benítez, en su  libro Existió otra humanidad (Plaza y Janés, Barcelona, 1977), hablaba del hallazgo de dos cerros artificiales que recubrían un pavimento de piedras grabadas, en un lugar cercano a Palpa (Perú) hacia el cual parecen apuntar nada menos que las líneas de nazca

De todos modos, hasta que no se demuestre de forma fehaciente la autenticidad -y la antigüedad- de las piedras grabadas de Ica, no se podrá dar una opinión definitiva sobre su supuesto mensaje y sobre la interpretación que de sus imágenes ha hecho el doctor Cabrera. El tiempo y una investigación más rigurosa le darán la razón a él o a los arqueólogos convencionales, que tanto desconfían de sus piedras grabadas de la era terciaria.

¿Quien disparaba balas en la prehistoria?

Von Däniken publica esta impresionante fotografía en su obra Meine Welt in Bildern (Mi mundo en imágenes), traducida al castellano con el ampuloso título de El mensaje de los dioses. Al pie de dicha fotografía, se hace esta pregunta: “Se puede ver aquí un agujero como el que produciría un proyectil balístico. żQuién poseía entonces armas modernas?”

En 1921, el British Museum recibió un cráneo humano, hallado en curiosas circunstancias. Cuando los trabajadores de una mina de cinc de Zambia (antigua Rhodesia del Norte) se dedicaban a terraplenar una colina llamada Broken Hill, y que no medía más allá de veinte metros de altura, encontraron una galería obstruida que desembocaba en una caverna. La cueva estaba abarrotada de restos humanos, y todo daba la impresión de ser aquél un lugar de enterramiento prehistórico. Pero no se tuvo gran cuidado en la recuperación de los huesos: entre los pocos que llegaron a manos de los paleontólogos, se encontraba un enorme cráneo humano de frente huidiza, grandes arcos superciliares y una estructura facial muy brutal y primitiva, de tipo netamente neanderthaloide. Pese a que no se pudo establecer una estratigrafía precisa, la antigüedad de los restos óseos era evidente.

Cráneo del Bisonte
Cráneo con supuesta perforación de bala de bisonte del Museo Antropológico de Moscú.

Los paleontólogos colocaron al “hombre de Broken Hill” u “hombre de Rhodesia”, que por ambos nombres se le conoce, en la estirpe filogenética humana, y le llamaron “el Neanderthal africano”. Pero estudiando el cráneo vieron dos cosas, una de ellas aparentemente inexplicable: aquel ser, que había vivido quizá hacía un millón de ańos, había sufrido una enfermedad dental. Y a ambos lados del cráneo presentaba dos orificios de igual diámetro, que dejaron perplejos a los expertos. A juicio del profesor Mair, de Berlín, parecían los orificios de entrada y salida que dejaría una bala moderna.

El enigma que esto planteaba parecía insoluble. Alguien aventuró una hipótesis imposible: żY si el hombre de Broken Hill hubiese sido un fósil superviviente, muerto de un disparo por un cazador moderno? Esto aparte de ser absurdo no explicaba, su presencia en una caverna que llevaba cerrada, al parecer, miles de ańos. Y ante este “hecho condenado”, la Ciencia se encogió de hombros…

El cráneo de Moía
Cráneo de Homo Sapiens procedente de la Cueva de Toll (España).

El cráneo de Moiá
Este cráneo encontrado, es ya el de un hombre moderno: un ejemplar de la raza de Cro-Magnon, que vivió sin duda hace seis o siete mil ańos. Pertenece a un hombre de gran talla y edad avanzada para la época: aproximadamente 1,70 m de estatura y unos cincuenta ańos de edad. Procede, como el resto del esqueleto y otros esqueletos contemporáneos, de la cueva del Toll (Moía, Barcelona, España), interesante cavidad subterránea recorrida por un curso de agua y que constituyó un albergue humano durante unos cinco mil ańos, desde los albores del Paleolítico hasta la Edad del Bronce. Los restos de animales (Ursus spaeleus u oso de las cavernas, tigre de dientes de sable, hienas e incluso huesos de rinoceronte lanudo) abundan en ella, junto con restos, utillaje y ajuar humanos. Todo ello ha permitido montar varias salas interesantísimas en el Museo Arqueológico de Moiá.

En Moiá
El esqueleto encontrado esta perfectamente conservado, cuyo hueso frontal presentaba una perforación perfectamente circular, que evocaba de inmediato la que produciría una bala moderna.El orificio era completamente circular, por lo que se descartaba que hubiera podido ser causado por una punta de lanza de sílex, que hubiera producido una fractura traumática irregular, estrellada, el ángulo de penetración del supuesto proyectil causante de la herida era de arriba abajo y ligeramente de derecha a izquierda, el orificio se abría en el hueso frontal y daba directamente al seno frontal derecho, en cuyo tabique del fondo no se apreciaba orificio de salida y el supuesto proyectil, por tanto, debió de quedar alojado en el seno frontal. Según se dedujo el sujeto debió sobrevivir a la herida, pues los bordes del orificio aparecían esclerosados (callo óseo), y, además, ésta no afectaba a ninguna parte vital.

También se manejo la posibilidad de que se tratase de una trepanación, pues se sabe que los hombres prehistóricos la practicaban. Pero la trepanación se solía hacer en los parietales, y los orificios eran más grandes e irregulares. El enigma de los disparos imposibles sigue sin respuestas.